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eugenia rico escritora

«La ironía es la voz de Dios»

«Los protagonistas se buscan en el Cielo, se encuentran en el Purgatorio y en el Infierno se quitan las máscaras»

POR alfonso garcía
10/06/2012

 

Eugenia Rico (Gijón, 1972), conocida y reconocida novelista, publica su primer libro de relatos, El fin de la raza blanca (Páginas de Espuma). Un conjunto de catorce piezas que bucean en la tensión, la supervivencia, la presencia de la maldad, el amor corrompido… Humor, sátira social, crítica política… bajo la cuidada mirada de una literatura sólida y llena de registros y sugerencias.

—Usted es conocida como novelista. A pesar de la narrativa dispersa por antologías y publicaciones periódicas, este es su primer libro de cuentos. ¿Por qué?

—Se predica que la novela es un género de madurez, a mi modo de ver el relato es un género de madurez: una sola palabra de más basta para destruir un relato. El cuento tiene que ser perfecto, en el relato un autor busca la página perfecta y la obra total. Siempre he cultivado el relato corto pero quizá me haya influido mi estancia en Iowa: la Universidad donde se formó Carver, Cheever, Flannery O’Connor. Autores de algunos de los mejores cuentos del mundo. En Iowa todos los caminos llevan al cuento.

—‘El fin de la raza blanca’ toma el nombre de un relato, un terrible relato de amor en el que se adivinan muchas lecturas. ¿Por qué este título?

—En la Feria de Guadalajara me hicieron una entrevista para el último programa de Aspekte, el principal programa cultural de la televisión pública alemana la ZDF, hablando de las perspectivas para el tercer milenio y el fin del modo de vida de la «raza blanca», de las consecuencias de la caída del muro de Berlín, entonces tuve una visión que entronca con este cuento modernista sobre la traición. La raza blanca como la criada del cuento emprende la senda que lleva a la destrucción y el relato está también basado en la historia real del Gran Khan que construyó el Taj Mahal y que prohibió la entrada a la raza blanca en la India por los motivos que se explican en el cuento.

—Llama inicialmente la atención el hecho de que la obra esté dividida en tres partes significativas: ‘Cielo’, ‘Purgatorio’ e ‘Infierno’… ¿La vida es así? ¿De qué estado está más cercana?

—¿Quién no ha pasado alguna temporada en el Infierno y algunas horas en el Cielo? Los personajes de El fin de la raza blanca viven en el Infierno pero hablan castellano y gracias al idioma se escapan al Purgatorio y luego al Cielo de las palabras. Los protagonistas se buscan en el Cielo, se encuentran en el Purgatorio y en el Infierno se quitan las máscaras.

—La construcción de los relatos parece un juego en que se mezcla lo fantástico, el humor, la ironía, la acidez…

—En el Norte la humedad hace que los confines de la piel se difuminen, no sabemos lo que está dentro y lo que está fuera, por eso en el Noroeste en los filandones los contornos de la realidad se expanden y el humor es la forma suprema de la inteligencia, y el humor aspira a convertirse en ironía y la ironía es el timbre de la voz de Dios.

—Hay historias muy duras, tratadas a veces con delicadeza, siempre con originalidad, como ‘La noche de la Candelaria’. ¿Esconde aún la guerra civil muchas posibilidades narrativas?

—Nuestra contienda se ha convertido en un icono como la Segunda Guerra Mundial, en un escenario para el tiempo de los asesinos que revela lo mejor y lo peor del ser humano.

—‘La línea gris’, por poner un ejemplo, además de estremecedor, es un relato con una estructura que no permite respirar al lector, que se ve envuelto en la trama. ¿Está aquí el secreto de un buen relato?

—La respiración es uno de los secretos de un gran escritor. El relato debe llevarnos del principio al final en una sola respiración: una bocanada que dejamos escapar aliviados al final del relato que es el comienzo de otra historia en nuestra cabeza.

—Además de la mirada desnuda que se asoma en estos relatos, la fuerza del lenguaje es fundamental. ¿Qué prefiere en él, precisión, sugerencia, intensidad, pulcritud…?

—El escritor tiene que dominar el lenguaje como un jinete a su caballo, y a la vez dejarse dominar por él como hacemos con el verdadero amor. La lengua debe ser honesta y justa y juguetona, hay que buscar en ella texturas como un gran cocinero las busca en sus platos, deconstruir el lenguaje para hallar caminos nuevos.

—Parece que el relato aún no está suficientemente reconocido en España, y la verdad es que contamos con una excelente nómina de cultivadores. ¿Encuentra alguna explicación?

—América es el continente del relato y Europa el de la novela. España es país de grandes cuentistas, pero los editores que no los lectores apoyan sólo la novela. Si Borges fuera español sería desconocido. Es importante dar a conocer a nuestros grandes cuentistas.

—Es frecuente la creación de decálogos por parte de no pocos cuentistas. No llegaré a tanto, pero sí a preguntarle cuáles son, a su juicio, las claves de un buen relato.

—Un buen comienzo y un gran final. Una Epifania: el descubrimiento de una verdad ignorada que siempre había estado allí. Un escalofrío: el que debe recorrernos. Una iluminación: como un relámpago el cuento ilumina durante unos instantes la realidad y nos permite ver lo que hay debajo.

—Si en España su obra es conocida y premiada, la admiración en Alemania sobrepasa muchos límites. Una buena parte del público y la crítica de este país la considera «la nueva estrella de la literatura en español».

—Lo dijo Ulrike Timms, la crítica estrella de Deuschland Kultur Radio que se unía  a los elogios de Daniel Kehlman, quizá en estos momentos el escritor más importante de Alemania. Es muy importante el reconocimiento en Alemania a mi calidad como escritora porque es un país de muchos y muy buenos lectores, el país que ya encumbró a Javier Marías, por eso estoy sorprendida y agradecida. 

 

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