Diario de León | Martes, 24 de octubre de 2017

CORNADA DE LOBO

Papa negro

pEDRO TRAPIELLO 05/07/2017

Nunca se vio a un español dirigiendo la Congregación para la Doctrina de la Fe hasta que hace cuatro días el papa Francisco eligió a uno de su orden, jesuíta, monseñor Ladaria Ferrer, perfecto para prefecto del gran aparato burocrático vaticano que desde 1542 hasta 1908 se llamó Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición supliendo entonces a la inquisición medieval... y desde 1908 se llamó «del Santo Oficio» hasta que en 1965 Pablo VI le puso el nombre que hoy rige.

Es algo paradójica la ausencia de españoles en ese cargo con lo bien que se nos dan aquí los torquemadas; su vieja fábrica sigue funcionando y nos salen niquelados; en cada partido, por ejemplo, suele haber tres: el secretario de conflictos, el portavoz tertuliano y el encargado del twiter.

Y aquí llega monseñor Ladaria a un cargo que conoce por haber sido estos años segundo de a bordo... y ya es quien vigila que a la fe no le salgan grutescos, falsas doctrinas o aberraciones, el guardián del dogma y muñidor de la doctrina, casi nada, cargo que conlleva presidir otras tres comisiones pontificias: la de doctrina, la de disciplina y la de matrimonio... espesa burocracia vaticana, celestial y eternizada, quizá por ser la única del mundo que lleva veinte siglos acumulando papelote, legajos, catecismos y cánones, cuando al principio todo hacía pensar que con cuatro evangelios ya estaba todo dicho.

Vuelve el poder de los jesuítas, apunta Peláez; durante siglos fue tal, que al general de esa orden se le llamó Papa Negro (el padre Arrupe aún lo fue anteayer), pero hoy es Francisco el primer jesuíta Papa Blanco y otro jesuíta el primer español «inquisidor general», cuidadito). Vuelven. ¿Buena noticia? Los jesuítas siempre fueron muy suyos, pispos, gente de estudio, aula y fe militar... nacieron para competir con los dominicos que copaban la escena teológica hace quinientos años (siguen discrepando) y sus teólogos «de liberación» ya sacuden la pana y el terciopelo a la ortodoxia cardenalicia ahora que uno de los suyos es papa... y el otro, dueño de la doctrina luciendo además un sibilino sentido del humor.