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El Santuario de Pandorado

Llegamos al alto de Pandorado por la carretera que va de León a Villablino, remontando la «Cuesta de la Espina» desde Riello. Está situado a 48 kilómetros de León y a una altitud de 1.145 metros.

 

Procesión del 15 de agosto, con la imagen de la Virgen, que pujaban especialmente las mozas de La Omñañuela. A la procesión se añadió, desde 1987, un desfile de pendones. - RAMIRO

LOLI RODIL OSORIO
25/09/2011

Pandorado es un lugar que pertenece a los cercanos pueblos del Ariego de Abajo y de La Omañuela, le divide la carretera, que antes de asfaltarse formaba parte del Camino Real que salía desde Riello a Campodiós. La parte donde está ubicado el santuario pertenece a La Omañuela a todos los efectos. Se encuentra a 1,7 kilómetros de este lugar; en la actualidad La Omañuela y el Ariego, y por tanto Pandorado, tienen como ayuntamiento a Riello. Hasta 1970 solo tenía cuatro casas y la principal actividad de sus moradores era la agricultura y ganadería. A pesar de ser tan pocos habitantes, siempre hubo una taberna, y, en ocasiones, dos.

El nombre de Pandorado, según la tradición, puede venir de las espigas de los campos de centeno que había en torno al santuario. En Omaña al cereal de centeno se le denomina pan. Hay otra versión que nos habla de moros persiguiendo a un cristiano y que por mediación de la Virgen, a la que invocó, brotó repentinamente la mies tan alta y dorada, que ocultó al cristiano y así pudo librarse del ataque de sus perseguidores.

En cuanto a la construcción del santuario en este lugar, la leyenda es muy similar a la de otros muchos sitios. Nos cuenta cómo un pastor de La Omañuela encontró en lo que entonces era un montecillo, una pequeña imagen de la virgen. La llevó a la iglesia de su pueblo, dejándola allí. Al día siguiente, de nuevo halló la imagen en el mismo sitio y volvió con ella a La Omañuela. Así varias veces, por lo que entendieron él y sus convecinos que la Virgen quería que se hiciera en ese lugar una ermita.

En Pandorado comienza La Cañada de la Vizana. En el paraje denominado Campodiós se reunían los grandes rebaños de ovejas trashumantes que llegaban aquí procedentes de los cordeles de la zona alta de Omaña, Laciana, Babia y Luna, al comienzo del otoño, huyendo del largo y crudo invierno de la montaña leonesa, para pasarlo en las cálidas tierras extremeñas. A primeros o mediados de junio volvían de nuevo a encontrarse en este paraje haciendo el prolongado viaje a la inversa, para desde aquí coger cada rebaño su cordel y llegar al buen pasto que los numerosos puertos pirenaicos o de alta montaña les ofrecían.

Un templo del siglo XVII

El actual santuario de la Virgen de Pandorado se construyó en el siglo XVII, probablemente sobre otra edificación más antigua. El templo ha sufrido varias modificaciones en las restauraciones y arreglos que ha tenido a lo largo de los años.

Al lado del santuario, nos dice el Catastro de Ensenada del pueblo de La Omañuela realizado en 1793: «Había dos casas, una servia de alojamiento a los devotos novenarios que iban a visitar el templo y la otra que pertenecía a la Cofradía de Ánimas, la dedicaban a suministrar comida a los cofrades que se reúnan allí todos los primeros martes de cada mes; esta última medía doce varas de frontal, dos de alto y ocho de fondo, se componía de cocina, un cuarto y un portal». Esta casa la valoraba dicho catastro en cuatro reales. Como se ve por este documento ya había una hospedería, al menos desde el siglo XVIII.

En el interior del templo se encuentra un retablo barroco, realizado por el ensamblador Álvaro Diez Canseco, siendo la última obra que a este artista se le conoce. El retablo fue encargado por el obispado de Astorga, siendo párroco de La Omañuela y por tanto de Pandorado, Francisco Quiñones. El coste de la obra, que incluía, además del altar mayor, tres frontales (uno para el camarín de la virgen y dos para los laterales), fue de 1.500 reales. Se inauguró el día de Pascua de Resurrección de 1728. Al retablo le faltan muchos adornos, entre otros unos ángeles que fueron arrancados y vendidos, según dicen los vecinos, por un párroco de Riello en los años 70-80.

