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Màxim ‘el breve’: dimite tras una semana en Cultura al filtrarse que defraudó a Hacienda

El ministro más expuesto del gabinete Sánchez ha vivido siete días frenéticos antes de que su estrella se apagara.

 

Màxim Huerta ayer presentando su dimisión como ministro. José Guirao, su sustituto. JIMÉNEZ/GUILLÉN -

Màxim ‘el breve’: dimite tras una semana en Cultura al filtrarse que defraudó a Hacienda -

IVÁN ORIO
14/06/2018

La estrella de Màxim Huerta en el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido fugaz. Sólo ha brillado una semana en el ‘Firmamento’, el título de su última novela. Siete días frenéticos en los que el escritor y periodista valenciano ha estado expuesto a los focos como ningún otro ministro desde que asumió el cargo. Fue la gran sorpresa del presidente en el reparto de carteras y también el que le ha dado el primer disgusto. «Sabía que mi nombramiento sería considerado extravagante y que sería el blanco de las críticas», confesó ayer en su despedida tras desvelarse las sentencias que le condenaron por defraudar a Hacienda.

Fue un duro golpe para él. Por la mañana intentó parar el golpe pero estaba tocado. Por la tarde compareció para anunciar su dimisión como ministro de Cultura y Deporte una semana después de su nombramiento, tras conocerse que defraudó a Hacienda 218.000 euros.

Su despedida fue breve y elegante. «Hay momentos en los que uno tiene que retirarse y yo amo la cultura», reconoció.

En su comparecencia, de unos diez minutos y tras la que no admitió preguntas, Huerta dijo que no importa que no haya cometido ningún fraude fiscal «sino que lo que importa es el bombardeo que lo que busca es minar el proyecto de regeneración y de transparencia del presidente Sánchez. Y no voy a permitirlo. Soy consciente de que la inocencia no vale de nada ante esta jauría». «

«Me voy para no partirme yo, para que el ruido de toda esa jauría no parta el proyecto que es en lo que creo, este proyecto ilusionante que ha ilusionado a tantas personas en este país», dijo dicho al final de su comparecencia.

Para la historia queda ya la memoria televisiva de los ciudadanos, que le identificaron en todo momento como el colaborador del programa de Ana Rosa Quintana y pasaron de puntillas por sus logros literarios, y, sobre todo, sus desafortunados tuits sobre el ejercicio físico colocaron en la picota al ya dimitido titular de Cultura y Deporte.

El miércoles día 6, cuando Sánchez compareció ante los medios para anunciar la composición de su Ejecutivo, el nombre que aún no se había filtrado era el suyo. A los pocos minutos de conocerse, las redes sociales y las ediciones digitales de numerosos periódicos ardieron con algunas recopilaciones de sus polémicos mensajes en internet. «Umberto Eco: «odio a los deportistas». Yo, el deporte. Que manera de sobrevalorar lo físico! Ozu», había dejado escrito. También «Menos deporte creo que hago de todo». Las críticas desde diferentes ámbitos arreciaron mientras sus más allegados trataban de contrarrestar la tormenta resaltando que había escrito siete novelas —La noche soñada ganó el Premio Primavera 2014—, un libro infantil, un libro de viajes y dos relatos ilustrados.

«No puedo borrarlos»

Él aguantó impertérrito esta primera avalancha. El jueves acudió por la mañana a La Zarzuela para prometer el cargo ante el Rey y a mediodía se presentó en el Ministerio para el simbólico intercambio de carteras. La recibió de manos de Iñigo Méndez de Vigo en presencia de familiares y amigos. A Màxim Huerta se le iluminó la cara cuando vio a su madre, Clara Sánchez, a la que se acercó para darle un beso saltándose el protocolo con naturalidad. Su padre falleció el 31 de agosto después de sufrir una larga enfermedad. Ella se declaró «orgullosa» y él «ilusionado» por su nueva responsabilidad. Nadie se imaginaba que iba a ser tan efímera.

«No puedo borrarlos, son parte de lo que soy», declaró cuando le preguntaron sobre sus polémicos tuits. Y como no podía borrarlos trató de contrarrestarlos con gestos públicos y declaraciones. La misma tarde del jueves, poco antes de que la selección de fútbol volara al Mundial de Rusia, acudió a la Ciudad de Fútbol de Las Rozas para conocer al técnico, Julen Lopetegui -que también se fue ayer, como él, pero con plaza en el Real Madrid- y a los jugadores. «Pese a no ser un deportista nato, me pongo de lado de todos vosotros, sois superhéroes. Si queréis me pongo a hacer deporte desde hoy», le dijo al presidente de la Federación, Luis Rubiales, en presencia del rey Felipe VI.

El viernes lo dedicó a perfilar su equipo. La editorial Espasa anunció que quedaba cancelada su presencia al día siguiente en la Feria del Libro de Madrid para presentar ‘Firmamento’. Pero él se presentó a pesar de todo en el Paseo de Coches del Retiro, donde conversó con Carme Chaparro, Javier Moro, Andrés Trapiello, Lorenzo Silva, Rosa Montero, Almudena Grandes y María Dueñas. «La cultura estaba maltratada y deprimida», lanzó junto a las casetas, antes de anunciar que la Secretaría de Estado del Deporte sería ocupada por una mujer.

Viernes fútbol, sábado literatura y domingo... tenis. El ya exministro volvió a París, donde residió un tiempo, para asistir a la final de Roland Garros -el tuit en el que escribió mal Roland al ponerle doble ‘l’ volvió a despertar a las redes sociales- y disfrutar de la victoria de Rafael Nadal sobre Dominic Thiem.

El último y el primero

Fue el último nombre del Gobierno Sánchez y el primero en irse. Cuando Pedro Sánchez leyó la lista de sus ministros el 6 de junio, en la sala de prensa de la Moncloa se escuchó un «¿qué?» a duras penas ahogado de los informadores que acababan de escuchar que Màxim Huerta iba a ser el titular de Cultura y Deportes. Era el único nombre del Gobierno que no se conocía hasta ese momento y su nombramiento fue una sorpresa colosal, que diría Mariano Rajoy. En su despedida, él mismo confesó que su designación fue para muchos «extravagante», un adjetivo que compitió «frívolo, increíble o exótico» que se mencionaban en las conversaciones de gente de la cultura, incluso afín al PSOE, cuando no se hablaba de «’boutade’ o ‘sanchada’».

Huerta explicó ayer que aceptó el cargo «sabiendo que sería blanco de las críticas» por su trabajo en televisión. Huerta, sin embrgo es un progresista sin adscripción ideológica, que comparte algunos postulados socialistas como antes coqueteaba con Izquierda Unida. Ahora ya es historia en política.

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