Diario de León | Martes, 17 de octubre de 2017

Carpanta

06/01/2010

Contracorriente miguel paz cabanas

A mí estas Navidades me ha dado la impresión de que la gente se ha atiborrado como nunca, que ha saqueado las tiendas como si fuera a estallar un conflicto nuclear o, previendo un futuro más frugal y espantadizo, que han optado por llenar la andorga para soportar la que probablemente sea, de unas décadas para aquí, una de las cuestas más empinadas de enero. Me lo corroboran los charcuteros, los pescadores, los carniceros, que al día siguiente de Año Nuevo, la gente no iba ni a por bicarbonato, que se habían quedado hibernando en los sofás, como si hubiesen preferido dejar en el tambor de sus estómagos la grasa entera, sin suavizantes ni calgonit para fundir los mazapanes. Me da a mí que lo que sucede es que retornan los tiempos de Carpanta, los lectores más jóvenes a lo mejor lo confunden con el nombre de algún político, pero otros muchos sabrán de quien hablo, y con él una época de sabañones y sopas de la beneficiencia, de braseros y luces tenues, que no están las cosas para consultar con serenidad las facturas de los gastos corrientes. Que no sé muy bien por qué se llaman de ese modo, dado que a este paso se van a convertir, a costa de apretarse el cinturón -”otra expresión que vuelve con fuerza, como si la adversidad siempre tuviese un color viril-”, en gastos onerosos o singulares, pero de corrientes poco.

Ante este panorama imagino que las autoridades y los que han provocado la bola apestosa que rueda por el mundo (me niego a llamarla burbuja, sólo faltaba que encima habláramos como la Srta. Pepis), nos recomendarán aplomo y resignación, y habrá incluso quienes -”ya vienen haciéndolo desde que advirtieron que no iban a pasar por la guillotina-” nos echen en cara nuestra falta de esfuerzo y austeridad. Pues nada, ya saben: a cubrir las rodillas y aprender de nuevo a zurzir, que no están los tiempos para más tomates.