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El misterio eterno de Robert Walser

l Siruela celebra el centenario de ‘El paseo’ con una obra conmemorativa que apadrina Vila-Matas. el paseo Robert Walser Traducido por Carlos Fortea. Editorial Siruela, 2017. 80 páginas

 

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El misterio eterno de Robert Walser -

miguel lorenci
22/01/2017

El día de Navidad de 1956 unos críos hallaron un cadáver bajo la nieve cerca del manicomio de Herisau, en Suiza. Era el de Robert Walser (1878-1956), escritor tan marginal como talentoso que falleció mientras paseaba cerca de la institución en la pasó los últimos 23 años de su vida. Seis décadas después. Walser es un autor de culto, uno de los más importantes en lengua alemana del siglo XX. Su obra, una delicia para minorías, no deja de ganar adeptos. Unos agradecidos lectores, muchos de ellos escritores, como el español Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), que hizo del autor suizo su «héroe moral», un referente y un motor de su propia y muy ‘walseriana’ escritura. Así lo reconoce el narrador barcelonés que reivindica la obra de Walser en un doble aniversario: los sesenta años de su muerte y el siglo transcurrido desde la publicación de El paseo. Es la obra crucial de este «gigante humilde», segun Vila-Matas. Un precursor de Kafka que, como el praguense, se movió en los márgenes de una literatura cuyo rumbo cambió sin proponérselo. Siruela, que ha editado el grueso del obra de Walser en castellano, reedita este clásico que para Vila-Matas encierra la esencia de Walser junto a ‘Jakob von Gunten’. El narrador español apadrina junto a Reto Sorg, director de Robert Walser-Zentrum en Berna, una edición conmemorativa de El paseo. «Walser es un antecedente de Kafka, que se lo leía a sus amigos en voz alta mientras paseaban, con enorme interés y grandes carcajadas» apunta Vila-Matas. «En contra de su fama, no es nada difícil de leer» asegura el autor de Doctor Pasevento una obra de claves ‘walserianas’.

Para Vila-Matas, Walser se parece mucho a otro de sus ídolos literarios, el Bartleby el escribiente de Melville que le inspiró a su vez Bartleby y compañía. «Es un autor paradójico de una humildad cósmica, convencido de que había escritores que aterrorizaban a los lectores con sus aburridos ladrillos y capaz de hacerte reír, pero también de darte un tortazo» asegura Vila-Matas. «Muchos lectores me agradecen haber descubierto a Walser a través de mis novela, más que la lectura de mis propios libros», se resigna. Apreciado y elogiado por escritores como Herman Hesse, Robert Musil, Walter Benjamin o Peter Handke, Robert Walser sigue seduciendo a una minoría que goza de una de las obras más originales y misteriosas de siglo XX. «Debería estar al alcance de todas las almas sencillas y no lamento que sea un escritor minoritario», apunta Vila-Matas.

«Su obra no sería lo que es sin el apoyo de otros escritores y el hecho de que no sea mayoritaria es una ventaja que permite descubrirlo a muchos lectores», señala Reto Sorg. «Walser convierte a sus lectores en autores, y no porque les incite a escribir, sino porque les ofrece una nueva perspectiva del mundo y les facilita versa a sí mismos de otro modo», dice este experto y profesor de literatura moderna alemana en la Universidad de Lausana. Walser fue en vida un autor incomprendido. Sus primeros poemas se publicaron en 1898, y con ellos accedió a los círculos literarios de Múnich.

Con sus tres novelas, Los hermanos Tanner, El ayudante y Jakob von Gunten, obtuvo cierto éxito, pero no logró el respeto de la crítica berlinesa. Abandonó Berlín, donde había llegado en 1905, y regresó su ciudad natal de Biel en 1913 con la sensación de haber fracasado. Alquiló una habitación de sirvientes en un hotel y, en condiciones miserables, escribió numerosos relatos breves y también El paseo, su obra principal de este periodo. Con 51 años ingresó en un manicomio y no escribiría una sola línea en 23 años de internamiento, algo que fascinó a Vila-Matas, a quien encandilan esos escritores que no escriben o que lo hace desde la periferia.