Diario de León | Sábado, 27 de mayo de 2017

La ética de una bala de fogueo

30/06/2010

Contracorriente | MIGUEL PAZ

L a rutina y el conformismo de la gente acaban siendo una forma de envilecimiento, como lo es la hipocresía de los poderosos, que se valen de las primeras para mantener su status y prorrogar con mentiras la corrupción del mundo. Es curioso que en este solsticio de verano casi nadie haya dedicado unas palabras al último recluso asesinado en USA, bajo la connivencia de su Presidente (autor de discursos éticos inmortales) y la urgencia voraz de los teletipos. Y es aún más desasosegante que la forma de exterminarlo, con un pelotón de ejecución en el que un verdugo disparaba un cartucho de fogueo (para suavizar la culpa, expresaron los jueces), no haya removido los estómagos y suscitado pesadillas en más de un intelectual lustroso. Porque a la atrocidad del crimen bíblico se une la de esa bala inofensiva, convertida en la metáfora más siniestra que uno pueda concebir: como si esa celda de la muerte representara el mundo y el cartucho de fogueo, que nadie sabía de qué fusil saldría, la oportunidad cínica de enmascarar nuestra responsabilidad. Se me ocurre que esos hombres regresaron a sus casas ignorando quiénes fueron los asesinos anónimos, pensando cada cual, seguramente, que quizás habían sido los otros. Se me ocurre que, a nuestra manera, también nosotros nos sentamos en nuestros sofás desterrando la culpa y pensando que no nos atañe nada de lo que ocurre. Que la pobreza, los abusos y la mediocridad son males universales y que, al igual que nuestro compromiso moral o la educación de nuestros hijos, se trata de asuntos que no deben inquietarnos demasiado. Que todo es de fogueo, en suma, incluso el pensamiento y las decisiones que tomamos sobre el futuro. De este modo, parapetados detrás del cristal antibalas de nuestro cuarto, los días seguirán su curso y sólo de tarde en tarde, al fondo del pasillo, nos parecerá oír una oscura y opresiva detonación.