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ALTA COCINA SIN PRETENSIONES

Daniel Brühl abre su segundo restaurante de tapas en Berlín

El Bar Gràcia es el hijo de un matrimonio de cocina formado por el Bar Raval, el primer local de Brühl en Berlín, y La Pepita, el fenómeno culinario de Boixet y el chef Sergio Andreu

 

De izquierda a derecha: Daniel Brühl, Sofia Boixet y el chef Sergio Andreu, en el Bar Gracia de Berlín. - FABIAN FROST

CARLES PLANAS BOU
25/01/2017

Viernes 20 de enero del 2017. Donald Trump levanta la mano y jura el cargo como presidente de los Estados Unidos. En Alemania el entusiasmo por la confirmación del magnate brilla por su ausencia pero la capital no está dispuesta a dejar pasar otra fría noche que abre la puerta al fin de semana. En el número 5 de la pequeña calle Göhrener, situada en medio del moderno y acogedor barrio de Prenzlauer Berg, el jolgorio y el rumor de las voces indica que es momento de celebración. Se trata de la inauguración del Bar Gràcia, el segundo restaurante de tapas del actor Daniel Brühl.

En medio de este elegante local, el alemán, el inglés, el catalán y el español se entremezclan en un mar de barbas morenas y melenas rubias que sonríen mientras degustan un jamón ibérico y un vino del Penedès poco frecuentes en la capital alemana. “Berlín es una ciudad de fusión y queríamos dar el salto para traer una tapa más sofisticada”, cuenta Sofia Boixet, responsable del bar La Pepita de Barcelona y socia de este nuevo proyecto que cuenta con un reconocido equipo en la cocina.

El Bar Gràcia es el hijo de un talentoso matrimonio de cocina formado por el Bar Raval, el primer restaurante de tapas de Brühl en Berlín, y La Pepita, el fenómeno culinario de Boixet y el chef Sergio Andreu ubicado en el corazón de Barcelona. Ambos proyectos nacieron hace seis años con una visión parecida y, curiosamente, sus caminos se cruzaron. “Daniel se había comprado un apartamento en Gràcia y fue uno de nuestros primeros clientes. Le gustaba mucho venir, charlar sobre nuestras propuestas y terminamos haciéndonos amigos”, cuenta Boixet con una incesante sonrisa. Brühl y su equipo aportan su conocimiento y experiencia en el mundo de la restauración en la capital alemana mientras que Andreu y Boixet trasladan su pasión por la cocina a los fogones berlineses.

ALTA COCINA SIN PRETENSIONES

El nombre de Gràcia no responde al azar. Ahí donde se conocieron y concibieron a la criatura. Además se traza un curioso paralelismo entre Barcelona y Berlín. Mientras que el Bar Raval se ubica en el barrio de Kreuzberg, ambos arterias de la multiculturalidad local, este nuevo local se sitúa en Prenzlauer Berg, que recuerda el aire 'gracienc' desenfadado y familiar. “No nos gustaba la idea de hacer una franquicia así que jugamos con los nombres de barrios de Barcelona”, asegura Brühl, hijo de la ciudad condal.

Lejos de lo que parecía el día de la inauguración, el Bar Gràcia es un remanso de calma donde la característica luz tenue berlinesa baila a la perfección con un jazz de estudio que de fondo acompaña la degustación. Del carpaccio de filete de ternera o la berenjena ahumada con queso de cabra, miel y manzana a la más tradicional tortilla o patatas bravas pasando por productos mediterráneos de calidad pensados para los vegetarianos. Un desfile de platos de exquisita presentación y gusto que juega con la comida más tradicional para aportarle nuevos gustos y sensaciones. La tapa de anchoa con dulce de leche, especialidad de La Pepita y plato favorito de la directora Isabel Coixet, ilustra esa fusión a medio camino entre lo antiguo y lo moderno.

Un menú abierto a todo tipo de público y una cocina sencilla sin pretensiones grandilocuentes, innovadora pero no elitista, que aspira a convertirse en la embajada en Berlín de la alta cocina catalana. Todo ello maridado por una interesante carta de vinos de diversas procedencias y años. En Barcelona esta fórmula ha sentado en la misma sala a personajes conocidos como el príncipe de Jordania o el director francés Michel Gondry con vecinos del barrio y turistas. “Aquí no hay diferencias ni espacios VIP, este es un sitio para todo tipo de gentes, gustos y paladares”, explica Boixet.

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