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No fue un arrebato

Ana Julia estranguló de forma premeditada. a Gabriel el mismo día de su desaparición .

 

Capilla ardiente del pequeño Gabriel instalada en la Diputación de Almería. - CARLOS BARBA

MELCHOR SÁIZ-PARDO | MADRID
13/03/2018

No fue un arrebato. Fue, dicen los expertos de la Unidad Central de Operativa, un «crimen perfectamente planeado» con antelación y pensando en la forma de deshacerse del cadáver y en las fórmulas para intentar despistar a los investigadores. Ana Julia Quezada mató al pequeño Gabriel Cruz, el hijo de su pareja, poco después de secuestrarlo a media tarde del pasado 27 de febrero en la localidad almeriense de Las Hortichuelas.

Las conclusiones preliminares de la autopsia realizada ayer en el Instituto de Medicina Legal de Almería apuntan a que el niño presentaba lesiones en su cuello compatibles con un estrangulamiento y que el pequeño murió por asfixia. La autopsia ha descartado que esas lesiones fueran postmortem o que se deban a una caída accidental. Los informes remitidos por el instituto al juez instructor del caso, Rafael Soriano, recalcan que esas lesiones tienen un carácter criminal y que datan de hace casi dos semanas. El cuerpo del pequeño tenía restos de tierra. A falta de una confesión pormenorizada —que los agentes están seguros que llegará cuando la presunta asesina vea las imágenes grabadas por la Guardia Civil en la que se le ve sacar el cuerpo del entorno de un aljibe o acequia de Rodalquilar— la UCO no tiene indicios de que Quezada tuvieran un cómplice en el crimen o que alguien le haya encubierto. No obstante, los especialistas no han descartado por completo esa vía.

Los esfuerzos de la Guardia Civil se centran ahora en la finca de Rodalquilar, propiedad de la familia de Ángel Cruz, el padre del niño, donde la supuesta asesina recogió el domingo el cadáver del menor para meterlo en el maletero de su coche con el objetivo de llevarlo a su casa de Vícar. Fuentes de la investigación han revelado que esa finca, distante unos seis kilómetros de Las Hortichuelas, ya fue registrada de forma pormenorizada en el primer gran despliegue de búsqueda, que tuvo lugar al día siguiente de la desaparición, el 28 de febrero, y que contó con decenas de voluntarios porque esa jornada fue festiva al ser el Día de Andalucía. Los agentes no descartan que a los voluntarios se les pudiera pasar por alto las señales que apuntaban a que el cadáver estaba allí, aunque también barajan la posibilidad de que Ana Julia, en primera instancia, ocultara el cadáver en otro lugar y que, al conocer que la finca de su pareja ya había sido revisada, trasladara sus restos allí en las primeros días de la desaparición, cuando todavía todos los focos policiales no apuntaban a ella. En cualquier caso, la presunta asesina no ha aclarado aún esas dudas. Ayer, cuando fue conducida a esa finca en presencia del juez Rafael Soriano, se negó a colaborar con los agentes.

La zona donde se ubica la finca familiar de Rodalquilar era muy conocida para la presunta asesina, ya que solía frecuentarla incluso antes de establecer una relación sentimental con Angel Cruz porque acudía allí a pasear habitualmente con su anterior pareja. Quizás por ello, apuntan desde la UCO, la eligió como lugar para intentar, al menos momentáneamente, ocultar el cadáver. La principal tesis de los investigadores es que lo llevó a algún punto de esa finca (sabedora de que hacía dos meses que la propiedad no estaba alquilada) inmediatamente antes o después de estrangular a Gabriel después de interceptarle entre las 15.30 y las 15.45 horas del 27 de febrero en los cien metros que separan la casa de su abuela paterna, Carmen, y la vivienda de sus primos en Las Hortichuelas. El martes 6 de marzo, la Guardia Civil obtuvo la prueba clave, cuado la anciana, ayudada por los agentes, recordó que Ana Julia había abandonado su casa solo instantes después de que se marchara el pequeño. La UCO, no obstante, tenía desde el primer día en su punto de mira a Quezada por sus vaguedades. Cuando el 3 de marzo dijo haber encontrado la camiseta de Gabriel en la zona de la depuradora de Las Negras, justo en la dirección contraria de la finca de Rodalquilar, todas las luces de alarma se encendieron. La ropa estaba totalmente seca a pesar de la intensa lluvia caída esos días. El pasado jueves, la UCO empezó a estrechar aún más el cerco después de comprobar que la triangulación de su móvil el día del crimen la situaba en Rodalquilar. Pidió a la dominicana su terminal: alegó que se le había perdido. Pero sus allegados encontraron el aparato poco después en unos matorrales. El viernes, cuando debía entregar el móvil, dijo haberlo perdido otra vez. En esta ocasión de forma definitiva. Fue entonces cuando la Guardia Civil decidió tenderle una trampa para forzarle a mover ficha: los agentes le hicieron llegar que tenían imágenes de un coche sospechoso y que iban a centrar la búsqueda en Rodalquilar.

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