Diario de León | Miércoles, 17 de enero de 2018

MARINERO DE RÍO

Se benden avas

EMILIO GANCEDO 18/12/2017

Vi el letrero y me interesó el producto, el nombre era sugestivo, exótico, parecía aludir a algún tipo de fruta tropical, quizá una especie de aguacate criollo o de chirimoya andina. Pregunté a la tendera, apuntando a la cesta de la que sobresalía el cartelito.

—¿Y eso qué es?

—¿Eso? Pues qué van a ser, judías verdes. Fréjoles.

—Ah. ¿Habas?

—Sí.

—Es que escrito de esa manera, sin hache y con uve, parece otra cosa, ¿eh?

Cuando a la gente se le hacen esos comentarios, aunque sea con amabilidad y delicadeza, incluso con cierto humor, suelen mirarle a uno como si en vez de mostrar una falta de ortografía les hubiésemos mentado a la madre. Con ojo revirado, labio fruncido y gesto desafiante, lo mismo que si dijeran: «¡Pues vaya detalle sin importancia! Y además, ¿vas a comprarlo o no?». He de hacer constar que en el caso extremo de las avas (reproducir esa grafía causa dolor físico), la propietaria fue muy atenta y se mostró consternada por la paliza propinada al vocablo, pero en otros casos el comerciante se irrita o encrespa, por lo que la cruzada no resulta fácil. Y los caminos diarios pueden llegar a ser auténticos viacrucis donde los flagelos se llaman pan de urmiento, plaza de garage, produdto tradicional, escojer, elejir, inhalámbrico, sándwich con todo tipo de recombinaciones en sus letras y una incapacidad asombrosa para colocar correctamente tildes, comas y puntos. Hasta en las canciones de las radiofórmulas tropiezan las concordancias («tus latidos aceleran a mi corazón», canta Enrique Iglesias), pero claro, ¿qué puede hacer la sintaxis al lado del perreo?

Parece un tema menor y no lo es. Supone un síntoma de lo extraordinariamente abajo que hemos sepultado cosas como la lectura atenta y la escritura cuidada, reduciéndolas a un mero asunto estético, casi una opción personal, cuando en realidad constituye el andamiaje que sostiene todo lo demás. Sobre todo evidencian lo poco que se lee, la inercia, la apatía, la nula curiosidad, el bajísimo nivel general. Y si hablamos de redes, casi mejor dejarlo. A Facebook, como he leído por ahí, le falta un botón que diga: «Me gusta tu estado pero me angustia tu ortografía».