Diario de León | Martes, 17 de octubre de 2017

Trepar en horas de trabajo

Teamtowers es una actividad pionera en León en la que equipos de empresa o deportivos aprenden a construir torres humanas para mejorar su organización .

marco romero | león 05/01/2012

Las técnicas de recursos humanos se renuevan a velocidades supersónicas. La más novedosa aplicada en León llega de la mano del proyecto Teamtowers (torres en equipo), una actividad programada por expertos en comunicación, música y nuevas tecnologías que utilizan la experiencia de las ‘colles castelleres’ de Cataluña para crear una nueva herramienta de formación y mejora de las relaciones de equipos, ya sean de trabajo, deportivos, incluso turísticos.

Y al contrario que los medios convencionales de ocio profesional, donde lo habitual es fomentar la descarga de adrenalina disparando o golpeando al compañero, esta fórmula fomenta el buenrollismo. Incluso el sentido común. «Hay proyectos que es imposible de acometer en solitario, como un castell (torre humana catalana), y esa es la clave», explica Àlvar Solache, responsable comercial y socio. Afincado en la capital leonesa desde hace años y promotor de ideas como el banco del tiempo, este joven originario de Vilafranca del Penedès es experto en gestión de recursos humanos y uso de Internet como medio de comunicación y trabajo en equipo.

Donde todos valen mucho. «Yo trabajaba en la dirección de recursos humanos a través de la Universitat Oberta de Catalunya. Éramos cien personas de todos los perfiles y todo el mundo era importante: ingenieros, diseñadores... Pero faltaba espíritu de equipo, el ingrediente que lo junta todo». Su mundología y el hecho de conocer a uno de los mejores castellers de España le hizo pensar en la idea. «Este chico, que le conocía desde el instituto, organizaba talleres con turistas. Vi cómo lo desarrollaba y en un par de horas les enseñaba a hacer un castillo de cuatro o cinco pisos; eso a la gente le encantaba. Si hay un objetivo común, si todo el mundo hace bien su tarea, todo sale bien», mantiene Solache en un tono inusualmente optimista en estos tiempos.

Así nació el nuevo proyecto. Fue hace siete años. En aquel momento, muchas grandes empresas se subieron al carro y probaron la misión de Solache: despertar el espíritu de equipo a partir de convertirse en una colla. ¿Y cómo? Según él, muy fácilmente. «Al final lo que se trabajan son habilidades y valores que se resumen en las cinco ces: confianza, comunicación, compromiso, complementariedad (todos son igual de importantes) y concentración». Lo han experimentado en Israel, Alemania, Chile, Checoslovaquia, Italia e India. Su conclusión es que «cuantos más sean, más grande va a ser el proyecto». «Es algo integrador porque hacen falta todo tipo de perfiles para sacarlo adelante, desde el chaval valiente que sube a lo más alto hasta la abuela que le sujeta en ese momento los zapatos; es voluntario, pero siempre hay un objetivo común».

Con dulzaina y tamboril. Después, llevar todo eso al ámbito de la empresa no resulta complicado porque son los propios participantes los que van comentando las conclusiones al finalizar la torre. «Suelen írse convencidos de lo importante que es confiar en los de abajo». El taller siempre se desarrolla con la compañía de un dulzainero y un tamborilero y también siempre se toca la misma canción. No es que no conozcan otra, sino que cada estrofa si relaciona con un movimiento de la torre. Es decir, el ascenso de un casteller suena con una melodía concreta, al igual que el descenso o su llegada a la cima. Esta forma de levantar la torre humana es importante porque la base nunca ve lo que sucede. «Por eso trasladamos a las empresas la idea de que la comunicación es tan importante. De esta manera todos saben dónde están y se reduce la incertidumbre».

Como un empleo. Como una empresa, un castell es una construcción humana formada por diferentes pisos y con una estructura planificada. Aquí todo encaja porque existen criterios muy estrictos para levantar la torre y hacer piña. Uno de ellos es el trabajo en equipo. Una reflexión que hace constantemente el casteller es que si está trabajando más cómodamente y con más espacio es probable que en otra parte del castell estén sufriendo más y con mayor carga de trabajo.

Algo poco conocido del funcionamiento de estas torres es que el equipo técnico que dirige a los castells se reúne periódicamente para discutir la ubicación de cada cuál y corregir posiciones si es necesario. Solache asegura que los que siguen uno de sus talleres acaba convencido de que valores como el esfuerzo, el sufrimiento anónimo y el éxito efímero son esenciales para emprender un proyecto colectivo, ya sea en un trabajo o en el fútbol.