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SOCIEDAD

Cuando la anorexia entra en casa

Un estudio detecta que las madres de pacientes con trastornos alimentarios manifiestan más tristeza, rabia y culpa que los padres

 

Unidad de trastornos alimentarios del Hospital Clínic de Barcelona - Danni Caminal

El Periódico
13/06/2018

Cuando la anorexia entra en casa, la familia adquiere un papel clave para combatirla. De cómo actúen los progenitores dependerá en gran medida el proceso de una enfermedad que afecta mayoritariamente a las mujeres (93%) de entre 12 y 36 años. De entrada, aviso a los padres, ojo con las actitudes inquisitorias y demasiado invasivas. Lo de preguntar una y otra vez: "¿Has comido bien?" no ayuda. "Genera tensión y distanciamiento, hay que confiar en el hijo y morderse la lengua". Apoyar sin controlar es la máxima a seguir. Lo explica el doctor Fernando Fernández-Aranda, coordinador de la unidad de TCA del Hospital Universitari de Bellvitge, que este miércoles ha presentado un estudio centrado en  familiares de pacientes (de 13 hospitales de Catalunya), en el marco de la mesa de diálogo para la prevención de los trastornos de conducta alimentaria impulsada por la Generalitat a través de la Agència Catalana de Consum (ACC).

El análisis -sobre una muestra de 281 familiares cuidadores de 216 enfermos- constata las diferencias significativas entre los progenitores de ambos sexos. "Las madres se implican más que los padres y están más informadas, pero manifiestan más sentimientos negativos como rabia, tristeza, miedo y culpa, que les dificulta el necesario distanciamiento emocional para no verse sobrepasadas por el trastorno", argumenta Fernández-Aranda. El TCA -con una prevalencia de entre el 1% y el 4% y una media de inicio a los 15 años en la muestra- no es solo un problema de comer y de peso, avisa. "No todo lo que sucede es atribuible a la enfermedad".

Menos reproches
Aunque los resultados de la encuesta apuntan a una moderada-buena adaptación emocional de los padres, se perciben dificultades en algunos aspectos. Una mejor gestión de la tolerancia a la frustración y más autocontrol, autocuidado y aceptación del trastorno son armas imprescindibles para la batalla familiar contra este tipo de trastornos, informa el psiquiatra. "Cuesta mucho no reprochar nada al hijo, pero hay que comprender que ellos viven la situación con una gran dificultad, sin desearlo". El experto recomienda a los padres estar presentes en todo el proceso y cuidarse a ellos mismos sin culpabilizarse.

La esperanza, seguida del orgullo por el vástago enfermo, es el sentimiento positivo más fuerte referido por los padres, que valoran con un 4,2 sobre 5 la satisfacción por la atención global que reciben de los centros de tratamiento. 

   
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