Diario de León | Martes, 19 de septiembre de 2017

69

04/02/2010

Contracorriente | Miguel Paz Cabanas

V amos a dejarnos de tibiezas con esto de la edad de jubilación e ignoremos, sin menoscabo de algún incremento adicional de aquí a unos lustros, al 67, número mucho menos estimulante y afortunado que el 69, que introduce ese elemento mágico de los precios a 999 en lugar de a 1.000 y además nos sitúa en ese umbral donde muchos ya husmean el pútrido hedor de la fosa y de este modo se convierten, estadísticamente hablando, en cifras más cercanas a la defunción que al cobro de onerosas pensiones públicas. Vamos a dejarnos de tonterías y reivindiquemos lo que El Roto (el último francotirador lúcido) presentaba en su viñeta donde un tipo con aspecto doctoral le decía a otro con aire de constructor mafioso que lo que había que hacer para garantizar el futuro de las pensiones era hacerlas coincidir con la fecha de fallecimiento. Hagamos, pues, lo que parece que va a ser práctica común en Europa y dotemos a nuestras fábricas y oficinas de una estampa polvorienta y decimonónica, llenémoslas con series de empleados calvos y chepudos, arrastrando con pesar sus zapatillas de felpa, mientras un joven con varios máster les sirve una tila vestido de botones o les da friegas mentoladas de vicks vaporub. Sí, sigamos alimentando este sistema de competencia feroz que tan buenos resultados nos está dando para producir más y mejor y, si es posible, más barato que los chinos. E hinquémonos de rodillas para dar gracias al capitalismo, fuente de todo bienestar y virtud, dios devorador que nos permite fabricar burbujas inmobiliarias, coches para dejar fiambres en las carreteras, toneladas de objetos inservibles y millones de zombis sin empleo que a lo único que aspiran es a entrar en esa rueda para seguir sacando excedentes, microprocesadores y colchones que, siendo mucho mejores que los de lana, no se sabe por qué, te dejan la espalda hecha polvo.