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Maestro contador de historias

tEATRO DE SOMBRAS Fermín López Costero Ed. Nazarí, Granada, 2016. 138 páginas

 

Maestro contador de historias -

ALFONSO GARCÍA
08/01/2017

Ya el título alude a la sutil frontera de mundos, de la realidad y la ficción, en estas piezas eclécticas, variadas, en que la muerte es tema recurrente y la imaginación un elemento muy poderoso. La belleza y la justificación del microrrelato no reside en la simple brevedad, sino en su condición narrativa: tiene que contar algo, razón fundamental de la pervivencia de la propia literatura. El buen narrador —y es el caso que nos ocupa, en muy alto grado— es el que tiene capacidad para convertir todo en relato, en ficción, aunque a veces, o por ello, se diluyen los límites con la realidad. De ahí la capacidad de sorpresa que tiene López Costero, una de las cualidades básicas del buen microrrelato, junto a la habilidad de dejar el final abierto al lector (léase El zapato): la complicidad es absolutamente necesaria. Hay otro elemento que testifica la maestría del escritor berciano: a pesar de la brevedad de los textos —algunos tienen apenas tres líneas—, parece no tener prisa por llegar al desenlace, que se hace, si cabe, más explosivo. Aquí radica, creo, la auténtica maestría. También en la literatura cuanto más se retarde el placer más placer produce. Qué difícil. Para mí es la gran lección, puesto que el suspense se intensifica y nos atrapa.

El libro está lleno de contrastes desde el punto de vista argumental, y a lo dicho habría de añadir?se la distorsión de algunos clásicos, recreaciones metaliterarias… Estructuralmente, naturalidad contando y elegancia, con una envidiable precisión del lenguaje, en que prima la economía: dentro de la inevitable y buscada austeridad, la riqueza sustantiva cada uno de los elementos que sustentan el relato. Añádase, como contrapunto y estímulo, el fino humor, la ironía que a veces nos estremece.

Fermín López Costero figura en buena parte de las más notables antologías del género. Este último título viene a confirmar su innegable maestría.