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Ciudadanos no tira la toalla para la elección de Inés Arrimadas

 

03/01/2018

El PP lleva casi desde la misma noche electoral del 21 de diciembre presionando a Ciudadanos para que mueva ficha y lidere, en tanto que fue la fuerza que obtuvo más votos y escaños en los comicios catalanes, las conversaciones para intentar investir a Inés Arrimadas como presidenta de la Generalitat. La formación naranja ha asumido desde el primer día que quien puede sumar una mayoría absoluta son los independentistas, aunque ayer quiso replicar al PP y le advirtió de que aún no ha tirado la toalla y que no ha renunciado todavía a poder formar gobierno, a pesar de que las cuentas no salen casi por ningún sitio.

Para que Inés Arrimadas sea la próxima presidenta de la Generalitat deberían darse algunas carambolas, cada cual más inverosímil, aunque la política catalana se ha caracterizado en los últimos tiempos en ser una caja de sorpresas. La primera, que Junts per Catalunya, ERC y la CUP no sean capaces de ponerse de acuerdo en el candidato, lo que supondría el fin del proyecto soberanista y el fracaso del independentismo, que el pasado 21-D aguantó el tipo, a pesar de los elevados costes del proceso.

La segunda es aún más improbable. Sería necesario que los tres dirigentes secesionistas encarcelados (Junqueras, Forn y Sánchez) y los cinco huidos en Bruselas (Puigdemont, Ponsatí, Comín, Serret y Puig) no pudieran asistir a la sesión de investidura. Los independentistas tendrían hasta ocho diputados menos (obtuvieron 70) y los no rupturistas (Cs, PSC, Comunes y PP) sumarían 65. En ese caso, las cuentas podrían cuadrarle a Arrimadas en una votación a segunda vuelta, siempre y cuando lograra seducir a Podemos, extremo también poco realista a día de hoy. De hecho, se especula con que Junts per Catalunya y ERC podrían obligar a renunciar a su escaño a todos los encarcelados y ‘exiliados’ -salvo Puigdmont y Junqueras- para evitarse problemas en la investidura y en futuras votaciones.

«No tiramos la toalla», afirmó ayer Carlos Carrizosa, en respuesta a las continuas presiones de los populares. «Lo nuestro es un esperar y ver», dijo, si bien admitió que lo tienen «difícil» para que el próximo presidente de la Generalitat sea un constitucionalista.

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