+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

La ‘pena’ de la infanta y su condena mediática: ir a verlo a prisión

 

La infanta Cristina -

14/06/2018

Las alarmas saltaron en julio de 2013. La imagen de Juan Valentín, el hijo mayor de los entonces duques de Palma, llorando desconsolado mientras se dirigía, en el asiento trasero de un coche, al aeropuerto tras pasar unos días en Marivent con sus abuelos y primos, abrió los ojos a la Casa Real. También a la infanta Cristina, hasta entonces más preocupada de sostener el ánimo de Iñaki Urdangarin que de sus hijos. Aquella escena cambió muchas cosas. La hija de don Juan Carlos dejó de ser esposa para centrarse en el papel de madre. Y desde Zarzuela se lanzó un mensaje claro y alto: nada de fotografiar a los niños Urdangarin-Borbón si en el encuadre no aparece un adulto de la Familia Real. En el verano de 2013 el ‘caso Nóos’ estaba candente.

Desde la Casa Real se le había pedido por activa y pasiva que rompiera su matrimonio. Ella se encastilló, incluso cuando descubrió, por una de esas filtraciones, que su marido le pudo haber sido infiel. Nada. Ella era quien sostenía a la familia. Pero aquella imagen, ver a Juan Valentín destrozado, la hundió. Así que, solución, la familia al completo dejó el palacete de Pedralbes, al que habían vuelto desde Washintong para preparar la defensa de Urdangarin, y se mudó a Ginebra. Allí, en Suiza, en un apartamento de doce dormitorios, sin servicio doméstico interno, sólo una asistenta que va por horas la familia encontró la paz. Una vez en Suiza la familia empezó a recomponerse. Urdangarin mataba el tiempo haciendo deporte y cocinando. Los niños volvían a sonreír. La infanta, no. Apartada de la Familia Real, más tarde despojada del título de duquesa, doña Cristina se vino abajo. No lograba entender por qué le estaba pasando aquello, nunca llegó a asimilar, ni ahora, la realidad. Absuelta por los tribunales, se prepara para cumplir la pena de verse en el medio del foco mediático cuando visite a su marido en la cárcel.

Desde que la Audiencia de Palma condenó a Urdangarin, no ha dejado de especularse con la posibilidad de que doña Cristina y sus hijos dejen Ginebra y se instalen en Lisboa (si Urdangarin elige prisión extremeña) o Madrid (si se decide por Avila). Pero, y más después de la lluvia de descalificaciones que recibió el exduque de Palma tras recibir el mandamiento de prisión, cobra fuerza la versión de que la infanta continúe en Suiza. Allí, pese a todo, sus hijos gozan de la intimidad y protección de que carecieron en su última etapa en Barcelona. Y allí está su trabajo, también su nuevo, y reducido, círculo de amistades. Pero la pena de la infanta Cristina continúa. Antes del lunes se despedirá del hombre por el que rompió con todo.

Buscar tiempo en otra localidad

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla