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La épica del ‘Tour’ se hace novela

muerte contrarreloj Jorge Zepeda Patterson Destino, Barcelona, 2018. 368 páginas

 

La épica del ‘Tour’ se hace novela -

nicolás miñambres
29/07/2018

Las primeras líneas de esta obra no pueden ser más inquietantes: «Hay un asesino entre nosotros y la policía me ha encomendado la tarea de descubrir quién es (…). También sé que gracias a sus intervenciones podría convertirme en campeón del Tour de Francia». Ese es el final del prólogo de una novela que describe el sufrimiento de los ciclistas, los gigantes de la ruta que nos hacen pensar en la gran novela de Javier García Sánchez, El Alpe d’Huez, escenario, mítico también, de Muerte contrarreloj. Esta semilla literaria y deportiva es recuperada por el mexicano Jorge Zepeda de forma apasionante y precisa.

Es difícil resumir las experiencias personales que el novelista narra en los largos capítulos que dedica a la carrera ciclista y, sobre todo, al humilde Marc Moureau, familiarmente ‘Aníbal’, nacido allende el mar, en la ciudad de Medellín, casi huérfano y enseñado por la vida. La narración es la crónica precisa del mundo desolado y feroz del ciclismo. Todo en Muerte contrarreloj se intensifica y agrava por cuanto Marc Moureau, Aníbal, es destinado al ejercicio ciclista más ofensivo y duro: ser gregario de lujo para Steve Panata, el líder del equipo. El devenir ciclista, conquistando alturas increíbles, nos muestra ese mundo de las estrellas, ese mar heroico: el de los corredores humildes, el de los mecánicos (conocedores de tantos secretos de las bicicletas y de los deportistas), la personalidad de los gerifaltes que controlan el deporte desde varios ángulos, casi siempre oscuros. Y en la obra, la presencia de la muerte, que flota sobre todos los ciclistas, pendientes de sus triunfos o fracasos.

Entre la variada personalidad de tantos personajes en la obra (que viven codo con codo y angustiados por un solo fallo) sobresale la personalidad de Carmen, maestra infantil de Aníbal y, especialmente, su protectora de infancia en Medellín. Pero a su ascendencia humilde hay que añadir ahora que él, en el fondo, debe dejar de ser un esclavo especial al servicio de la primera figura del equipo.

   
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