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La policía redobla la búsqueda del imán de los yihadistas de Madrid

Los servicios antiterroristas confían en que les acerque a nuevas identidades de radicales .

 

Agentes de la policía nacional permanecen en las inmediaciones de la cabaña. FERNANDO VILLAR -

05/01/2017

melchor sáiz-pardo | madrid

La Brigada Provincial de Información de Madrid intensificó ayer la búsqueda del marroquí que radicalizó a los presuntos yihadistas detenidos en Madrid y a otros miembros de esta célula, que tenía en su poder un kalashnikov y diversas armas cortas. Un arsenal, según relató en uno de sus autos el juez Santiago Pedraz, que tenían la intención de usar para «cometer una grave acción delitcitiva de carácter terrorista» en la capital.

Los operativos creen indispensable llegar hasta este imán (al que el juez describe en sus autos como una persona «con mucha influencia sobre la comunidad musulmana» del barrio de Vicálvaro) para conocer la envergadura del grupo al que pertenecían los dos únicos encarcelados por el momento, Edrisa Cessay Sanuwo y Samir Sennouni Mouh.

Los servicios antiterroristas confían que este imán les acerque a nuevas identidades de radicales del círculo de ‘La Cabaña’, la chabola en la que se reunía la célula todavía no desmantelada por completo.

Los investigadores sospechan que el AK-47 y las pistolas con las que los detenidos se grabaron en vídeos amenazantes están todavía en poder del «círculo cercano» de Cessay y Senouni, a los que se consideraría una parte «secundaria» del grupo. La Brigada de Información centra sus pesquisas en los barrios madrileños de Moratalaz, Vicálvaro, Valdebernardo y Vallecas, y en el cercano muncipio de Rivas Vaciamadrid.

De acuerdo con las últimas investigaciones, la célula yihadista, además del fusil de fabricación rusa que tenía ya en su poder, intentó en octubre comprar, al menos, dos kalashnikov más, además de granadas y munición.

A fondo

Los investigadores también están analizando la radicalización de los detenidos y de su círculo. Saben que en 2013, Edrisa y los demás jugaban a fútbol y ya se reunían en la cabaña de Valdebernardo y el joven de origen gambiano colgaba fotos allí con sus amigos en su perfil de Facebook, una desconcertante secuencia de vídeos de bromas y piezas sobre el islam que podría pertenecer a cualquier chaval musulmán de su edad. No queda ni rastro de su pasado de promesa del fútbol. El 22 de agosto dejó de colgar mensajes. Cuatro meses después, lo detuvo la Policía.