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La huida en el secesionismo se agudiza con la renuncia de Forcadell

Sólo Puigdemont, y su núcleo duro, y la CUP mantienen la defensa de la vía unilateral.

 

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, durante su comparecencia ayer. ANDREU DALMAU -

12/01/2018

cristian reino | barcelona

En un visto y no visto, el independentismo está dando carpetazo a una etapa política marcada por la proclamación de la república el pasado 27 de octubre. Se acaba un «ciclo», dijo ayer Carme Forcadell, presidenta de la Cámara catalana, y que anunció que no optará a la reelección al frente del Parlamento en la próxima legislatura que arranca el miércoles con la constitución de la Cámara catalana. La exlíder de la ANC es el último de los pesos pesados del secesionismo que se baja del barco en plena tormenta, no en vano debe hacer frente a una larga lista de procesos judiciales, entre ellos una acusación de rebelión y sedición por facilitar la votación de la declaración de independencia.

Forcadell deja la primera línea (aunque seguirá como diputada rasa por Esquerra) por consejo de sus abogados. La misma razón que dio Artur Mas e idéntica situación a la de Carles Mundó, Anna Simó o Lluís Coromines, todos ellos implicados en causas penales relacionadas con su participación en el desafío independentista. Forcadell dijo que se va «orgullosa» porque durante su mandato no se ha «doblegado» al Estado, pero en la oposición entienden que sí lo hace al renunciar. «Esto es un sálvese quien pueda del proceso», resumió Inés Arrimadas.

La aún presidenta del Parlamento catalán, protagonista de las sesiones más esperpénticas de cuantas se recuerdan en el hemiciclo autonómico, sobre todo las del 6 y 7 de septiembre, cuando el independentismo aprobó la ley del referéndum y la ley de transitoriedad jurídica, fue ayer muy clara en su despedida y sostuvo que la Presidencia de la Cámara debería recaer en este momento «en una figura libre de procesos judiciales». El mensaje valía para los miembros de la Mesa y, aunque dijo que no era su intención, también para la Presidencia de la Generalitat a la que opta Carles Puigdemont desde Bruselas. Mas también insistió el martes, cuando anunció su renuncia a la presidencia del Pdecat, en la necesidad de que nuevas caras y que otros actores tomen el timón.

La investidura del nuevo jefe del Ejecutivo catalán es la gran patata caliente que deberá gestionar el sustituto de Forcadell. De ahí que Esquerra, que es la formación a la que corresponde el puesto según el reparto de poderes con Junts per Catalunya, no acabe de encontrar un candidato. Suenan nombres, como Ernest Maragall, Antoni Castellá o Raül Romeva (solo este último tiene causa penal pendiente), pero quien asuma la Presidencia deberá decidir si se salta los procedimientos legales y acepta la investidura de Puigdemont desde Bruselas o no, un potencial conflicto entre Junts per Catalunya y Esquerra.

A día de hoy, Puigdemont y la CUP, son los únicos que defienden la unilateralidad, la vía de la confrontación directa con el Estado y el enfrentamiento institucional. De alguna manera u otra, el reparto de actores relevantes del secesionismo se ha ido desmarcando de la ruptura exprés y se ha apartado. Mas, en su despedida, admitió que con el 47% de los votos el independentismo no tiene fuerza para insistir en quebrar la legalidad.

El Supremo mantiene en prisión a Junqueras al no creer que vaya a abandonar esa senda, pero en cambio en la última solicitud enviada al Supremo, el exvicepresidente defiende el respeto a la legalidad. Mundó también se ha apartado de la vía ilegal.

   
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