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Cuando el lápiz rojo acecha al escritor

Los leoneses Gamoneda, Martín o Torbado sufrieron la censura, mientras que Panero y Yebra ejercieron un tiempo de ‘tachadores’.

 

e. gancedo/ v. viñas
04/03/2018

Censura pura y dura o estricta aplicación de la ley? ¿Mordaza a la libertad de expresión o medidas judiciales más o menos discutibles? En los últimos días, hechos como el secuestro de la edición del libro Fariña, de Nacho Carretero, o la pena de cárcel para el rapero Valtonyc por injurias al rey, parecen haber resucitado noticias, temores y hasta terminologías de épocas pasadas. Un tiempo en el que el lápiz rojo del censor era objeto de pesadilla para unos escritores que se veían obligados a emplear todo su talento en esquivarlo. También les pasó a los leoneses.

«Fue algo que nos golpeó con fuerza en la juventud pero que no dejó señales y, por tanto, es imposible mostrar a la posterioridad cicatriz alguna —dice José Antonio Llamas, poeta, narrador, y uno de los impulsores de la revista Claraboya (1963-1968)—. Éramos los hijos de una posguerra civil, herederos de un silencio profundo que, sin embargo, hablaba alto y claro de los desmanes ocurridos en nuestro entorno». Llamas tuvo dos encontronazos directos con la censura y otro en calidad de observador.

El primero de ellos sucedió en los meses de noviembre y diciembre de 1967, cuando apareció el número 18 (y penúltimo) de Claraboya, un monográfico dedicado a la poesía de Llamas. «Parece ser que, entre los secuaces provinciales del Régimen, hubo algunos que se fueron a quejar a la Diputación, editora de la revista, de que allí se hablaba mal del Movimiento y su doctrina. Y efectivamente —cuenta—, se trataba de un conglomerado de poemas existencialistas de un joven que había abandonado la influencia del Seminario y había abierto su mente a ideas socialistas, plasmando su desánimo arremetiendo contra un pasado indigno».

Las quejas llegan a oídos de la autoridad «y el responsable máximo de las esencias del pensamiento único por entonces, el ministro Fraga Iribarne, aprovecha un viaje a León, a la Semana de la Trucha, para levantar la liebre. Y lo hace en un cónclave en la Diputación con ánimo de epatar a los provincianos y transmitirles la idea de que él está en todo y no se le pasa ni una», explica, y prosigue: «Se fija sobre todo en el poema No amanece, cuyo contenido considera que atenta contra la verdad sacrosanta proclamada en el himno de la Falange: ‘Arriba escuadras, a vencer, que en España empieza a amanecer’. Circunspectos, los asistentes, miran al secretario, que resulta ser el padre de uno de los creadores de la revista, Luis Mateo Díez, quien pone de manifiesto que ninguno de sus miembros andaba en jaleo alguno que no fuera el de la ‘pura y dura supervivencia’ y que, sin duda, se trata de unas composiciones muy al hilo de las tendencias actuales de la poesía europea. Estética, en definitiva».

El proceso terminó en nada pero con la revista herida de muerte. Tan sólo salió el número 19 porque ya estaba en imprenta —la de la Diputación, claro—, dedicado a la joven poesía cubana. «El segundo ocurrió cuando el grupo gallego Voces Ceibes grabó, traducidos al gallego, un par de poemas míos y el cantante fue expulsado de España (era mexicano) al final de un concierto en la Universidad de Santiago. Uno de los poemas se tituló Solo de saxo aunque yo lo llamé Todavía hay gente así y el otro era Las aguas de las fuentes y de los mares El disco lo publicó Galaxia y el cantante, Xerardo Moscoso, por cierto, es pediatra en su país». El tercero y último consistió en que, por su amistad con José Batlló, editor del sello El Bardo, Llamas tuvo ocasión de acceder a todos los originales de los poemarios que el editor recibía de la censura, completamente llenos de tachones. «Eran casi todos...», recuerda.

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1 Comentario
01

Por josfan 13:34 - 05.03.2018

Aquí hoy día hay aplicación de la ley. La verdadera censura se aplica en cataluña y vascongadas, pero ahí los progres y los medios de comunicación callan. En España estamos sufriendo una generación de tontos formados en leyes educativas socialistas que escupen para arriba...