Diario de León | Sábado, 18 de noviembre de 2017

TRIBUNA | enrique lópez gonzálesz

¡Quien tenga enemigos no duerma!

02/04/2009

ESPAÑA en general y León en particular los tienen superl ativos. No se trata de aquellos «estorbos» que Jovellanos trató con ilustrado denuedo de aliviar, aunque todavía subsistan como costra de corindón. Ahora vivimos en un mundo donde los flujos financieros son globales y nadie es inmune a la tormenta y donde los daños colaterales acontecidos sobre la economía real son el equivalente económico de una bomba de neutrones: después del estallido quedan intactos los edificios y las fábricas, la riqueza física, pero desaparece la actividad económica.

No hay precedentes en la historia financiera de la coincidencia y el enconamiento de factores de riesgo como los que nos han caído encima: diarrea de la política monetaria, efectos no deseados de la innovación financiera, perversa valoración de los balances, descalabro bursátil, crisis de solvencia y de liquidez, tipos de interés y precios del petróleo muy inestables, secarral del crédito, rescates bancarios, etcétera. (www.dificyl.org/resources/ELG_Dificyl09.pdf). Todos estos factores afloran un muy preocupante cuadro de politraumatismo severo de falta de confianza. Por eso es tan peligrosa la crisis actual y tan prioritaria y urgente una respuesta adecuada. Si no acertamos a reorientar todos los esfuerzos en una dirección adecuada, España saldrá muy dañada de la crisis, «a la deriva» como señala el Dr. Krugman.

Pero como nos recuerda el Quijote: «donde una puerta se cierra, otra se abre», en sintonía con el proverbio chino: «afortunado el que vive tiempos interesantes». No todo es oscuridad: el momento contiene en germen posibilidades enormes para reinventar el futuro. Podemos maldecir la oscuridad o ponernos a buscar luminarias. Lo que está claro es que si no nos hacemos cargo de la coyuntura histórica, quedaremos a la deriva de tiempos aciagos.

Como muestra un botón: Tres años antes de mi nacimiento, el profesor Omar K. Moore del Instituto Tecnológico de Massachussets publicó un estudio («Divination, A New Perspective» American Anthropologist, 59, págs. 69-74) sobre las prácticas de caza de los indios Naskapi y Montagnais del Canadá, donde revelaba cómo los seres humanos en ocasiones nos desprendermos de nuestra racionalidad y costumbres para tomar decisiones que nos permitan seguir con vida. En condiciones normales, aquellos indios tenían patrones predecibles de caza, excepto cuando había escasez. Entonces la elección del lugar de cacería dejaba de ser racional para volverse aleatoria: quemaban restos del último animal cazado y hacia donde brotara la primera chispa se dirigían para una nueva cacería. Curiosamente su estrategia funcionaba. ¿Por qué?

Para el Dr. Moore tal comportamiento era deudor no de la buena suerte ni la ayuda de los dioses, sino más bien por que los indios abandonaban por completo sus viejos patrones de caza para dar lugar a una nueva forma de supervivencia ante el cambio de circunstancias, buscando alguna manada para cazar por lugares distintos a aquellos en los que solían hacerlo habitualmente. Dándole así la razón a Albert Einstein cuando aseveraba: «si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Aquí reside una de las llaves que abren la puerta de las soluciones, la clave que necesitamos para justificar el cambio: hacer las cosas de un modo distinto al acostumbrado, innovando, sin temer excesivamente al riesgo de la equivocación. Apostando por actividades o sectores con futuro, dejando de enterrar un euro más en sectores en declive, como erre que erre insisten, con protervia y henchidos de iniquidad y estulticia, los mismos «hombres de negocios» que han creado la crisis, haciéndonos olvidar que irremediablemente estamos incursos en la sociedad del conocimiento. Una nueva sociedad global redificada que demanda otra economía, la economía de la banda ancha: ¡son los «clicks» no los «bricks»!.

Como ejemplo otro botón más cercano: En León somos pioneros en el mundo, gracias al complejo cárnico Valles del Esla, que aúna a los ganaderos de tan paradisíaca zona dentro de un mismo proceso de producción, con un nivel excelente de calidad basado en un mecanismo de trazabilidad desarrollado por el CSIC, consistente en un microchip electrónico alojado en el estómago de cada animal, que permite realizar un seguimiento exhaustivo desde su nacimiento hasta la entrega del producto al consumidor final.

El siglo XXI avizora la era del conocimiento. Por eso somos legión los que, sin el menor atisbo de duda, demandamos formar parte de pleno derecho en las «comunidades inteligentes» cuyo ecosistema natural es la «broadband». ¿Cómo? Se podría empezar bajando drásticamente el precio del ADSL (incluso evitar peaje alguno haciéndolo gratis hasta el 2012, entendiendo la banda ancha como parte del servicio universal), pero con una calidad que propicie la total ubicuidad (que posibilitará liderar la Internet de las cosas y la movilización del conocimiento) y que garantice la disponibilidad y acceso de cualquier ciudadano y con la velocidad de bajada y subida que permita acceder en condiciones que el resto de países europeos envidien.

Nadie está exento de «pecar» de procrastinación. Es más fácil proponer reformas, que acometerlas. Se trata de un dilema similar al de dejar de fumar o mantener hábitos alimenticios saludables. Aunque seamos conscientes que fumar o tener una dieta con exceso de grasa y colesterol reduce nuestra esperanza de vida, en el instante de ponernos a ello, aparecen incentivos para decidir que será mañana cuando comenzaremos la dieta o dejaremos de fumar. El problema es que ese mañana supone varios años e incluso décadas. Ahora, los «búfalos» ya no están ahí y quizás pasemos hambre.

Podemos seguir rescatando lo que no es rescatable. Pero también podemos atenernos a las buenas prácticas de prosperidad, comprometidas en la atracción y retención de talento y conocimiento que pudieran propiciar el imprescindible «Invented in Spain».

Tenemos muchas amenazas bajo nuestros pies. Vale, ¿y qué?. Mi tío cántabro José Raba, retorciendo el aforismo chino recuerda: «Mar en calma no hace buenos marineros».