Diario de León | Martes, 22 de mayo de 2018

TRIBUNA

El último que eche la llave

José Antonio Diez Díaz portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de León y Secretario General de la Agrupación Municipal del PSOE 16/05/2018

Cuando León ha perdido más de 35.000 habitantes en lo que va de siglo, cuando decenas de poblaciones de la provincia amenazan con la desaparición por un éxodo económico y laboral no deseado y por un menos querido éxodo derivado de la falta de infraestructuras y servicios, cuando nuestros pueblos «languidecen» por no decir que desaparecen por falta de expectativas después de que murieran previamente las cuencas, cuando León es casi una tierra vacía, envejecida y solitaria… el PP ha decidido dar la puntilla a los pueblos.

Lo hace callada, sosegadamente, pero sin pausa.

Hace seis años estábamos batallando contra la desaparición de las juntas vecinales, ahogadas por una Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, que obligaba a las entidades locales menores a rendir las cuentas, acusadas sin motivo ni fundamento como las creadoras de un déficit público. Una gran mentira sostenida por un intento de tapar los casos de pésima gestión cuando no de manifiesta corrupción de las comunidades autónomas y los grandes municipios. Las juntas vecinales eran, sin embargo, las sostenedoras de la vida en muchas pequeñas localidades, las garantes de un reparto de los bienes comunales y del buen funcionamiento de servicios tan básicos como el alcantarillado o el alumbrado público. Nada de eso importaba al todopoderoso Montoro. La guerra estaba en otro lado.

Es necesario rehacer la administración, expresan desde el PP. Mancomunar servicios, ordenar el territorio, vertebrar la comunidad… ¡Qué bien suena! Este mantra junto con el de optimizar los recursos y redistribuir las inversiones, ha servido al Partido Popular para hacerse fuerte en la administración autonómica.

Muchos han querido ver en la continuidad la salvación de esos pueblos. Y, mientras tanto, se iban cerrando consultorios, amortizando escuelas, quitando líneas de tren, estaciones abiertas, paradas de bus, alejando los servicios básicos de tal manera que trabajar o vivir en un pequeño pueblo de León era de héroe. Ni banda ancha ni televisión digital acompaña.

Ahora, el PP asesta otro golpe a las pedanías. Pero pide Majo que sea en diferido que así duele menos, ellos lo saben bien.

La desaparición del vecino secretario que pudiera parecer intrascendente en las grandes capitales e igual hasta así se lo pareció al responsable de redactar el Real Decreto 128/2018 es un duro golpe para los pequeños pueblos. Decenas de pedanías de León intentaron ya salvar la disolución cuando nadie quería hacerse cargo de un trabajo ni pagado, ni reconocido ni agradecido. Cuando nadie quiere hacerse responsable de administrar estos bienes comunales que no conllevan estos cargos con tantas cargas.

Desde el PSOE hemos advertido ya una batería de acciones para frenar esta medida que supone un nuevo ataque al municipalismo. Otro más, derivado de un Partido Popular que no cree en él.

Es complejo poder salvar ahora los pueblos. Evitar la despoblación. Nadie tiene la solución mágica porque, en muchas ocasiones, va más allá de una cuestión económica. Factores familiares, psicológicos, ambientales incluso llevan al abandono de las pequeñas localidades y contra eso no hay acción política. Pero no nos engañemos; estos factores influyen en un bajo porcentaje del abandono del medio rural.

La ausencia de expectativas laborales a corto, medio y largo plazo, la falta de servicios básicos, el cierre de esos consultorios y colegios, la ausencia de medios de transporte accesibles y baratos, el cierre de la sucursal bancaria, del kiosco o del bar llevan emparejados una huida necesaria de jóvenes y mayores. Y contra eso sí hay medidas políticas. Pero, claro, tienen un coste.

Cuando León ha perdido más de 35.000 habitantes en menos de veinte años, parece increíble que el Partido Popular pida estrategias contra la despoblación. Cuando han dejado morir por acción u omisión nuestras cuencas y nuestras posibilidades industriales parece paradójico que sean ellos los que quieran enarbolar la bandera de la lucha contra la caída demográfica. Y más paradójico que quienes no llevan ni una vez en su programa electoral la palabra pueblo, quienes quieren hacer desaparecer las diputaciones quieran hacer de sostén de esta estrategia.

Tan en serio se lo tomó el Gobierno cuando se dio cuenta del desequilibrio territorial, y no solo local, que está generando esta pérdida de población que en enero de 2017 creó el Comisionado del Gobierno para el Reto Demográfico. No se preocupe si no sabía qué existía. Ellos, tampoco. Año y medio después no se conoce ninguna conclusión, medida, iniciativa ni estrategia que venga derivada de esta oficina que lleva (o sustenta) una ex senadora del PP.

Y sin estrategia no hay solución.

Acordarse de los pueblos solo para restar servicios, competencias o para el rédito personal o partidista es su estrategia, plan correcto para llevar a cifras de desierto poblacional. Enternece ver a Majo oponerse teatralmente pero sin ninguna solución sobre la mesa a un Real Decreto de su propio gobierno, al tiempo que el espolique de León en la Junta, Antonio Silván, que debería ser líder del PP de León en las Cortes de Castilla y León, nos entretiene cortando cecina...

Aparcar la aplicación del Real Decreto un año, hasta después de las elecciones como propone el presidente de la Diputación y del PP, se presenta como una estrategia de diez en ese camino para que León se cierre y que el último que eche la llave.