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poesía

Decir como nunca lo de siempre

lo breve eterno Sergio Fernández Salvador La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013. 66 páginas.

 

Decir como nunca lo de siempre -

josé enrique martínez
27/10/2013

Cuando en 2011 publicó el poeta leonés Sergio Fernández su primer libro, Quietud, resumí así sus afanes líricos: Paisaje, emoción y nostalgia en la corriente clara de una poesía que no busca novedad, sino acompañamiento. Tal es el anhelo del poeta: verter en palabras una emoción que sea también la del lector. Ese poeta sabe que la poesía consiste en «decir como nunca lo de siempre», en la «renovación constante de lo mismo», idea que le sirvió a Herrera para definir la poesía en el XVI y a Ortega en el siglo pasado. Añade el poeta que su oficio no es otro que hacer «breve lo eterno y eterno lo breve». De ahí el título de su segundo libro: Lo breve eterno, buena síntesis de la pretensión poética de fijar en palabras lo fugitivo, de hacer del instante único una vivencia sentida por cada uno de los lectores. La poesía «es dejar que nos hablen / las cosas que nos hablan de continuo; / decir el claro instante...». Pero quiere decirlo con palabras que no alcen la voz, que recojan renovado lo que otros han dicho antes y la felicidad que proporcionaron los hechos sencillos que llenaron o llenan un rincón de la memoria: el vareo del almendro, la búsqueda de níscalos, la vivencia del cambio de las estaciones, la vendimia familiar, etc., sorprendiendo en varios de los poemas la fruición de la naturaleza, sea en el crecer de la cebada, en el bullicio de los pájaros o en el florecer de los almendros. Las cosas o los hechos más simples pueden alimentar la poesía: una hoja desprendida, que suscita la angustia de morir un día, una piedrecilla, un recuerdo imbuido de nostalgia... Para asuntos leves conviene el poema corto, incluso el haiku que cultiva en alguna ocasión. Y convienen, asimismo, las palabras comunes aunque algunas hayan pasado a mejor vida o se ciñan al ámbito rural, como los frutos serondos o tardíos, o el hacer «lagarejos», que Covarrubias define tal como yo recuerdo su empleo: «Cuando los mozos aprietan los racimos en los pescuezos unos de otros por burla y pasatiempo». Al afán de transparencia del poeta corresponde también el hecho de traer al poema, cuando los trae, versos conocidos por la memoria popular, como: «Era del año la estación dorada» o «un no rompido sueño».

Es la de Sergio Fernández una poesía franca y asequible que tiende a expresar una emoción, renunciando a experimentos o novedades y con conciencia de expresar «lo eterno humano» concretado en la peripecia o en la anécdota personal.

   
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