Diario de León | Viernes, 26 de mayo de 2017

Bofetadas

18/03/2010

Contracorriente miguel paz cabanas

Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI y director del Coro de Voces Blancas de Ratisbona, reconoció recientemente que tirando de batuta endilgó alguna que otra bofetada a sus criaturas cantoras, desliz del que más tarde solía arrepentirse, aunque eso no evitaba que abandonara del todo su costumbre pugilística y la mantuviese con tenacidad cristiana durante casi tres décadas.

En medio del escándalo de los abusos sexuales de la Iglesia Católica alemana, lo de las hostias de este hombre con cara de roedor bondadoso puede que sea pecata minuta, pero a los que pasamos parte de nuestra infancia y pubertad entre los lúgubres paredones de una escuela católica, nos trae a la memoria recuerdos angustiosos y sombríos. Conozco a mucho pagado de sí mismo que, puro en ristre y con barriga de triunfador, reniega jocosamente de que a él lo traumaran los castigos físicos de cierta orden religiosa, pero el que esto firma no ha olvidado ni por asomo las humillaciones psicológicas («los últimos de la fila son una mierda», nos decían cada final de mes cuando se hacía recapitulación de las calificaciones escolares) y las agresiones que, como escarmiento por alguna conducta poco académica, nos aplicaban con fruición los Hermanos del colegio. Qué guantazos y qué chorradas nos mandaban hacer en aquellos ejercicios espirituales donde como penitencia, subíamos por el monte con garbanzos metidos en los zapatos. De aquel ambiente mi memoria repudia hasta el olor a lejía peleona de los pasillos y aquellos rostros furibundos y a la vez sarcásticos que nos pintaban un mundo de sacrificios indecibles, donde sólo unos pocos prosperarían modestamente y el resto se pudriría en la pobreza o la ignominia. A lo mejor, desde aquella morbidez siniestra, están celebrando ahora las tortas que repartieron.