Diario de León | Miércoles, 18 de octubre de 2017

París ensalza el genio de Fortuny

El Museo de la Moda explora la creación del artista, autor del emblemático Delfos.

05/10/2017

marta garde | parís

El legado del polifacético artista Mariano Fortuny y Madrazo, llamado el «mago de Venecia», tuvo en el emblemático vestido Delfos su máxima expresión, que el Museo de la Moda de París explora junto al resto de su creación, en una muestra con la que da por clausurada su temporada española.

Los cerca de 450 pliegues que confeccionan esa prenda de inspiración griega, cuyo bajo se abre como una corola, son la pieza estrella de la exposición Fortuny, un español en Venecia, que hasta el próximo 7 de enero llena las salas del conocido como Palacio Galliera. El creador granadino (1871-1949), hijo del también pintor Mariano Fortuny y Marsal, cierra un ciclo que comenzó el pasado marzo con una muestra sobre Balenciaga, y que prosiguió en junio con otra enfocada en los trajes tradicionales españoles.

Centrarse ahora en Fortuny con la que además es su primera retrospectiva en Francia, según dice a Efe la conservadora general del Galliera, Sophie Grossiord, era «imperativo»: «Era un inventor absolutamente excepcional», que dejó su impronta también en la escultura, la fotografía, la escenografía o la iluminación. «Su actividad en el ámbito textil solo se puede entender viendo todo su trabajo sobre la luz», explica de alguien que «no era un modisto, en el sentido de que propuso una obra muy limitada en cuanto a la tipología de prendas, que se mantuvo invariable en los años 10, 20 e incluso 30, y que estaba al margen de las corrientes».

El Delfos, patentado en 1909, fue en sus primeros años una prenda reservada para la intimidad del hogar, y la sensual forma en la que su corte escultórico se ajustaba al cuerpo femenino hizo que se decantaran por el mismo «mujeres emancipadas», actrices y bailarinas como Sarah Bernhardt o Isadora Duncan.

Reflejos de Venecia

La manera en que sus pliegues atraían y potenciaban la luz, según la conservadora, evocaban los reflejos de la laguna de Venecia, ciudad en la que se instaló en 1888 y en la que permaneció hasta su muerte, y a la que debe su apodo. El artista, «totalmente impregnado de la cultura veneciana», conoció a todas las celebridades del mundo cultural de la época, pero trabajaba «en la soledad de su palacio», donde compaginó su actividad textil con otras como la pintura o la fotografía.

El interés por los tejidos, explica Grossiord, le vino de familia. Su padre, además de un pintor célebre, autor de obras como La batalla de Tetuán o Desnudo en la playa de Portici, fue un gran coleccionista de textiles antiguos. El Palacio Galliera de París se ha nutrido de fondos propios y de préstamos del Museo del Traje de Madrid para exponer el fruto de esa inspiración, en la que también se pueden ver abrigos con estampados que emanan del Renacimiento italiano.