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ª1. La investigadora de cómics

Inés González Cabeza. Premio de la ULE, sostiene que con este medio se puede divulgar salud.

 

ª1. La investigadora de cómics -

SUSANA VERGARA PEDREIRA | LEÓN
21/02/2017

«Elegí humanidades porque era algo diferente a lo que había visto en mi vida académica anterior». Inés González Cabeza está fuera de la norma. Esta joven brillante de 23 años, que es premio extraordinario de la Universidad de León al mejor expediente de su carrera, es una investigadora cum laude del cómic. Y sobre esta expresión de la literatura ha elaborado una trabajo de investigación que ha obtenido no una, sino dos matrículas de honor.

Inés González Cabeza, a la que siempre le había encantado leer y le llamaban la atención las lenguas, la historia y el arte pero que nunca se había planteado «que eso se pudiera estudiar en profundidad», ve la novela gráfica como «un espacio para contar historias complejas mediante técnicas narrativas únicas». Ahora, para su tesis doctoral, ha elegido el tema de la enfermedad, «que es recurrente a lo largo de la historia de la literatura y de las artes en general pero sólo recientemente ha comenzado a ser explorado en el cómic», explica.

«Lo que más me atrae de este proyecto es su carácter interdisciplinar, pues ya ha sido demostrado que las narrativas clínicas y relatos patográficos en forma de cómic pueden contribuir a la actividad didáctica y divulgativa de la medicina y el cuidado de la salud. También es muy interesante explorar las metáforas visuales que los creadores de cómic emplean para acercarnos a la realidad subjetiva de quienes padecen la enfermedad, algo que trasciende el conocimiento científico de la misma y que se manifiesta en géneros como la memoria gráfica», añade.

Está haciendo el doctorado y su tesis va, claro está, sobre narrativas clínicas y descripciones de enfermedades en el cómic actual, además de trabajar con una beca en el Biblioteca General San Isidoro de la Universidad de León y colaborar con Tulectura, —«que es mucho más que el club de lectura de Universidad de León», apostilla— administrando sus redes sociales, publicando textos en su blog y ayudando en la organización de coloquios y eventos.

En la biblioteca de la ULE ha descubierto una nueva pasión: la biblioteconomía, la información y documentación y «sobre todo, las actividades de fomento a la lectura, que me parecen fascinantes».

Cree «firmemente» que los estudios literarios deben estar listos para abordar los retos que nos plantean las nuevas tecnologías. «Como soy una entusiasta de internet y de la cultura de masas, no me hubiera importado dedicar mis investigaciones a la narrativa de los videojuegos, un tema que me apasiona desde hace tiempo y sobre el que me gustaría escribir en el futuro», anuncia.

Describe a los millenials como una generación —la suya— con «unos niveles de ansiedad y depresión alarmantemente altos, y yo misma no estoy exe?nta de estos problemas. Basta un rápido vistazo a la realidad circundante para darse cuenta de que un título de educación superior ya no es una total garantía de futuro y de que, dadas las circunstancias económicas y el desinterés de las instituciones, el éxito ha dejado de depender únicamente del esfuerzo propio. La situación es especialmente desesperada para los estudiantes de artes y humanidades, disciplinas fundamentales para el progreso de una sociedad que constantemente las desprecia e infravalora».

Cree que cualquier actividad relacionada con la divulgación, la investigación o la docencia, preferiblemente en el ámbito de los estudios culturales o la literatura, sería su salida profesional ideal.

«Estudio un doctorado para algún día poder estar cualificada para ser profesora universitaria, pero no me cierro a ninguna opción que pueda ofrecerme estabilidad e independencia en el plano económico, algo cada vez más difícil de conseguir. Me gustaría quedarme en España, aunque nunca me negaría a irme a otro lugar si se me ofrecen mejores expectativas de futuro que las que tengo aquí. En todo caso, el mundo académico es tremendamente competitivo y conseguir acceder a un puesto estable es una tarea más que complicada, y no sólo en España», dice.

También cree que «es increíblemente complicado conseguir financiación para la investigación, especialmente en humanidades».

«Este año he solicitado varias becas de investigación pero las perspectivas de conseguir una son poco halagüeñas. Descubrí que la Universidad de León, por ejemplo, tan sólo oferta cuatro becas de doctorado para toda la universidad, lo cual me resulta incomprensible. Es deplorable que la formación de sus investigadores no sea algo prioritario para la Universidad», apostilla.

Hay algo más en su denuncia. «A día de hoy, no he conseguido financiación para mi proyecto de investigación y las probabilidades de conseguirla en el futuro inmediato parecen escasas, al igual que les sucede tantos otros jóvenes doctorandos. No ha perdido las ganas de seguir estudiando.

Su mensaje: «No dejes que una mala experiencia en el ámbito académico te haga creer que no eres valioso».

   
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