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Un nuevo paso literario en la novela negra

 

Un nuevo paso literario en la novela negra -

NICOLÁS MIÑAMBRES
18/12/2011

Asesinato en el Kremlin

Alejandro M. Gallo. Ed. Rey Lear, Madrid, 2011. 222 pp. XIV Premio Francisco García Pavón de Narrativa

Comisario-Jefe de la Policía Local de Gijón, el leonés Alejandro M. Gallo hace honor literario a su profesión. Autor de novelas del género negro dentro del mundo de la Memoria Histórica, su obra cubre espacios y tiempo tan distintos como el de la revolución rusa o el de la guerrilla antifranquista. Son buen ejemplo de ello obras como Asesinato de un trotskista (2004) o una de sus últimas obras, Operación exterminio (2009).

Con Asesinato en el Kremlin, Alejandro Gallo se adentra en un momento histórico tan convulso como es el año 1934, en la ciudad de Leningrado. La obra, en sus poco más de doscientas páginas, es sin embargo una narración modélica, de interés inquietante, cuyo desenlace nunca ve claro el lector. Ahí reside la clave de su interés, en las sutiles celadas narrativas que Alejandro M. Gallo tiende constantemente al lector. Es una vez más, y nunca mejor dicho, el juego de las muñecas rusas: nunca la clave que el lector cree haber captado es la definitiva. Ni siquiera en el desenlace de la obra.

Precedida de un útil dramatis personae (elemento que muchos novelistas desconocen o consideran innecesario en sus obras) la novela narra el asesinato de Serguéi Kirov, relevante colaborador de Stalin. Igor Litonev, comandante de la milicia, emprende la arriesgada operación de localizar al culpable. Otra cosa es descubrir las claves de lo sucedido, objetivo nada fácil porque Alejandro M. Gallo maneja los tópicos de la novela negra con llamativa originalidad. El elemento humano tiene un papel relevante: desde Yuriv, cuñado de Igor Litonev, el protagonista, hasta el propio Stalin, comprometido personalmente con la investigación. Entre ambos extremos, las mujeres son decisivas en su forma de actuar, tanto Nadezhda, esposa de Litonev, como la periodista americana Dora Fischer. Esta última es un personaje admirable: sabe más de lo que ha ocurrido que los propios dirigentes rusos y se comporta exquisitamente con Litonev y Nadia, nombre familiar de su mujer. Tratando de humanizar el dramatismo del mundo soviético, Dora Fischer surte al empedernido fumador Litonev del exquisito tabaco capitalista Lucky Strike; paradojas de lo que fuera la guerra fría.

La novela, con un estilo ágil, dinámico, luminoso, con diálogos chispeantes, lleva al lector a un inquietante desenlace, pero atractivo y esperanzador: «Por eso, esa historia deberá ser contada otro día» (p. 222). Cuál será esa historia lo intuye el lector, pero tendrá que esperar a que se la cuente Alejandro M. Gallo en la próxima entrega. Dado su furor creativo…, no tendrá que pasar mucho tiempo.

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