Diario de León | Martes, 24 de octubre de 2017

Joaquín Pérez Azaústre

«La cultura es la única arma de la que disponemos para rebelarnos»

El escritor cordobés presenta esta tarde en la librería Alejandría su poemario ‘Vida y leyenda del jinete eléctrico’, revisión crítica y combativa de una actualidad dominada —de nuevo— por el egoísmo.

E. Gancedo | León 13/03/2014

Poeta merecedor de prestigiosos galardones como el Adonáis y el Loewe, narrador que ha publicado novelas en Anagrama y Seix Barral y que ha recibido elogios de Gimferrer, García Baena y Anson, el cordobés Joaquín Pérez Azaústre presenta hoy en la librería leonesa Alejandría su poemario Vida y leyenda del jinete eléctrico (premio Gil de Biedma). Una ciudad que es su «talismán» por el recibimiento que siempre le ha dispensado y por el respeto que le merecen sus creadores.

—¿Por qué ahora este cambio de registro poético, con mirada hacia la actualidad incluida?

—La escritura de Vida y leyenda del jinete eléctrico es el resultado de tres momentos: poético, personal y colectivo. En el plano literario, hacía ya tiempo que rondaba al poema largo, y me apetecía darle el sentido total, caudaloso y torrencial de cualquier existencia. En lo individual, tras la auscultación biográfica que supuso Las Ollerías, ya no sentía la necesidad de hablar de mí, sino de cómo me sitúo ante lo que sucede aquí y ahora, y con qué argumentos puedo plantear una respuesta de aceptación o rechazo. Y eso entronca con lo colectivo: el decaimiento general, la sensación continua de un abuso, la crisis de la democracia, los recortes de las libertades, el engaño establecido como comportamiento institucional, los movimientos cívicos y el afán gubernamental por controlarlos o, peor aún, por deslegitimarlos.

—Y ahí entra el título de este largo poema de más de mil versos, sin signos de puntación y escrito todo en minúscula...

—Sí, está inspirado en una película de Sidney Pollack protagonizada por Robert Redford y Jean Fonda. Siempre me ha parecido que en la filmografía de Robert Redford, como director, actor y productor, se podía seguir el rastro de los principales conflictos ciudadanos del siglo veinte, que en estos momentos regresan con más fuerza.

—¿Cuáles son, exactamente, esos problemas?

—El poder frente a la libertad de expresión, la fe en los sistemas penitenciarios como regeneración del individuo o como respuesta represiva, la crisis del medio ambiente, con los efectos que todos conocemos, la necesidad del regreso a la naturaleza como fundamento de nuestra identidad, la reivindicación del individuo y sus propias decisiones frente a las masas dirigidas, los derechos ciudadanos y las libertades públicas frente a las políticas que buscan recortarlos, si no suprimirlos directamente, con la oportuna coartada de la seguridad, los estados policiales disfrazados de falsas democracias… Todo eso está en películas como Todos los hombres del presidente, Brubaker, Los tres días del cóndor, Tal como éramos, El candidato, El río de la vida o El jinete eléctrico

—¿Cree que existen vías factibles y efectivas, para la rebeldía, para la lucha contra la injusticia, desde el mundo de la creación, hoy en día? ¿O son todo juegos florales?

—No sólo lo creo sino que para mí no hay más camino que ese. Como lector, como consumidor de cultura, disfruto de todas las posibilidades de ésta, también del arte por el arte, pero como creador, y te lo digo sinceramente, me he decantado por una literatura no ya reivindicativa sino combativa.

—¿Qué le gustaría despertar, en la mente y el alma del lector, con este nuevo poemario?

—Me gustaría alentar sentimientos de indignacion gracias al calor que nos da la alta cultura. Lucho contra la separación clásica entre alta cultura y rebeldía, pues la primera, en su versión más auténtica, es la que ayuda a la segunda, eso es lo que hace que la cultura sea un arma cargada de futuro. El nuestro es un país de dicotomías simples, por ejemplo entre compromiso y estética, ¿no pueden coexistir ambas? Si desde hace 3.000 años coexisten: son esos clásicos que hacen mejor a quien los conoce respecto a quien no los conoce.

—¿En qué momento creativo se encuentra, en qué ‘punto kilométrico’ del camino?

—Me planteo muchas cosas... he sido defensor del arte por el arte y de la metaliteratura, pero ahora me hallo en tránsito. Creí que esta situación era una oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos, pero veo que estamos tan preocupados por nosotros mismos como siempre: antes, bajo la marca de la opulencia, ahora, de la supervivencia; en ambos casos nos negamos a mirar a nuestro alrededor. Así que he llegado a la conclusión de que la escritura por sí misma quizá no sea suficiente y que debe estar al servicio de algo más grande: las grandes obras son las que cuentan con una vinculacion grande entre ellas y el momento en el que se escribieron. Por otro lado, te adelanto que en breve ultimaré una nueva novela...

—Se aprecia en el libro una gran presencia de la cultura grecolatina...

—Sí, especialmente de Homero, y más de La Ilíada que de La Odisea. Me interesa el concepto de la escritura de combate, de cómo la palabra, además de salvarnos, puede hacernos más fuertes y asentar nuestros pasos en entornos adversos.

Lugar: librería Alejandría (Fajeros, 2).

Hora: 20.00.