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Ana sostuvo que su hija, de cuatro años, se suicidó

 

13/03/2018

Se llamaba Ridelca y tenía cuatro años. Su padre adoptivo, Miguel Ángel, un camionero que había sacado a su madre, Ana, de un club de la provincia de Burgos, la encontró muerta, en el patio interior de su edificio, el 10 de marzo de 1996. «Cuando me levanté, hacia las siete y media de la mañana, me asomé a la habitación de las niñas y vi que la mayor no estaba. Fui al cuarto de al lado y vi la ventana abierta. Me asomé y vi a mi hija tirada en el patio», explicó el hombre a los policías de Burgos que acudieron a su casa después de que llamara al 091. Las investigaciones determinaron que el caso había sido una muerte accidental, que revisa ahora la Guardia Civil tras descubrir la implicación de la madre en el asesinato de Gabriel Cruz. Veintidós años atrás, en Burgos, Ana Quezada era una joven dominicana de 22 años que había salido de los ambientes nocturnos castellanos y conseguido el permiso de residencia en España. Se casó con Miguel Ángel, que la retiró y adoptó a sus hijas. El padre adoptivo narró un episodio inquietante: tres semanas antes de la muerte de la niña, la madre fue a despertarla para llevarla al colegio y «la encontró desvanecida». El padre explicó a la policía que entonces llevaron a la niña a Urgencias, donde la auscultaron y no vieron nada extraño.

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