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Vázquez Mourelo

 

21/06/2009

ANA CRISTINA PASTRANA

El Cine, considerado el Gran Arte del s. XX, la Música, el Teatro y la Literatura, han moldeado el espíritu de un artista que refleja, con gran dramatismo, su visión fatalista sobre la sociedad que le rodea, afectada por la violencia, la soledad, la impotencia y el desarraigo. Este mestizaje viene rodado desde su infancia, donde las tragedias griegas se mezclaban con el cómic o la televisión.

La imagen en movimiento siempre le sedujo, tal vez por su asociación con la magia. Cinematográficamente le interesa lo teatral. El cine italiano del Neorrealismo ha dejado una fuerte huella en su obra. Le une a Coppola, no sólo el gusto por el teatro, sino también el afán de pretender y conseguir exorcizar demonios personales en su obra, tal como el famoso director hizo en El Padrino III. La capacidad para utilizar el cine como descarga de su historia personal, éxitos y fracasos, evidente en American Graffit, también es patente en la obra pictórica de Mourelo: La familia del niño conejo, Bodegón salvaje, La mujer invisible, Estrategia naval . Comulga con Martin Scorsese abordando conceptos de culpa y redención en sus obras y reflejando la violencia endémica que caracteriza a la sociedad. Las películas Alice Doesn-™t Live Here Anymore (Alicia ya no vive aquí), Taxi Driver o The age of innocence (La edad de la inocencia) son una muestra. Humo y aliento, De dentro, En todas las cosas son obras pictóricas que se identifican con el individuo, Circo oriental o El mercado de la carne con la realidad social. Pero es Pasolini y Luis Buñuel los que han ejercido mayor influencia, dos hombres vivos y sumergidos en el tiempo que les tocó vivir, hijos del violento y pasionario siglo XX, apóstoles de la cultura entendida como compromiso. El evangelio según San Mateo y La Vía Láctea. Con el primero en su labor cinematográfica y en su faceta de escritor. Pasolini reconocía que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la televisión, creaba un modelo unificador que destruía la cultura y las tradiciones populares y al igual que Mourelo, en el cine, exploraba los aspectos de la vida cotidiana, con un tono cercano al de la Commedia dell-™Arte, centrando su mirada en personajes marginales, estableciendo un diálogo visual y narrativo en el que la ironía y el dramatismo van descarnando las historias. Artista multidisciplinar, al igual que el cacabelense, su obra es un referente donde se glorifica la sexualidad, la inocencia y el placer, así como la realidad cruda y escabrosa, no exenta de reflexiones existenciales. El Decamerón, Los cuentos de Canterbury, Mamma Roma son un ejemplo de las películas, La camisa americana, La mancha de mora, Pinocho, de las pinturas. Al igual que Buñuel, el pintor se guía por una intuición desbordante y despliega numerosos significantes, susceptibles a la interpretación del espectador, que es el encargado de ponerle punto final al cuadro. Busca, como el cineasta, respuestas a lo inexplicable, sin valerse de símbolos o alegorías, sin dogmatizar, dejando que la obra trascienda a través del ahondamiento en el mundo interno de los personajes, de sus deseos más íntimos, sus obsesiones y sus conductas. En El ángel exterminador Buñuel refleja el sufrimiento ante la imposibilidad de satisfacer un sencillo deseo, el más importante para el hombre: la libertad. El afán por romper el tiempo, por quebrar el desorden cotidiano que le ata, viene dado en los primeros bodegones del pintor, donde los cuchillos encarnan la violencia controlada, fruto del desdoblamiento de un individuo que no está en paz consigo mismo porque no se siente libre.

La dimensión humana

del arte

«El hermetismo del ser humano viene de la incapacidad de interrelacionar y metaforizar la vida», asume el artista. Existencialista, disiente de doctrinas y hace una apología de lo subhumano. Trashumantes , Tarde de metro . «Somos más nómadas que sedentarios, autistas ensimismados». Su pintura es una pintura sin miedo ni concesiones. Con gran dominio y conocimiento de la técnica y lejos de ser académico, sus innovaciones no obedecen a efectismos sociales, sino a la salida de sus sensaciones.

«Soy un sumergido, con todo mi respeto a lo emergente». Al igual que a Picasso, su ídolo de la infancia, le interesa el drama, la dimensión humana del arte. Considera que el arte nunca debe ser una idea o un objeto. En el arte conceptual, donde muchas veces no se alcanza la ironía, el objeto absorbe el espacio sin dejar aire. «Nunca utilizaré un discurso político como finalidad de mi obra».

