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El hombre campechano

El rey viajó dos veces a Riaño para abatir al rebeco que el pueblo le brindó y que logró escapar de los tiros reales . La Facultad de Veterinaria le regaló un mastín: «Me come todo . el presupuesto de Zarzuela», bromeó el monarca al conocerlo.

 

El rey llegó a Riaño en julio de 1999 para tratar por segunda vez de cazar al rebeco - JESÚS F. SALVADORES

M. CARNERO / M.C.C./ C.F. | LEÓN
03/06/2014

«No os preocupéis, el bicho no sale porque sabe que el Rey ha venido a cazarlo». Con esta guasa su majestad el rey don Juan Carlos bromeaba durante las horas de espera que estuvo aguardando en los montes de Picos de Europa a que saliera el sensacional rebeco que el pueblo de Riaño le brindó en 1998.

El monarca aceptó el reto de cobrarse el que por entonces era el mejor ejemplar de la Reserva Regional de Caza de Riaño, «un animal excepcional con una cornamenta fuera de lo normal, que rondaba el récord nacional», recuerda Abilio Canal Marcos, guarda Mayor del Parque por aquel entonces.

En 1998 el don Juan Carlos viajó a Riaño para cazar al animal, un viaje realizado en balde ya que después de horas de espera el animal, al que llevaban meses estudiando todos los movimientos para facilitar su captura, no se dignó a salir. «Cuando estábamos recogiendo todos los bártulos miramos atrás y allí estaba. El rey cogió su rifle y le apuntó y mientras aumentaba la lente se le disparó el arma y el animal huyó», recuerda el guarda mayor, al que le llamó la atención que el monarca se disculpara ante todos por su torpeza.

Sin embargo el rey prometió volver a intentarlo. Al año siguiente, en julio de 1999, cumplió su promesa, y conduciendo su propio vehículo, un Mercedes deportivo, llegó a Riaño donde se hospedó en el Hotel Presa y donde, tras darse todo un baño de multitudes entre los vecinos de la zona, invitó a cenar a todos los alcaldes de la montaña oriental leonesa. Al día siguiente, y acompañado por guardas de la zona y por el Jefe de Espacios Naturales de la Junta, Juan Carlos Peral, salió de nuevo a cobrarse el rebeco. «Fue un día de mucho calor y lo que recuerdo de él es que estuvo muy pendiente de todos los guardas, que no les faltara de nada», cuenta Peral.

Abilio Canal recuerda el carácter amable y cercano del monarca, y como mataba el tiempo de espera soltando algún que otro chiste. «Cuando bajamos a un pueblo, donde le esperaba un grupo de vecinos con vino, don Juan Carlos dijo: ¿Qué os creéis que el rey no sabe beber en bota?, y se echó un buen trago ante la atónita mirada de todos». Una vez de vuelta al monte el rebeco por fin salió y estuvo a tan sólo a veinte metros del Monarca que le apuntó con su rifle y tras un largo silencio y varios titubeos, lo levantó y el animal se fue. Años más tarde el ejemplar fue encontrado muerto. El indultado rebeco real falleció de muerte natural.

Chorizo de Geras

Esta es una de las muchas anécdotas que el rey ha dejado en León es sus casi 40 años de reinado. El que fuera presidente de Paradores, Miguel Martínez, recuerda que siempre que acudía San Marcos pedía chorizo de Geras y cecina de León para degustar y para llevárselo a Zarzuela. Además siempre que hablaba de Zapatero salía León como tema de conversación.

Otra anécdota estuvo protagonizada por Lelio de Pinatar, el precioso cachorro de Mastín que la Facultad de Veterinaria de León regaló en 1994 al rey, cuando visitó la Universidad leonesa. Cuando un mes más tarde el monarca se desplazó a León para presidir la entrega de despachos en la Academia del Aire de La Virgen del Camino, los periodistas le preguntaron por el animal. «Está bien, me come todo el presupuesto de Zarzuela», bromeó el monarca.

El viaje de los reyes a León en 1984 para conmemorar el centenario de la línea ferroviaria a Asturias por Pajares dejó más de una anécdota. La llegada a la capital leonesa entre protestas leonesistas y gritos contra el entonces presidente de la Junta, Demetrio Madrid o el viaje en la ‘Mataró’. Antes de que el jefe de estación diese la salida, sus majestades los reyes subieron a los vagones de segunda y tercera. El rey se colocó unas gafas de sol, sacó la cabeza por la ventanilla y dijo: «Al final, a empujar».

Erizo en Las Médulas

Una de las anécdotas más jugosas que dejó el viaje oficial de los reyes de España a la comarca del Bierzo en septiembre de 1999 se produjo durante el recorrido por Las Médulas. Acompañados por los alcaldes de la zona, a los monarcas les quisieron regalar un castaño de más de trescientos años, robusto y esplendoroso, y con los erizos a punto de maduración. Y según recogió la presa de la época el rey, curioso, no dudó en alargar la mano para tocar uno de los ‘orizos’ orlados de púas que escondía el fruto del árbol, antes de retirar la mano con un ligero gesto de dolor.

Los reyes se mostraron campechanos a la menor oportunidad que tuvieron durante su estancia oficial en el Bierzo en 1999. El último día en Bembibre, los monarcas se relajaron en una recepción informal con los periodistas. A la reina le sorprendió la diversidad cultural de la villa, con comunidades de portugueses, caboverdianos, paquistaníes y hasta vietnamitas. Y el rey reconoció que su pasión por la velocidad. «Me gustan mucho las motos, pero ya no me dejan salir con ellas», compartió con los informadores. Y reveló, aunque hoy parezca un sacrilegio para los puristas de la gastronomía del Bierzo, que el escritor Manuel Vázquez Montalbán había bromeado con Luis del Olmo sobre el momento en que le dieran a probar el botillo. «Le dijo que iba a tener una de las peores experiencias de mi vida», rió con los periodistas. La otra, claro, era el 23-F.

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