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Iglesias afronta septiembre con asuntos clave aún por resolver

El líder de Podemos debe desentrañar a la vuelta de vacaciones problemas internos del partido.

 

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en una imagen del pasado mes de julio. KIKO HUESCA -

13/08/2017

Ander azpiroz | Madrid

Vistalegre 2 debía de ser el bálsamo de Fierabrás, la poción mágica cuya receta memorizó Don Quijote para remediar las palizas y cuyas propiedades serían también capaces de sanar las dolencias de una formación nacida en enero de 2014. El ascenso de Podemos hasta convertirse en la tercera fuerza nacional fue fulgurante. Pero las prisas conllevaron suspensos, a los que ahora el profesor universitario y alumno de matrículas de honor que fue Pablo Iglesias deberá enfrentarse a partir de septiembre. La Asamblea Ciudadana del pasado febrero tenía que restañar heridas, muchas de ellas mal cicatrizadas y algunas otras aún sangrantes. Cuando se cumplen seis meses de aquel cónclave, el partido se muestra pacificado, al menos de puertas a fuera. Nada que ver con los meses en los que el pulso entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón estuvo al borde de llevar el proyecto al traste. No obstante, Podemos, controlado ahora sin cortapisas por Iglesias, aún tiene asignaturas pendientes. Son tareas que debe acometer el secretario general de inmediato, sin falta antes del inicio del nuevo ciclo electoral que, salvo sorpresas, dará comienzo en 2019 y en el que su partido afronta desafíos como la hegemonía de la izquierda o la pervivencia de su joya de la corona: «Los ayuntamientos del cambio».

La tensión entre la dirección nacional de Podemos y la de su marca catalana, Podem, ha puesto de manifiesto las dificultades de Iglesias para poner en práctica lo aprobado en Vistalegre II. Las tres corrientes que se midieron en la Asamblea Ciudadana del pasado febrero —’pablistas’, ‘errejonistas’ y anticapitalistas— estaban de acuerdo en que Madrid debía ceder poderes, pero discrepaban de hasta qué punto hacerlo, una diferencia que perdura en el tiempo.

Unos y otros

Los anticapitalistas abogan por un traspaso de poder a fondo que, en la práctica, vaciaría de funciones a la dirección nacional. Iglesias, en cambio, no renuncia a mantener el suficiente control sobre el partido para enviar un mensaje medianamente uniforme al conjunto del estado, imprescindible en su aspiración a la Moncloa. Los principales puntos de conflicto están en Cataluña y Andalucía. En el primer caso, el divorcio es absoluto y apunta a irreversible. El choque de trenes se debe a dos asuntos concretos: La negativa de la ejecutiva regional que lidera Albano Dante Fachín a integrarse en el nuevo partido de Ada Colau y el referéndum del 1 de octubre, donde que el líder catalán aboga por hacer campaña a favor de la participación. Andalucía es feudo anticapitalista. La relación entre Iglesias y la líder del partido en esta comunidad es cordial. No obstante, Teresa Rodríguez aboga por llevar la descentralización a las últimas consecuencias, hasta el punto de que Podemos Andalucía se convertiría en un partido federado, al estilo de las confluencias, sobre las que Iglesias ejerce mínimo control. Hoy por hoy, la única posibilidad de la izquierda para retornar al poder pasa por un acuerdo entre socialistas y Podemos. A pesar de los desencuentros pasados, la victoria de Pedro Sánchez ha abierto una ventana al entendimiento, pero aún existe mucho camino por recorrer. Uno de los principales escollos es el escaso crédito que genera Iglesias entre los socialistas, con los que ha mantenido sonoros enfrentamientos en el Congreso y fuera de él.

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    1 Comentario
    01

    Por Transeunte 12:43 - 13.08.2017

    Pablo, lo ideal es que hables con Otegui, tu ídolo y sigáis como lo estáis haciendo, tan bien, mirando como se pacta con el PSOE para construir una España unida y sin anti-sistemas. FENÓMENO