Diario de León | Domingo, 24 de septiembre de 2017

TRIBUNA

El carbón, al que dan por muerto, goza de excelente salud

Enrique López González Enrique López González 27/05/2006

Pas en y caten el «melón energético», la degustación es muy variada. A los representantes de la energía nuclear les parece claramente insuficiente el Libro Verde de la Energía elaborado por la Comisión Europea. Se sienten muy mal representados en dicho libro. Eduardo González, presidente del Foro Nuclear Español, defiende un subsector controlado por las eléctricas. ¿Controlado por las eléctricas, por qué? Se refiere a las eléctricas existentes antes de la fusión o las que queden después de la fusión o fusiones. Nada dice de la imposibilidad técnica de amortizar el potencial de peligrosidad de la energía nuclear, tampoco dice nada de la dependencia tecnológica de los proveedores, para enriquecer el uranio y de la escasez de uranio. Le parecen pocas las centrales nucleares españolas e insuficientes, a lo que parece, los 59 reactores nucleares franceses (y creciendo). Nuestros vecinos han convertido la energía nuclear en su pilar para la independencia energética, aunque sea un factor de inseguridad para toda Europa del que se habla poco o nada. Por su parte, Antonio Llardén, presidente de la asociación de empresas gasistas, Sedigas, cree que el gas natural es una excelente materia prima para generar energía eléctrica y compara la eficiencia energética del gas natural con una central térmica tradicional. El gas tiene un rendimiento del 55% y el carbón del 40%. Se cuida mucho de evitar comparar la eficiencia energética con las nuevas centrales de gasificación integrada que logran una eficiencia energética del carbón cercana al 80%. Además, como el gas es más fácil de extraer que el petróleo, pero mucho más difícil de transportar, nos ilustra con su lamento ante la fuerte dependencia que tiene Europa de Gazprom (Rusia) y Sonatrach (Argelia), oligopolios naturales, con tendencias constitutivas, centrales, a imponer las reglas del juego. La cuestión energética es algo más que un problema económico o logístico, es un problema de alta seguridad. Nuestra vulnerabilidad se ve agrandada porque somos una isla energética que depende de un muy reducido grupo de países poco fiables en sus suministros y en sus políticas. A peor, el debate energético es un debate interesado y muy sesgado y opaco, trufado de multitud de incertidumbres. Moviliza algo más que razones técnicas. Moviliza gigantescos negocios y mayores comisiones, es una vía para alcanzar la hegemonía geopolítica y sus decisiones afectan al corazón de la política y por supuesto de la economía. Es un debate que conviene seguir muy de cerca. Gráficamente Mariano Marzo, colega de la Universidad de Barcelona, dice que pasa lo mismo que cuando en una fiesta alguien se entera de que la bebida se está acabando y al principio, disimuladamente, se acerca a la barra para asegurarse el trago. Pero, poco a poco, se van enterando los demás... Así que, lo que al principio eran movimientos casi imperceptibles, acaban siendo auténticos codazos. Pedro Rivero, presidente de Unesa, patronal eléctrica española, no se anda por las ramas y asegura que el gravísimo problema de la dependencia energética de Europa se resuelve «disponiendo de compradores en las zonas de consumo capaces de decidir en las zonas de suministro, inestables en su mayor parte». Difícil ecuación. Parece querer imponer que el que paga manda y para ello sugiere fuertes empresas, campeones europeos, oligopolios de facto, para decidir el futuro de los precios en origen y el de la política en los países suministradores. ¿Pero cómo?, ¿pidiendo prestados soldados a la Casa Blanca, unos centenares de miles, o con la alianza de civilizaciones?, ¿cómo piensa bajar el doctor Rivero los precios del barril, del metro cúbico de gas, del uranio y de la tonelada de carbón?. El problema energético es un problema específico de seguridad. Su solución, sin embargo, es un problema intrínsecamente científico y tecnológico, no simplemente comercial. En un instante en que la demanda energética se está disparando, los suministradores saben que el talón de