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Yegua umbría como el don del aguacero

 

Yegua umbría como el don del aguacero -

JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZJOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ 08/05/2011

El triunfo de Galatea

Javier Asiáin. VIII Premio de poesía «Claudio Rodríguez». Ed. Hiperión, Madrid, 2011. 92 pp.

Galatea, diosa marina, prefería el amor del delicado Acis al del cíclope Polifemo, que acabó arrojando una roca sobre el desdichado joven cuando lo sorprendió con la diosa; pero Galatea lo transformó en río y ella se echó al mar para reunirse con sus hermanas las Nereidas. El mito tuvo su magno suceso poético en la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora y ha disfrutado de numerosas representaciones artísticas, entre ellas la que Rafael tituló El triunfo de Galatea , que sirve también al poeta navarro Javier Asiáin de título e inspiración. Su poemario consta de doce cantos, nominación solemne de resonancias épicas. Y así es, en efecto, el verso de Asiáin, solemne, majestuoso, elocuente y copioso en imágenes fulgurantes, de carácter críptico en numerosas ocasiones. El propio poeta califica su voz de «Cántico solemne elevado por un hombre / hasta el delirio metafísico de las alas». Los versos subyugan, de inicio, por su rítmica poderosa, su progresión altiva y entusiasta.

Nos detenemos de momento en el canto primero, con un interlocutor fingido, un tú que pensamos que resume a Galatea; después, canto a canto, nos iremos dando cuenta de que, por extensión, cita a la mujer, al arquetipo. La alusión al mito reside en versos como este: «Hay un banco de delfines avanzando hacia lo Abierto», pues en el fresco de Rafael, la diosa es llevada hacia el mar en un carro marino tirado por delfines.

En la lectura de cada canto todo nos impele hacia delante. El verso se expande en imágenes y símiles sin cuento, en yuxtaposiciones que, en la suma inmisericorde, nos dejan sin aliento, multiplicado todo ello por la ausencia de puntuación que nos hace ver cada canto como un todo sin discontinuidades por el que avanzamos llevados también por los poderosos delfines de la palabra y su pomposo desarrollo, que en algunos cantos se manifiesta suntuosamente: el VII, por ejemplo, en el que, por cierto, se alude a la tradición que evoca los amores de Polifemo y Galatea, origen de los epónimos (los que dan nombre a un pueblo) de los gálatas, celtas e ilirios, transfigurado el yo en el Polifemo «mitad hombre mitad bestia».

Los cantos son también celebración de la mujer, del poder genesíaco elevado a mito, la mujer total, «inconsciente sumergido del pintor renacentista» y de todos los amantes, venero de todos los sueños, Eva y Galatea, semilla, caz y géiser, arquetipo y mito, recipiente de incontables loas y apelaciones en la poesía de Asiáin, rica en intertextualidades diversas. El lector ha de dejarse llevar por el vigor del verso, la sugestión de la imagen, la potencia verbal y la contundencia rítmica de una poesía que, finalmente, resulta hiperbólica, grandílocua y verbosa.

   
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