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la solución estaba en un hongo

E n las vides también se desarrolla un auténtico Juego de Tronos, donde hongos ‘buenos’ como la trichoderma defienden su castillo contra los organismos dañinos. Este agente biológico centra la investigación de un grupo de la Universidad, ya que podría atajar la ruina que afecta al 15% de estas plantas. la investigación aporta una solución natural a las plagas de hongos que afectan a 1.600 hectáreas de cepas en la comunidad La trichoderma ‘deja en el sitio’ a los patógenos de la vid y activa los genes de defensa de la planta

P. INFIESTA | LEÓN
19/07/2016

 

Apenas mide unos milímetros, pero desarrolla una fuerza casi sobrenatural para detener a los patógenos que atacan a los viñedos. En el combate a muerte que se desarrolla sobre estas plantas, la trichoderma gana una y otra vez la pelea contra las huestes que intentan colonizar las vides para pudrirlas. De ahí que este hongo ‘bueno’ constituya el mejor escudo protector de las cepas y pueda aportar soluciones para obtener frutos sanos. Saber cómo utilizar este organismo vegetal en beneficio del sector vitivinícola, conocer sus bondades, cómo se comporta y sus posibles aplicaciones, centra la investigación que inició en 2009 un equipo de la Escuela Superior y Técnica de Ingeniería Agraria de la Universidad leonesa, liderado por Pedro Antonio Casquero. Ya han descubierto que la trichoderma, que adquiere tonalidades del blanco al amarillo e incluso al verde oscuro, puede resultar muy agresiva contra los causantes de las enfermedades de las vides realizando algo tan sencillo como aumentar de tamaño y engullir tanta comida como le es posible, lo que acaba por dejar sin reservas a sus oponentes y les impide desarrollarse. Literalmente «les deja en el sitio». Su utilización tendría «un gran impacto en León y en la comunidad, donde funcionan 530 bodegas, porque la Unión Europea está retirando cada año un mayor número de fungicidas químicos, y éste es un agente biológico natural que resulta muy eficaz contra los patógenos», explica.

El estudio arrancó hace siete años al comprobar que existían cepas en las áreas de Tierras de León y Toro que después de estar afectados por hongos que atacaban su madera se recuperaban por sí mismas. «Empezamos a tratar de dar una explicación a ese fenómeno y recogimos muestras para determinar qué hongos estaban implicados en el proceso, además de leer qué habían hecho en otros países como Austria y Sudáfrica para solucionar esos problemas», señala Casquero. Su grupo, de agricultura sostenible, buscaba resolver los ataques a los viñedos, que arruinan el 15% de las plantas, de un forma natural. Por eso el descubrimiento de la fortaleza de la trichoderma les convenció, al «no ofrecer peligro para la cepa y ser capaz de segregar antibióticos y metabolitos al medio», matiza.

En el laboratorio de la facultad de Agrícolas, donde colaboran Santiago Gutiérrez, Guzmán carro, Oscar González, Álvaro Rodríguez, Sara Mayo, Laura Lindo y Paulo Henrique Da Silva, han observado que los hongos ‘malos’, de colores del marrón al beig, afectan al sistema vascular de las plantas, cercenando su toma de nutrientes y secándolas. En cambio, su aliado, la trichoderma, en sólo siete días puede bloquearlos. Además, si es inoculada, se reproduce cada año, activa los genes de defensa de la planta y actúa como una vacuna. Los investigadores han realizado 110 aislamientos de tipos de trichoderma extraidos de distintos cultivos de la provincia de León para discernir la más eficaz en cada zona. También recogen muestras de patógenos a los que efectúan pruebas de virulencia, y luego enfrentan en un ‘ring’ a buenos y malos para observar cómo combaten. El objetivo es obtener una pasta o unos polvos con los que rociar las vides para defenderlas.

El proyecto, denominado Control biológico de las enfermedades de la madera de la vid: un reto en la sostenibilidad del sector vitivinícola en Castilla y León, es uno de los tres seleccionados por el jurado del premio de investigación del Consejo Económico y Social de la comunidad (CES), que reconoce los trabajos inéditos y de carácter innovador en los ámbitos económico, social y laboral. El grupo que dirige Casquero, en el que también colaboran profesores, investigadores y doctorales de 23 a 50 años de edad de Salamanca y el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), utiliza SPSS, uno de los programas estadísticos más conocidos por su capacidad para trabajar con grandes bases de datos y un sencillo interface para la mayoría de los análisis. De hecho se pueden realizar análisis con 2 millones de registros y 250.000 variables. También aplican la tecnología a sus investigaciones en el laboratorio y el campo, donde acuden con tablets y GPS para geoposicionar las muestras y recoger las identificaciones moleculares con la denominada reacción en cadena de la polimerasa.

El estudio aborda la problemática que presentan los viñedos autonómicos debido a los hongos que afectan a la madera de vid, que actualmente carece de una solución eficaz con más de 1.600 hectáreas afectadas repartidas por las nueve provincias. Las enfermedades de la madera de la vid están consideradas como la plaga de la filoxera del siglo XXI que diezmó las cosechas por su virulencia, según los expertos. Evitarlo es el gran reto de este grupo de investigación, sobre todo, porque el vino es una de las banderas del sector agroalimentario de Castilla y León con singularidades que se reflejan en denominaciones de origen líderes a nivel mundial. Con exportaciones que superan los 134 millones de euros, es también un sector estratégico que representa el 29,2% en cifra neta de negocios y emerge como el principal motor económico de la autonomía, en número de personas que ocupa y horas trabajadas. Además, Casquero entiende que en el ámbito económico, los viñedos poseen una gran implicación socio-laboral al actuar como fijadores de población en el medio rural. «El proyecto fomenta la sostenibilidad del sector agrario en comunión con las políticas medioambientales de la Unión Europea, con un fuerte impacto en la comunidad rural, ya que más del 90% de los municipios disponen de una población inferior a los 2.000 habitantes», indica. La investigación se viene desarrollando en colaboración con la Universidad, la Junta y las empresas vitivinícolas. El investigador más joven del grupo, Guzmán Carro, recuerda que «las normativas europeas de política medioambiental, cada año retiran del mercado un mayor número de productos fitosanitarios. Esto conlleva una indefensión de los agricultores frente a plagas y enfermedades en el campo, e incita a la búsqueda de nuevas soluciones sostenibles, ecológicas y respetuosas con el medio ambiente; requisitos que cumplen los agentes de control biológico como la trichoderma». Este organismo está presente en la raíz de las cepas. Es un simbionte no virulento con la planta y antagonista de muchos hongos que aportan enfermedades, con lo que protege a la planta. Según aseguran, el uso de trichoderma en la agricultura tiene numerosas ventajas: coloniza el entorno de la raíz de las plantas, se establece rápidamente en la comunidad microbiológica que hay en ella, controlando a los patógenos, a la vez que estimula el crecimiento de la raíz y fortalece a la planta. Para implementar esta solución, se apoyan en las infraestructuras y recursos del GUIAS (Universidad de León), el Itacyl, que proporciona solvencia desde el punto de vista del apoyo logístico para garantizar el vínculo con los agricultores y la interrelación e intercambio con otros organismos nacionales e internacionales para la difusión del proyecto. Varios empresarios vitivinícolas participan activamente prestando sus viñedos para el aislamiento de trichoderma de campo. Poder usarla como vacuna beneficiaría a las 75.000 hectáreas de viñedo plantadas en la comunidad, que trabajan 15.749 viticultores. El medio millar de bodegas generan 3.446 puestos de trabajo directos, con una producción media de 200 millones de litros al año.

 

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