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POESÍA

El espíritu sopla sobre todas las cosas

LA EPIFANÍA José Luis Rey Visor, Madrid, 2018. 508 pp.

 

El espíritu sopla sobre todas las cosas -

JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
18/03/2018

En mi reseña de La fruta de los mudos (2016) afirmaba que el cordobés José Luis Rey era probablemente, el poeta actual de mayor potencia creadora, el de mayor fuerza simbólica y capacidad visionaria. Con La epifanía rebasa todos los límites de esa pujanza creativa, el primero el de la extensión: se trata de un poemario de 500 páginas, abusando de la tenacidad del lector, por perseverante que sea; es difícil consumar la lectura, aunque sea a ratos perdidos, sin atragantarse, porque el problema es la monotonía, o así me lo parece, de un poemario monocorde, con una inacabable sucesión de poemas de parecida conformación y semejante desarrollo imaginativo, con una libertad que muchas veces se me antoja caprichosa; valga un solo ejemplo entre mil: «Chinas con parasol cruzan el puente / y en la otra orilla hay heladerías / y la nata persigue el silogismo / de mi canoso Kant». No sé si la poesía es un saco donde cabe todo, como pensaba Baroja de la novela. Lo de «canoso Kant» es un juego fónico del que gusta el poeta, sin que muchas veces captemos su necesidad; repare el lector en casos como estos: «a rimar, a remar», «mi Córcega cegata», «tantas damas tontas», «mi mar de mermelada», «oh bizco, obispo viejo», «mi valiente Novalis entre velas», etc., etc.

Cada poema alude a determinadas realidades, como las referencias frecuentes a la infancia, pero nunca es una concreción precisa, sino envuelta en velos metafóricos e inesperadas combinaciones verbales cuyo sentido queda al arbitrio del lector voluntarioso y esforzado desde los propios títulos de los poemas: «¿Los uruguayos sueñan?», «Una mosca entra en la eternidad», «Buenos propósitos de una araña en Persia»... El poeta busca trascender la corteza de las cosas, la capa realista inicial, de modo que bajo los fulgores imaginativos (o visionarios si se quiere), bajo el flujo de incandescencia verbal se adivina la impregnación del espíritu que «sopla sobre todas las cosas», con un afán de elevación espiritual, por encima del propio leguaje, al que sirve determinada simbología, con la luz acaso como signo más encumbrado. No disuenan, por ello, las muchas alusiones al Testamento, nuevo y viejo, pues en ese ámbito se mueve.

Muchos otros aspectos podrían destacarse en la desmesura del poemario, como los recursos intertextuales, las varias tonalidades, la cesión de la voz a determinados personajes, a veces tan extraños como el «Sonámbulo en Albania». Pero acabe aquí la reseña, seamos parcos.





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