Diario de León | Domingo, 22 de octubre de 2017

La hormona 'leonesa' que elimina del cerebro los motivos para comer

La leonesa Lorena López Ferreras investiga en el Instituto de Neurociencia y Fisiología en la universidad sueca de Gotemburgo cómo reducir la ingesta de alimentos. Acaba de publicar los resultados en los que demuestra que una hormona del estómago controla en el hipotálamo lateral los motivos para comer. Hay diferencias entre hombres y mujeres

06/10/2017

carmen Tapia | león

La obesidad es una epidemia. Así lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 21 % de los adolescentes leoneses tienen sobrepeso y de seguir sumando kilos serán, con toda seguridad, adultos enfermos. Una alimentación sana y ejercicio ayudan a controlar el peso, pero la ciencia busca algo más. La investigadora leonesa Lorena López Ferreras trabaja como investigadora postdoctoral en el Instituto de Neurociencia y Fisiología en la Universidad de Gotemburgo, Suecia, bajo la dirección de la doctora Karolina Skibicka. López Ferreras acaba de publicar en la revista Molecular Psychiatry, del grupo Nature, que los receptores del GLP-1, en el hipotálamo lateral del cerebro, son cruciales en el control de la motivación por alimentos altamente gratificantes, del comportamiento con la ingesta y del peso corporal. «En nuestro trabajo hemos estudiado el efecto del GLP-1, una de las hormonas que se sintetizan en el intestino después de la ingesta de alimentos y que produce una sensación de saciedad. Los fármacos miméticos de este compuesto, com la exendina-4, que se utiliza en el tratamiento de la diabetes, apenas tienen eficacia contra la obesidad pero podrían ofrecer nuevas terapias porque hemos visto que en el hipotálamo lateral del cerebro funcionan como saciante».

El estudio se llevó a cabo en ratas, tanto hembras como machos, en los que se entrenó a los animales para realizar un esfuerzo para conseguir un pequeño terrón de azúcar. Los animales debían pulsar un botón para recibir la recompensa dulce. Tras conseguir el primer terrón, los animales tenían que pulsar más veces el botón hasta recibir la recompensa. «Una vez que los animales alcanzan un comportamiento estable, es decir, que en varias sesiones presionan el botón más o menos el mismo número de veces, inyectamos directamente en el hipotálamo lateral el fármaco exendina-4 y examinamos su efecto en la conducta de las ratas», explica López Ferreras. Y el efecto es que hay una disminución en la ingesta de alimento tanto para hembras como en machos y una disminución en el peso corporal en los animales tratados con exendina-4 en comparación con los animales que recibieron un placebo». Pero con el azúcar si hubo diferencias.

Los machos respondieron más al compuesto. Redujeron la cantidad de azúcar consumida y el esfuerzo necesario para conseguirla. Este efecto también se observó en las hembras que se encontraban en la fase del ciclo menstrual, por su alto nivel de estrógenos, mientras que no se encontró ningún cambio en las ratas con bajos niveles de estrógeno. «Este trabajo confirma una implicación del hipotálamo lateral en la motivación por alimentos altamente gratificantes de forma diferencial entre hembras y machos. Además, aporta información sobre los mecanismos de acción de diferentes fármacos y su acción sobre el cerebro y el comportamiento alimentario, abriendo la puerta al desarrollo de terapias más eficaces y personalizadas para el tratamiento de la obesidad», asegura López Ferreras.

La ‘motivación por alimentos altamente gratificantes’ contribuye de forma importante a la obesidad. Esa motivación se mide como el esfuerzo que un individuo puede llegar a hacer para conseguir un alimento muy apetecible, como por ejemplo el azúcar. «En este proceso están implicadas algunas zonas del cerebro, aunque aún se carece de información sobre algunas de ellas».

El hipotálamo lateral es una zona del cerebro que controla el comportamiento de la ingesta de alimentos, sin embargo no se conoce su implicación en el control de la motivación por alimentos apetecibles. El conocimiento de los efectos de algunos fármacos sobre esta zona del cerebro es importante para desarrollar estrategias para la prevención y el tratamiento de la obesidad.

El grupo de trabajo de Lorena López en la Universidad de Gotemburgo está interesado en el estudio del comportamiento de la alimentación analizando las conexiones entre el sistema digestivo y el cerebro con el bojetivo de encontrar terapias eficaces contra la obesidad. «Mi investigación se basa en el estudio y comprensión del mecanismo de acción de varias hormonas intestinales o reguladoras del apetito en diferentes partes del cerebro».

Para conseguir los resultados publicados en la revista Molecular Psychiatry, una de las publicaciones con mayor prestigio en el campo de la biología molecular y su relación con el comportamiento humano, López Ferreras ha tenido que enseñar a los ratones a trabajar para conseguir un terrón de azúcar. «Les doy mantequilla de cacahuete y el enseño a trabajar, a conseguir lo que quieren. Cuando están preparados para iniciar el experimento los preparamos para observar su comportamiento».

La obesidad y el sobrepeso, antes considerados característicos de las sociedades opulentas, están aumentando ahora en los países de ingresos bajos y medianos, sobre todo en las zonas urbanas.

Según estimaciones de la OMS, desde 1980 la prevalencia mundial de la obesidad ha aumentado en más del doble, registrando incrementos importantes en todos los países.