Diario de León | Martes, 27 de junio de 2017

RÍO ARRIBA

El color del dinero

MIGUEL PAZ CABANAS 28/03/2012

¿Quién puede imaginarlo como el poderoso caballero que describiera Quevedo, vestido con túnicas de lino recamado y calzas de seda? Ahora resulta difícil ponerle color y aunque muchos se lo imaginan como los banqueros genoveses del insigne poema, el dinero ha logrado convertirse en algo abstracto, en un fin en sí mismo, en una especie de entidad ontológica que escapa al razonamiento de los mortales.

¿Dónde está el dinero, quién lo disfruta o lo toma ávidamente? ¿Cómo concebir esas cantidades pasmosas, de fábula, que pululan a través de indetectables metástasis financieras? ¿A dónde irán a parar esos ochocientos millones de euros que se supone sanearán los balances decrépitos de Caja España-Duero; o peor aún, dónde han acabado los cien mil millones en avales y ayudas que han recibido los bancos y cajas españolas?

¿Cómo contar con las yemas de los dedos —sin que se carbonicen— los cuatrocientos mil millones que esas mismas entidades tienen apalancados entre constructores y promotores inmobiliarios, en ladrillos que no hubiesen resultado tan caros de haberse fabricado con oro?

Y eso que, respetados lectores, nosotros solo representamos la punta del iceberg, una pizca de capital en medio de las masas monetarias del mundo… ¿Quién puede concebir la cantidad estratosférica de machacantes que vuelan por USA y Europa? ¿Sabían, como nos recordaba recientemente el economista Félix Ovejero de Lucas, que el precio de los rescates americanos equivale a la suma de la compra de Louisiana, el Plan Marshall, las guerras de Corea y Vietnam, la invasión de Irak o el presupuesto de la Nasa en sus viajes a la luna juntos? ¿Cuánto dinero es eso? ¿En qué corporaciones, fondos, estructuras, plataformas o burdeles está abducido?

El dinero invisible, como una pella amorfa y líquida que viaja por los intestinos del planeta, una enorme bola fecal que fluye entre los movimientos peristálticos de las bolsas. Dicen que una buena parte lo almacenan los chinos. Va a ser eso, que mientras en el resto del mundo padecemos un estreñimiento crónico, el dinero, convertido en bilis, solo facilita la digestión de los rollitos de primavera. A ver cómo hacemos aquí, que se nos mezcla la mojama andaluza con el lacón con grelos.