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Hallazgos poéticos en la estrofa del haiku

 

NICOLÁS MIÑAMBRESNICOLÁS MIÑAMBRES 07/02/2010

Hojas volanderas

Atilano Sevillano. Prólogo:

Javier García Rodríguez.

Ed. Celya, Salamanca, 2008. Salamanca. 94 pp.

Son abundantes los libros de poesía actual que ajustan su estructura métrica al hayku, que en el libro de Atilano Sevillano, presenta ciertos elementos de la soleá: tres versos, dos de cinco sílabas y un heptasílabo, respetando por tanto el isosilabismo. Dentro de tan densa y breve estructura sólo caben pensamientos muy breves. Carentes de puntuación, y muy concisos, la elipsis construye su ensamblaje lingüístico entre los poemas.

El libro se estructura en cuatro bloques: «Lenguaje habitable», «El fluir del tiempo», «De perfil», «Crepúsculo de otoño», unidos por una secreta conexión literaria. En «Lenguaje habitable» se observa una búsqueda afanosa por sentido del arte («la poesía dice cuanto calla que no es poco»), por su efímera condición: «poema falaz una vez / ya nacido / raudo se borra». Considerando además que es tarea imposible, se observa un desprecio por la retórica convencional: «Sabed poetas / que en el pensamiento / jamás hay rimas» y un cierto acercamiento a recursos de la poesía mística. En «El fluir del tiempo» el tempus fugit es elemento destructor, de ahí la impotencia: «¿cómo escribir del tiempo fugitivo de nuestras vidas?», sin que falte el desasosiego: «La eternidad no es la suma de tiempos es el olvido».

Y al final, la plástica y terrible imagen: «La reconoces / es la nívea dama / siempre te aguarda». En «De perfil» se descubre el mundo del amor, en una serie de bellas acuñaciones poéticas: «De tus regresos guardo tu encantadora melancolía». El bloque poético termina con una despedida: «¡Ah! ya es el alba / gatea por la plaza / la despedida». O la tristeza lejana: «Horas después / pregunté a las campanas / que si lloraban».

Un cierto trasfondo filosófico explica su epílogo poético, «Crepúsculo de otoño», que esconde un balance estético y personal: «Todo el cosmos cabe en un fugaz haiku ya vislumbrado». Este convencimiento creativo explica los indudables aciertos del libro, concebido como un intento esencial, pero imposible: «Sólo en tres versos / capturar el instante / su eternidad».

   
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