Diario de León | Martes, 21 de noviembre de 2017

CONTRACORRIENTE | MIGUEL PAZ CABANAS

Polvo eres

MIGUEL PAZ CABANAS MIGUEL PAZ CABANAS 10/02/2009

LA PASADA semana este periódico volcaba una noticia de la Agencia EFE que indicaba que, según un estudio aparecido en la British Journal Urology Internacional (el nombre invita a pensar en una sección de la masonería dedicada a los bajos fondos), los hombres que en su juventud habían manifestado un notable apetito sexual (sic), tendían en el futuro a padecer cáncer de próstata en mayor proporción que sus coetáneos menos libidinosos o fornicadores.

Yo no sé muy bien qué orientación ideológico-religiosa poseen estas investigaciones (que la tendrán, no les quepa duda), pero no me negarán ustedes que, en este contexto de pesadumbre y presagios sombríos, donde parece que la consigna es tener acogotada con predicciones apocalípticas a toda la población, este tipo de noticias añaden un plus de ensañamiento a la vida de los ciudadanos, especialmente a los que más padecen y peor les va. Porque no es casualidad que sea en los países pobres donde más se practica el sexo, habida cuenta de que en sus vidas los placeres occidentales suelen estar reducidos a la mínima expresión. Si encima ahora les vamos con la gaita de que follar -”además del sida y la sífilis-” puede acarrearles conflictos prostáticos en su madurez, pensarán con razón que este mundo, por gracia divina y por obra de los hombres (sobre todo, del pequeño grupo que se está riendo del resto), no es que sea un valle de lágrimas, sino un inabarcable páramo de miserias. A este paso, y con el miedo metido en el cuerpo, al personal sólo le va a quedar la televisión, el móvil y las iglesias. Vamos, la trinidad del consumo idiota. Y a poco que nos descuidemos, con la milonga de la salud (¡no vean esos programas ridículos!), nos acabarán neurotizando y convirtiendo en unos cagones. ¿No les da a ustedes la sensación de que nos están tomando el pelo constantemente? Sea como sea, puestos a elegir, mejor irse al otro barrio con las botas puestas -”o quitadas, en este caso-”, que con las hormonas desaprovechadas y hechos un pincel.