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la entrevista. Ángel Alonso. Catedrático de sistemas y automática

«La nertra pondrá a prueba nuestra capacidad como nación»

N o era fácil la automatización del tráfico, del transporte y no ha dejado de intentarse. Sin embargo, desde los inicios de la motorización del desplazamiento la elevada siniestralidad ha sido siempre el enemigo a batir. No somos buenos al volante.

A. Calvo | León
13/12/2016

 

El catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática Ángel Alonso preside el capítulo español de Auvsi, la organización estadounidense líder mundial en robótica y automatización. Ha escrito Idolatría en las Matemáticas y prepara Vebor, la salida del laberinto. Actualmente también dirige el grupo de investigación Proyecto Drotium actualmente está volcado, junto con todos los integrantes de Auvsi Spain en la preparación del Congreso Diálogo 2017, que se celebrará en el León del 8 al 11 de febrero y que tiene como objetivo facilitar el despliegue de la Nertra.

—¿Cómo llega al Proyecto Drotium? En principio, parece no haber mucha conexión entre sus trabajos relacionados con la automatización del conocimiento, el lenguaje Vebor y la movilidad.

—La relación es muy estrecha. Cuando el conocimiento, el que se posee, se hace preciso, la automatización es abordable. El lenguaje natural, altamente ambiguo, plantea muchos problemas. El lenguaje numérico es automatizable, pero lo que automatizamos son procedimientos, que necesitan recibir el contraste de la realidad. No todo lo que se puede formular matemáticamente puede convertirse en realidad. Lo que los hombres podemos hacer y demostrar tiene muchas, pero muchas, limitaciones. La ambigüedad del lenguaje natural es muy útil para facilitar la conversación, pero algo menos para transmitir conocimiento. Más del 50% de la comunicación entre humanos es fallida casi al completo. Las parejas no se entienden, los padres y los hijos tampoco, entre compañeros, con los vecinos, con los amigos… hablamos pero no nos entendemos, lo que genera incomprensiones y sinsabores. Una conversación entre dos personas, supone mucho conocimiento sobreentendido, al que no se alude directamente, pero que es imprescindible para hacer posible la conversación. Sin contexto y sin compartir muchos elementos de cultura y de conocimiento, la conversación es imposible. Nos basta para relacionarnos un 5% de éxito en la comunicación. Los artículos científicos suelen estar precedidos por una apartado de definiciones, para acotar el contexto y alejarse de los doble sentidos. El problema de Siri (el asistente oral de Apple) es que cuanto mejor simula nuestra forma de expresarnos, más ambiguos se vuelven los resultados. El asunto se supera con reiteración de preguntas hasta que se logra acotar bien el contexto. Se comporta como un buscador. Necesitamos filtrar sucesivamente las búsquedas hasta lograr el objetivo. La inteligencia artificial detrás de Siri es espectacular.

—¿Y qué le pasa al lenguaje numérico, a las matemáticas, ahora que tanto se habla de algoritmos y de algoritmos avanzados?

—El lenguaje numérico, las matemáticas, como el lenguaje natural son tremendamente útiles, no podemos vivir sin ellos. El problema de las matemáticas está en la matemática continua, que no respeta la realidad y nos lleva a callejones sin salida. La inteligencia artificial está virando hacia los algoritmos con contexto, que resuelven problemas con contexto, reales. Esto es, con variables finitas. Y es por este lado por donde llego a la conducción autónoma, no tripulada. Y ocurrió hace años, cuando yo mismo acepto que la conducción de un coche o lo que fuere se produce en un contexto definido y es, entonces, susceptible de automatización.

—¿Pero un conductor, al volante, puede hacer muchísimas cosas?

—No es cierto. Eso es una ilusión. Puede hacer lo que le permite la máquina y las leyes, las de la naturaleza, las del código de circulación y el resto del acervo jurídico. Puede hacer las cosas que le permite el código de circulación, que son limitadas y por si acaso, por si no las hace, existe autoridad con competencias para el castigo punitivo (incluido el bloqueo del vehículo y su ingreso en prisión). No podemos hacer lo que nos de la gana. Además, como cada conductor es un mundo, para impedir el caos, el tráfico se organiza por lotes (semáforos). Por tanto la conducción es un problema finito. ¿Cuántas cosas puede hacer un conductor en un embotellamiento, además de perder los nervios? Las estrategias de inteligencia artificial que se propusieron imitar el comportamiento del conductor humano, usando algoritmos de aprendizaje, están virando sobre su eje. No tiene ningún interés imitar a los conductores. La propia experimentación ha demostrado que somos muy malos conductores y además, en exceso, imprevisibles. ¿Qué aportamos, en tanto conductores, al tráfico? Aportamos caos. Nuestro caos ha convertido el tráfico en ingobernable, perjudicando el éxito personal y social. Añádale el tipo de propulsión (hidrocarburos) y se dará cuenta de que tenemos un problemón de muchos quilates. León es una ciudad pequeña con sus propios problemas. Traslade el problema a las megametrópolis y eche cuentas.