En Pandorado se celebraban hasta 1965-66 cuatro fiestas, todas ellas muy concurridas y de una gran relevancia en la comarca,

El martes antes del día de la Ascensión se realizaba la primera del año. Era la de «Las Procesiones». A esta tenían que acudir obligatoriamente dos personas por cada casa de cada uno de los ocho pueblos que componen el antiguo Concejo de La Lomba. Asistían con sus Vírgenes, cruces, estandartes y el señor cura al frente. Los vecinos de La Omañuela salían a recibirles al otro lado del río, junto a la huerta de los negrillos. Al pasar por la iglesia se ponía al frente de la comitiva la cruz, los faroles, dos ramos y la imagen románica de la Virgen de la O (patrona del pueblo). Así todos juntos, formando una gran procesión en la que se alternaban los cantos y los rezos, llegaban a Pandorado donde se les unía la imagen titular del santuario. Cantando letanías y rezando el rosario se acercaba toda la procesión hasta un alto cercano al santuario desde el que se divisa La Lomba. Allí realizaban las rogativas y la bendición de los campos. A esta fiesta solo asistían generalmente las gentes de La Lomba. No solo iba el cura al frente del pueblo, también lo hacían los maestros con todos sus alumnos.

Esta celebración —según cuentan los ancianos de la zona— se realizaba por un voto que hicieron sus habitantes allá por el siglo XIX a la Virgen de Pandorado, cuando un año, siendo el mes de abril y no habiendo brotado apenas el centeno, le ofrecieron a la virgen ir en peregrinación a su santuario, por ellos y sus sucesores para siempre, si ella remediaba esta desgraciada situación. A los pocos días, las espigas brotaron y tuvieron una espléndida cosecha. La promesa se ha cumplido minuciosamente hasta 1960 aproximadamente.

Fiesta profana

El día de la Ascensión eran los pueblos del otro lado del santuario: Ariegos, Socil, Villarin, Robledo, Guisatecha y Riello los que se acercaban hasta Pandorado para, después de escuchar misa, salir en procesión y, dando vista a esta parte de Omaña, el párroco de La Omañuela bendecía los campos. Por la tarde había rosario y a continuación un gran baile al son de la pandereta. Una pieza de baile entera comenzaba con una jota, después se bailaban tres agarraos y se terminaba con otra jota. Al terminar ésta, la costumbre era cambiar de pareja.

El martes siguiente al día de la Ascensión se realizaba otra gran celebración, esta vez profana. Se denominaba el «Día de Pandorado». Se trataba de una enorme feria, a la que acudían en sus caballerías numerosos mercaderes que venían de Asturias, Galicia y de varios puntos de la provincia de León para vender yugos, focines, rastros, navajas, cacharros para la casa, telas, productos alimenticios… La afluencia de gente era mucha, pues hasta aquí llegaban vecinos de toda Omaña e incluso de comarcas cercanas como Babia y Luna. Era la celebración más concurrida del año, no solo de Pandorado sino posiblemente en toda Omaña. En la era de Sandalio se instalaba un puesto para comer y tomar café, pues la taberna no daba abasto para atender a tantos clientes.

Por último, el día 15 de agosto se llevaba a cabo la fiesta de Nuestra Señora. Por la mañana había una solemne misa y procesión. En esta, además de la imagen de la Virgen —que pujaban principalmente las mozas de La Omañuela—, iba también un gran ramo de madera de nueve velas: se utilizó en la procesión y estuvo delante del altar mayor del santuario hasta los años 60 en que desapareció. Muchos de los asistentes a los actos religiosos de la mañana se quedaban comiendo la merienda en prados de los alrededores hasta por la tarde, para asistir al rosario y al baile que había hasta el anochecer, amenizado con música de pandereta y posteriormente al ritmo del acordeón. Con frecuencia era Salvador quien lo tocaba.

Esta es la única celebración que perdura en la actualidad, a la que se le han añadido en 1987 un desfile de pendones de varios de los pueblos de la comarca de Omaña, y algunos actos festivos más. Antes de esta fecha solo iban en la procesión, el pendón del Santuario y de vez en cuando el de La Omañuela. El pendón del santuario ha desaparecido hace tiempo, pero aún recuerdan las personas más mayores que era todo él rojo y entre los paños, que eran verticales, llevaba tiras doradas de pasamanería. Era más grande que el de La Omañuela.

Historia, tradiciones, leyendas y ritos hacen del Santuario y la antigua venta un lugar muy emblemático y especial, desde hace siglos, para todos los habitantes y descendientes de las tierras de Omaña.



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