Aquiles de la economía mundial son los suministros energéticos. A la sofisticación tecnológica de las sociedades occidentales (todo se enchufa) se unen los grandes países en desarrollo cuya demanda energética crece a un ritmo del 12-15% anual. Únase la vulnerabilidad energética de nuestras economías a la explosión de la demanda y se comprenderá mejor la actitud de los suministradores. No pudiendo abastecer a todos la única opción es discriminar vía precios. Una catástrofe para los más pobres. El caso contrario, discriminar con criterios políticos o de afinidad cultural, es la guerra. Es un asunto de muy difícil gestión, y en cualquier caso, para cualquier supuesto, será a precios prohibitivos, proporcionales a la escasez de los recursos. Los grupos de presión alrededor del gas, del petróleo y de la radioactividad, se disputan los mercados internos y el dominio sobre el poder político y la opinión pública sin escamotear medios. No se puede decir lo mismo de Carbunión, la patronal del carbón. Está ausente y sigue instalada en una interpretación depresiva de su propio sector. Está atrapada, es verdad, en una lógica burocrática. Desincentivada, por un lado, por la pésima calidad tecnológica de las centrales térmicas nacionales, en la que se invierte poco y con desgana y enjaulada, por otro lado, a mayores, en la Política Energética Nacional dedicada a burlarse del carbón sin razón tecnológica y económica que lo justifique. La ineficiencia tecnológica de nuestras centrales térmicas de carbón, muy anticuadas, es una estrategia a mayor gloria de una deficiente combustión y aprovechamiento energético, a beneficio, claro, de los detractores del carbón y para insistir en los factores contaminantes de un combustible del que poseemos reservas para más de 10 generaciones. ¿A quién beneficia dicha estrategia, a qué grupos de presión? La economía leonesa ha tenido un sólido componente minero y lo seguirá teniendo en el futuro. Al carbón le ha llegado su segunda juventud. Es mucho lo que está en juego. El precio de la tonelada de carbón ha subido y seguirá subiendo. Si los españoles podemos pagar a 80 dólares el barril de crudo, dar la espalda al carbón, es obvio, es un criterio interesado. Las nuevas tecnologías de gasificación integrada con unidades de fraccionamiento del aire, logran una eficiencia energética en la transformación del carbón del 80%, reducen en un 75% la emisión de CO2 y eliminan casi en su totalidad el resto de contaminantes químicos. De ahí que no resulta extraño que Ernest Moniz, físico del MIT y ex-vicesecretario del Departamento de Energía de los EE.UU, en una entrevista el pasado 3 de mayo en Technology Review, tenga claro que en el cóctel de alternativas al petróleo, al gas y al uranio, a la radioactividad, se encuentra el carbón (limpio, responsable y ecológico). A corto plazo, la alternativa a los derivados del petróleo para el transporte son los derivados sintéticos que se obtienen del carbón. La alternativa a la dependencia energética, es nuestro carbón. La alternativa a la inestabilidad asociada a los suministros, es nuestro carbón. La alternativa a largo plazo a los combustibles fósiles es, probablemente, el hidrógeno y la red de energías renovables. Los españoles podemos realizar el tránsito apoyándonos en nuestro carbón y mejorando, aún más, las tecnologías que lo hacen posible. En el sector del carbón se crearán muchos puestos de trabajo. Se necesitan nuevas centrales térmicas de última generación, respetuosas con el medioambiente, desconcentrar el sector eléctrico y nuevos actores energéticos. El carbón tiene que subir a la red, en bien de todos, centenares de millones de megawatios. Somos legión quienes pensamos que, a nivel provincial, más allá del rojo-ladrillo, el color de la economía leonesa, además del todavía muy nebuloso e indefinido protagonismo en la sociedad del conocimiento, se avizora en blanco y negro, la remolacha (biocombustibles) y el carbón como paladines en la, necesariamente híbrida, estrategia energética española. Somos conscientes que el debate energético no es un debate neutro. Hasta el momento, es un debate que escamotea la verdad y en el que hay mucho en juego.