Diario de León | Jueves, 19 de octubre de 2017

Cuando la costumbre se hace ley

El alcalde de León descubre la placa que a partir de ahora hace oficial el nombre de Plaza de las Concepciones para la célebre zona en la que se ubica el convento.

miguel ángel zamora | león 09/12/2011

La zona conocida a nivel popular como Plaza de las Concepcionistas, el área ubicada frente al convento de las monjas de clausura del mismo nombre al inicio de la calle Fernández Cadórniga, tiene desde ayer la misma denominación pero ahora de forma oficial, tras el acto protocolario en el que el alcalde de la capital descubrió la placa que da nombre a la zona, aprovechando la festividad de la Inmaculada Concepción, en la que el Ayuntamiento entregó a la congregación un aguinaldo de 540 euros como tradición que da por inaugurada la Navidad en la capital. Ya el año pasado se redujo el importe un 40% con respecto al ejercicio del 2009, cuando se llegó a los 970 euros, pero en previsión de las políticas de recortes que se avecinaban, la donación se redujo notablemente. Y en la misma línea, este año se ha mantenido el importe.

Gutiérrez estuvo acompañado en el acto por la mayor parte de la corporación municipal. Tras la misa presidida por el padre Miguel Ángel del Río, el dominico que se ha hecho cargo de la novena a lo largo de estos últimos días, procedió a descubrir la placa que da nombre a la plaza y a entregar a las madres concepcionistas una réplica de la nueva virgen que luce en el retablo de la iglesia, para agradecimiento y sorpresa de las religiosas.

«Las condiciones económicas nos obligan a hacer un esfuerzo de imaginación para celebrar la Navidad con menos medios que otros años y a pesar de que la inversión en decoración y en luz va a ser menor, animamos a los leoneses a disfrutar de estas fiestas», explicó el regidor.

Sones de fiesta. El clarín y el tambor acompañaron la llegada de la corporación al convento, aunque en ausencia en esta oportunidad de los maceros de gala habituales otros años. La misa se celebró al abrigo de los braseros que antaño daban calor y que ahora cobijan un gesto tradicional, según explicó a este periódico José Antonio Fresno, coordinador del libro El convento de la Inmaculada Concepción de León, historia, arte y vida monástica, presente en el acto.

El himno a León tampoco faltó en el evento que en su segunda parte se desarrolló en la Plaza Mayor, junto a la esquina en la que se asienta la hornacina de la Virgen de la Plaza que rememora «los trágicos episodios del 7 de junio de 1.810 que desembocaron en los luctuosos sucesos que tuvieron como escenario el Corral de San Guisán, lugar sitio en el barrio de Santa Marina que trae siempre a nuestra memoria el trágico incidente del coracero francés», tal como subrayó en su discurso el historiador Máximo Cayón Diéguez, Se refería a aquel capítulo de la historia leonesa en el que las tropas de Napoleón tuvieron que enfrentarse en varios puntos de la ciudad a los leoneses, que se encontraban en franca inferioridad. Un coracero galo se desplomó por la escalerilla que da salida al pasadizo de Puerta Sol y la creencia popular de que la intervención de la Virgen permitió al pueblo leonés librarse de la acometida del ejercito del país vecino dio paso a la decisión de instalar la talla de la virgen en aquel punto.

Corporación y público entonaron una salve cuyo canto se instauró en 1927 de la mano del insigne periodista leonés Carmelo Hernández Moros «Lamparilla». A iniciativa suya, el Ayuntamiento de León restauró en aquel año la urna del Cristo de Matasiete y a manos de algún desalmado, el Crucificado desapareció la noche del 2 de octubre de 1976. Es por eso que Cayón se atrevió a solicitar al alcalde la reposición del Cristo y la restauración de la hornacina en la que se ubica «en el ángulo sureste de la Plaza Mayor de León», según leyó el propio Cayón. «Se trataba de unatalla de enorme valor sentimental pero escasísimo mérito artístico y con ello, el rincón no fue más bueno. Por eso esta propuesta, que avalan algunas almas piadosas, lleva consigo el sentimiento de la gratitud por anticipado», aseveró el hermano del concejal de Turismo.

Un villancico. No fue el único cántico de la mañana. Antes, a las puertas de Las Concepcionistas, habían sonado los ecos de Campanas de Belén, el villancico que según testimonios recogidos ayer a pie de calle, había entonado a regañadientes en anteriores mandatos y que en esta oportunidad encontró menos divergencias en la intencionalidad. Cosas de los tiempos (y de los colores).