—¿Habrá mucha gente que ponga en duda que un robot es mejor conductor que él mismo?

—Pues lo lamento. La tecnología no es desinventable. Si tuviera que montar un armario grande y no dispusiera de un atornillador eléctrico tendría que aceptar que empleará diez veces más de tiempo y que se cansará en la misma escala. La historia nos demuestra que las automatizaciones han sido irreversibles. Son costosas de implementar, pero a los hechos me remito, son irreversibles. Monte dos escenarios, en uno coloque a un operario con un atornillador clásico y en el segundo, a otro operario con un atornillador automático. Pregúntele a continuación a un tercero que herramienta elige para montar su propio armario.

— Ya se dice que las grandes plantas de fabricación de automóviles en pocos años se convertirán en cementerios y que se aproxima una fuerte reconversión industrial. ¿La Nertra crea puestos de trabajo o los destruye?

—Es un mal enfoque del problema. Nos hicimos los orejas con la digitalización, muy acelerada por la expansión fulgurante de internet y todavía pagamos el precio. Una cosa es ser usuario de internet, lo que equivale a ser importador neto de soluciones (productos y servicios), y otra ser creador de soluciones. Estamos a más de una generación de distancia (25 años) de los países líderes. Son distancias difíciles de remontar. Somos una potencia turística pero las habitaciones de nuestro fabuloso parque de hoteles, fabuloso de verdad, las venden un puñado de empresas de los Estados Unidos. Escribimos más correctamente el español por que el imperio nos proporciona la ingeniería lingüística incrustada en sus editores de texto, por ejemplo, el Word. Nadie quiere volver al bolígrafo. Nadie que esté en sus cabales. Nos desplazamos de un punto a otro, porque Google nos guía. Y esto y no otra cosa explica que Amazon y otras soluciones parecidas estén destruyendo nuestro tejido comercial. La explicación: hacernos los orejas. No somos tontos pero nos hacemos los orejas. Excuso decir lo que ocurrirá si la NERTRA organiza otra brecha. Las pasaremos canutas. Es algo muy serio, extremadamente serio.

—Pero el empleo es uno de los pilares de la sociedad actual. ¿Qué ocurrirá si la Nertra destruye puestos de trabajo?

—La Nertra no destruye, construye. Crea nuevos fondos de comercio, antes inexistentes. El cambio tecnológico convierte en obsolescentes nuestra soluciones de movilidad, se autodestruyen ellas solas, y poco sentido tiene defender lo indefendible. Nuestro poder es limitado. ¿Nos es dado, acaso, resucitar muertos? Al final del camino de una conducta reactiva al cambio, hay un siniestro. Hacernos los orejas es lo único que es destructivo. Lo único que encontraremos al final de camino, si optamos por una conducta reactiva, es tierra quemada.

—¿Qué le pasará a la industria de automoción, entonces, desaparecerá?

—Le pasará lo que ella quiera que le pase. Ha estado en reconversión desde sus inicios. Todos los sectores industriales están en constante transformación. No se puede detener el tiempo. Las marcas automovilísticas han anunciado, sin excepciones, que fabricarán coches no tripulados. ¿Tenían otras alternativa? Se reconvertirán y punto. Todos estamos en continua reconversión y más nos vale.

—¿No le da pena?

—Algunas desaparecerán y otras no. Depende de ellas. La vida continúa. Los coches que hoy conocemos son auténticas maravillas desde el punto de vista tecnológico y lo digo convencido de lo que digo. Tienen, sin embargo cuatro problemas: hay muchos, no son funcionales, su propulsión es altamente contaminante y se han comido las ciudades. El coche sirve de igual modo para un pasajero que para cinco, para una bolsa de la compra que para veinte, para recorrer un kilómetro que para recorrer mil y su potencia o velocidad es un vector irrelevante para acortar las distancias. La velocidad no es un vector de interés en las ciudades y sus áreas metropolitanas. El coche representa un modelo de movilidad que ha colapsado, precisamente, por su excepcional éxito. Salimos, en Occidente, a dos motores de explosión por persona (población activa).

