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Silva Sande aseguró en noviembre que él enterró al empresario, fallecido al intentar escapar

Los Grapo confiesan que Publio Cordón murió durante el secuestro

La Guardia Civil busca su cadáver desde hace tres meses en la Provenza francesa

 

La esposa de Publio Cordón, Pilar Muro, muestra su alegría por las últimas noticias sobre la desapar - JAVIER CEBOLLADA

Melchor Sáiz-PardoMelchor Sáiz-Pardo 25/02/2009

madrid

El dirigente de los Grapo Fernando Silva Sande confesó el pasado mes de noviembre que Publio Cordón, secuestrado el 27 de junio de 1995 en Zaragoza, murió mientras permanecía en poder del comando que le retenía y nunca fue puesto en libertad tras el pago del rescate, tal y como había mantenido siempre la organización terrorista. Desde entonces, la Guardia Civil busca, sin éxito por ahora, el cadáver del empresario zaragozano en el sureste de Francia.

Es la primera vez que un grapo reconoce la muerte de Cordón. Y no es un terrorista cualquiera, sino Silva Sande, miembro del comité central de la banda y jefe del comando que perpetró el secuestro. El pasado 6 de noviembre confesó a la Guardia Civil que él mismo enterró el cuerpo sin vida del presidente de Previasa en una montaña de la región de la Provenza, en el sureste de Francia, después de que falleciese al saltar desde una ventana de la casa donde estaba retenido.

Informado de la confesión, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska decidió interrogar al terrorista, quien, según fuentes judiciales, confirmó ante el magistrado su nueva versión de lo sucedido: tras secuestrar al empresario mientras corría por los alrededores de su casa de Zaragoza, los Grapo le llevaron de inmediato a Francia, a una casa cercana al monte Ventoux, en el departamento de Vaucluse, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. A los pocos días del cautiverio, y cuando los terroristas todavía discutían con la familia el rescate, Cordón intentó fugarse saltando desde la ventana de la habitación donde estaba retenido.

Siempre según el nuevo testimonio de Silva Sande, el empresario falleció en el acto. Los terroristas decidieron entonces enterrarlo en un paraje cercano y continuar las negociaciones con la familia como si nada hubiera sucedido. Silva Sande insistió en que él mismo inhumó los restos mortales de Cordón.

El secuestrado, de acuerdo con la versión del cabecilla de los Grapo, ya estaba muerto cuando la hija y el yerno del presidente de Previasa viajaron a París el 9 de agosto de 1995 para pagar a Silva y Cuadra el rescate de 400 millones de pesetas de las de entonces que exigían los terroristas. Los secuestradores acordaron fijar el 17 de agosto como fecha de la fingida liberación, que situaron en Barcelona, en las inmediaciones del Estadio de Sarriá, el antiguo campo del Espanyol.

La ausencia de contradicciones en su relato provocó que tanto la Guardia Civil como el juez Grande Marlaska hayan dado «cierta credibilidad» a la nueva confesión de Silva Sande, hasta el punto de que el magistrado el pasado noviembre decidió reabrir el sumario, que declaró de inmediato secreto. Este caso estaba cerrado desde que en diciembre de 2007 la Audiencia Nacional condenara a 28 años de cárcel a Silva Sande, el último acusado del secuestro, por detención ilegal sin dar razón del paradero de la víctima, y no por asesinato, ya que su muerte todavía no ha sido acreditada. La sentencia está pendiente de revisión por el Tribunal Supremo. El terrorista aceptó la condena y no recurrió en casación ante el alto tribunal, pero no así la viuda de Cordón, Pilar Muro, que reclamó más dura pena y mayor indemnización.

De la cárcel a la Provenza

Desde la confesión de Silva Sande, veinte agentes de los servicios de Información del instituto armado baten sin éxito la zona por él señalada. En los últimos meses, el terrorista ha sido trasladado en varias ocasiones desde la celda de la prisión madrileña de Soto del Real donde cumple condena a La Provenza gala para intentar ayudar en las labores de rastreo y acotar la zona de los Alpes donde supuestamente enterró el cuerpo.

Los funcionarios basan su búsqueda en la localización de metales bajo tierra ya que, de acuerdo a la confesión de Silva, junto al cuerpo enterró las herramientas que usó para cavar la apresurada fosa en el monte. La Guardia Civil, que ha pedido la colaboración de varios académicos de universidades españolas expertos en localización de metales mediante el sónar, por el momento sólo ha localizado dos «perfiles» en las zonas rastreadas todavía pendientes de análisis.

Silva Sande, desde su entrega por Francia en octubre de 2005, ha sido condenado ya en cinco ocasiones a un total de 158 años de cárcel. Su nombre aparece además en otros 36 sumarios de la Audiencia Nacional: en ocho casos está en prisión preventiva a la espera de juicio y en el resto figura como procesado o imputado.



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