Conmocionar y emocionar es su deseo. No pretende gustar, porque el gusto es algo que se percibe por los sentidos, llegar a conmover significa estimular al observador para que sea cómplice de la obra. La gente tiene miedo a ser vulnerable si se muestra más allá del animal que es. La sociedad funciona por el mercado y éste exige etiquetas, pero éstas condicionan la libertad, y al igual que Picasso, la considera esencial para crear.

«La locura es constructiva, trabaja desde la ruina, al igual que mi pintura». La violencia refleja el miedo a no controlar la propia violencia. «El dolor es un territorio de fuego». Se dice que el conocimiento te da más capacidad de elección, aunque aplicado al miedo ajeno, te da la opción de manipular a los demás, un principio de las ideologías fascistas. Cuando uno lee un libro como Las Benévolas , escrito bajo el punto de vista del exterminador, que se vanagloria de haber sido elegido por el destino para cumplir una misión excepcional, se hace muchas preguntas sobre la distorsión de la realidad que la visión de la mente humana hace para justificar actos execrables.

Decía Picasso que el arte es una mentira que nos asoma a la verdad. El tiempo es el que nos enseña de qué modo el arte refleja la historia y el pensamiento de una época. «El arte de otro tiempo nos sirve como soporte para anhelos nuevos y éstos se vuelven a reflejar en el arte», comenta Vázquez Mourelo mientras recordamos a Anselm Kieffer. Reconociendo que existen tantas realidades como personas y cuestionando constantemente el lugar que el ser humano ocupa en el cosmos, este gran pintor neoexpresionista se ha dedicado a analizar la interconexiones de la historia, la mitología, la literatura y la arquitectura alemana, combinando una paleta monocroma y una técnica en la que incluye diversos materiales. Un trabajo iconográfico en el que la reflexión sobre la filosofía, la naturaleza, la religión y los mitos es de vital importancia para recuperar la memoria de un pueblo y reconstruir su historia. Los artistas neoexpresionistas aglutinaron los elementos formales del expresionismo alemán y del expresionismo abstracto americano en un retorno a la pintura figurativa. Es notable la influencia en el trabajo de Fernando Vázquez Mourelo. Sin utilizar grandes formatos, el mensaje intelectual que caracteriza su obra se va plasmando bajo la combinación de técnicas variadas en las que introduce elementos cotidianos (sillas, cajones, trapos). La familia del niño Conejo, Batman en África.

Destapa el alma humana

Toda la obra de este artista, como buen actor, refleja la dualidad del racional: la acción y la contemplación, lo que eres y lo que dejas de ser, la vida y la muerte. Su obra es una disección del ser humano, una exploración inacabada de su interior a través de la percepción del mundo que le rodea. Conceptualiza después de crear. Reconoce que vivimos en una sociedad tremendamente puritana que «carece de capacidad para expresar el placer».

Los maestros cantores de Nu-remberg es una ópera de Richard Wagner que plantea el conflicto entre tradición y modernidad en el arte, el problema del otro y el valor de la conciencia. Una obra vigente para sacar conclusiones en cualquier momento, sin necesidad de adaptaciones modernas que alteren y traicionen el pensamiento del autor. Esta obra, que, al igual que los hombres de Bacon, forman parte del mundo interno del artista. Comparte con el inglés el corte expresionista y la línea pictórica postpicasiana, la representación del hombre de su tiempo en lo relativo a la angustia vital, también patente en Goya, la capacidad e inclinación del racional por la violencia, la fragilidad del ser, la ambigüedad entre lo masculino y femenino y el entusiasmo por el arte.

Fernando Vázquez Mourelo es un pintor de cuentos en los que destapa el alma humana, un contador de historias universales donde el hombre se enfrenta a sí mismo deshaciéndose del número y reivindicando su singularidad, un testimonio de las contradicciones que nos asolan, un escultor de sentimientos que organiza su trabajo como una obra de teatro en la que la equilibrada composición, la fuerza y la sobriedad cromática otorgan a la obra el valor de lo auténtico. El Circo de Truman Capote , homenaje al famoso dramaturgo, en el que el suspense y la intriga nos conmocionan, constituye un diálogo del pintor con el espectador, en el que consigue que comulguemos con cada uno de los personajes porque son parte de nosotros mismos.

   
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