—¿Se avecina un nuevo ciclo industrial?

—Ya hemos entrado en él. En el nuevo ciclo el protagonismo le corresponderá a la industria de equipos y componentes, y España es muy fuerte en dicho segmento, que ya representan el 75% del coste de un automóvil. El otro 25% lo absorbe el ensamblaje y las ventas. Entramos en el ciclo de la máquina herramienta que fabrica más máquinas herramientas. La industria automovilística convencional sobrevivirá fabricando coches para distancias superiores a los cien kilómetros (no tripulados), siempre y cuando haga sus deberes. Aparecerán nuevos competidores procedentes de otros sectores. El caso Tesla es el primer aviso y hay muchos más en camino. Tesla, que fabrica 30.000 coches al año, vale diez veces más (en bolsa) que General Motors que fabrica dos millones. La razón: Tesla atesora futuro.

—¿Desaparecerán los coches de las ciudades?

—Por supuesto. Las ciudades cambiarán radicalmente y en muy pocos años. El bus estará a la puerta de casa, habrá líneas regulares y bajo demanda. Sobre la ciudad de León, no habrá, en ningún caso, más de tres mil vehículos circulando simultáneamente. Serán eléctricos, sin ruido, sin vibraciones, no tripulados y sin contaminar. El espacio para los vecinos, para la población, para los peatones, se multiplicará por tres. El patrón de movilidad será «a todos los lugares a todas las horas». Iremos al pueblo en nuevos microbuses, los cogeremos a la puerta de casa y nos dejarán en la puerta de la casa del pueblo. La movilidad serán universal, para niños, jóvenes, adultos y mayores. Nadie estará aislado en ninguna calle ni en ningún pueblo. Cuesta creerlo pero será así. Habrá autobuses de 10, 20 y 30 plazas, no más. Muy confortables y conectados. No habrá conductores pero llevarán operadores para atender al pasaje. El reparto cambiará radicalmente y nos acostumbraremos a ver preciosos contenedores autopropulsados, interactivos (comunicación publicitaria e información), inteligentes, no tripulados, con un operador sentado en un lateral para repartir la carga. Cuando entra o sale la mercancía del contenedor dispara distintos procedimientos en distintas bases de datos, automáticamente. Habrá una tutela efectiva del tráfico desde un centro de control. Se persigue, lo perseguimos todos, el éxito social y personal y todo ello pasa por cambiar nuestro patrón de movilidad para mejorar nuestra calidad de vida. Podemos ir de León a Madrid, lo repito insistentemente, en dos horas y recorrer 300 kilómetros y tardar otra hora en recorre diez kilómetros de Chamartín a Sol. El gran beneficiario de la Nertra son las distancias, micro, pequeñas y medias.

—¿Quién fabricará esos vehículos?

—Esa es otra parte sabrosa de la Nertra, del nuevo ciclo industrial. Se fabricarán en los alrededores de la ciudad. Y como son vehículos que nunca se cansan, la rotación será alta (trabajan 24 horas y siete días). La tasa de reposición será muy alta. Darán trabajo a mucha gente y de aquí. Un coche diesel optimizado se repone cada cuatro años. Los nuevos vehículos se repondrán cada dos o tres años. Quizá no totalmente, pero si en sus partes y componentes. Además asistiremos a la explosión de la aviación ligera en vuelos de baja cota, no tripulados, en misiones de transporte de mercancías y pasajeros, que se fabricarán, asimismo, en los alrededores. Las ciudades utilizarán sus buses para personalizar su identidad y aparecerán numerosos ensambladores de soluciones. Y para que todo eso ocurra hay que hacer muchos deberes.

—¿Los leoneses y los españoles haremos nuestros deberes?

—Más nos vale. Y no dudo, no descarto, que segmentos enteros de la población, ciudades o provincias, incluso regiones, se hagan los orejas o nos hagamos los orejas. La Nertra pondrá a prueba nuestras capacidades. Lo que es indubitable es que el cambio tecnológico se producirá, ya se está produciendo y está por decidir si los españoles o los leoneses, seremos parte activa del cambio o su contrario, agentes pasivos e importadores netos de soluciones Nertra. La diferencia entre una y otra opción, si hablamos de León, son decenas de miles de puestos de trabajo. Si hablamos de España, la diferencia se cuenta por millones. La diferencia está entre vivir en la tierra que nos vio nacer y a lo que tenemos derecho o hacer las maletas. Hacerse los orejas tendrá un precio altísimo y nos faltarán días y tiempo para arrepentirnos de nuestros malos pasos.

 

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