Diario de León | Martes, 21 de noviembre de 2017

Compaginar obligaciones

El duro trabajo del universitario

Estudiar y trabajar nunca ha sido fácil, pero con la implantación del plan Bolonia, que exige trabajos constantes y asistencia obligatoria a clase a los alumnos, se pone aún más cuesta arriba. Tan sólo un 1% de los universitarios leoneses compagina el grado con un empleo

20/03/2017

A. Calvo | León

Amaya Martínez se levanta pronto y a las 9.00 horas está en la Facultad de Económicas y Empresariales dispuesta a asistir a todas las clases. María Herrero se levanta un par de horas antes, a las seis de la madrugada, y comienza su jornada de trabajo en la base Conde de Gazola, es militar y forma parte de la unidad de drones del Ejército. A las tres, cuando termina su trabajo, aprovecha los semáforos para ir comiendo algo y llegar a la misma facultad que Amaya. Ella estudia en el turno de tarde. Sus clases comienzan a las tres y se alargan hasta las 20.00 horas. Las dos están volcadas en sus estudios, pero mientras que Amaya se dedica exclusivamente a estudiar, María forma parte del 1% de los universitarios leoneses que compagina su trabajo con los estudios.

La implantación del plan Bolonia y la llegada de los grados ha dificultado aún más la posibilidad de estudiar y trabajar, a pesar de que en muchos puestos de trabajo valoran positivamente la actitud de estos alumnos «que roban horas al sueño», como dice María, para poder cumplir con todas sus obligaciones. No hay nada escrito y oficialmente no consta que con Bolonia la asistencia a clase sea obligatoria, pero muchos profesores han aplicado este sistema que combinan con la evaluación continua y la entrega de trabajos prácticos para que los alumnos asimilen los conceptos impartidos en clase. Estos dos factores, son los principales escollos que deben salvar los alumnos que también trabajan.

En descenso

«Todo depende del profesor», concreta la vicerrectora de Actividad Académica, Alicia Rodríguez, quien determina que en la guía docente de cada asignatura figura la organización del profesor y que existe «cierto grado de presencialidad y que, en todo caso, cada alumno debería hablarlo con el profesor». Es más, la vicerrectora especifica que en el plan Bolonia «no se contempla la evaluación continua como la están entendiendo las universidades y los profesores, aunque no es presencial tampoco consiste sólo en examinarse». Pese a todo, incide que desde la Universidad de León se intentará dar «todas las facilidades» a aquellos alumnos que quieran compatibilizar estudios y trabajo.

Pese a todo, el descenso de alumnos que estudian y trabajan ha ido descendiendo progresivamente en los últimos años, según los informes elaborados por la propia Agencia de Evaluación y Calidad de la Universidad de León y aunque siempre han sido pocos, se ha pasado de un 2% hace tan sólo tres cursos al 1% actual, que contrasta con el 90% de los universitarios que sólo estudian, un 7% que cuentan con trabajos intermitentes y un 3% que tiene trabajos a tiempo parcial.

Tanto María como Amaya estudian ADE, una de las pocas titulaciones que cuenta con turno de mañana y de tarde, lo que da facilidades a aquellos que quieren o deben trabajar también. Además, María destaca que desde el Ejército le dan facilidades para poder estudiar o para asistir a exámenes dejándole «algún rato libre» para poder ojear algún apunte. Le gusta su trabajo en el Grupo de Obtención por Sistemas Aéreos y aunque podría tener continuidad en su puesto es previsora y estudia para poder garantizarse un futuro también fuera de la vida castrense. De momento, este año, ante la complejidad de compatibilizar estudios y trabajo, tan sólo se ha matriculado de tres asignaturas y continúa teniendo que «sacar horas de sueño y del tiempo en familia» para poder llevar a cabo todos los trabajos que le exigen en el grado. Los fines de semana son para estudiar y a veces también se pide vacaciones para preparar los exámenes. «Se lo hemos comentado a los profesores, que no todo el mundo se dedica sólo a estudiar, pero te evalúan igual que a los demás», comenta, aunque añade que aunque hay profesores «rígidos», algunos dan un poco más de «flexibilidad a la asistencia a clase», indica tras confesar que se ha perdido más de una clase porque no ha podido llegar a tiempo. «Lo primero es el trabajo, pero la carrera me la pago yo y con beca también tienes que tener buenos resultados para que te la sigan dando, lo que supone un doble esfuerzo», matiza.

El esfuerzo de Amaya también es considerable. Dedica entre dos y tres horas al día a estudiar y a realizar los trabajos que debe presentar a cada asignatura y también «los minitrabajos que te piden de un día para otro. La carga de trabajo es grande y hay una evaluación continua. Hay profesores que pasan lista y asignaturas en las que la asistencia a clase cuenta un 30%». «Mi día a día se basa en el estudio, algún deporte y actividades para no estar siempre estudiando» y aunque comenta que le gustaría encontrar algún trabajo para sacar algo de dinero, no se plantea que sea durante el curso, «tengo como propósito trabajar en verano, me parece una buena opción», comenta esta joven de 19 años.

Amaya Martínez se dedica exclusivamente a estudiar su grado de ADE. JESÚS F. SALVADORES