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tecnología. hasta en las cocinas

Las nuevas impresoras 3D ya han comenzado a imprimir incluso menús sin gluten. L as impresoras 3D han entrado en las cocinas de grandes restaurantes. En un futuro, puede que se conviertan en un electrodoméstico más, aunque por su coste sea todavía un producto para unos pocos.

 

Impresora 3D presentada en la conferencia «Europa Central Móvil» de Varsovia. - PAWEL SUPERNAK

dl| redacción
17/01/2017

Imprimir comida, incluso menús sin gluten y con un control exhaustivo de los ingredientes, por lo que pronto se ganarán un lugar en las cocinas, entre la cafetera y la tostadora. Así lo augura el nutricionista Alex Vidal, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que destaca que esta nueva tecnología, además de emplearse para imprimir piezas en el sector industrial, fabricar prótesis para la medicina o elaborar las figuras más diversas de decoración, también están entrando en la cocina.

Según Vidal, de momento las impresoras 3D han entrado en las cocinas de grandes restaurantes y servicios de comida, pero en un futuro próximo, aspiran a convertirse en un electrodoméstico más con fines gastronómicos. «Con esta nueva herramienta puedes diseñar elementos, volúmenes y texturas para dar una vuelta más a las diferentes propuestas y los platos que hacen grandes restauradores», asegura Vidal.

En un estudio realizado en octubre, la consultora Gartner auguraba que en 2016 se venderían más de 455.000 unidades de impresoras 3D, una cifra que de cara al 2020 se incrementará, según los cálculos de la consultora, hasta exceder los 6,7 millones de unidades.

Aunque todavía no están implantadas entre el consumidor final, Vidal ve ventajas en el caso de alergias e intolerancias alimentarias. «Cuando haya algo que se tenga que controlar mucho, como puede ser una alergia alimentaria o una intolerancia al gluten, puede ser útil. Puede ayudar a esquivar algún nutriente», afirma el nutricionista.

Varias empresas se han interesado por la impresión 3D de comida. Una es Natural Machines, empresa emergente con sede en Barcelona que comercializa la Foodini, una máquina que funciona con cápsulas e imprime una gran variedad de alimentos, tanto dulces como salados.

En el extranjero, otras compañías también se han lanzado a trabajar esta técnica, como 3D Systems, que ha ideado la Chefjet y la Chefjet Pro y ha impulsado el 3D Culinary Lab para estimular la innovación gastronómica; la compañía ORD Solutions, que ha impulsado la RoVaPaste Hybrid Food 3D Printer; o la empresa Systems and Materials Research, que prepara un modelo que pueda nutrir de manera sana a los astronautas.

Vidal lamenta que, aunque pueda ser útil para determinados grupos de personas, por el momento esta tecnología «no es accesible para todos» entre otras cosas por su precio, «que supera en muchos casos los 1.000 euros». Por ello, hasta ahora sólo se han introducido en la restauración y principalmente en establecimientos innovadores y de cierto nivel.

La mayoría de impresoras 3D de comida funcionan de manera similar a una manga pastelera: van añadiendo capas y capas de comida y es habitual que se empleen con ingredientes cremosos y no duros, como chocolate, crema de queso, pasta, helado, mermelada, mostaza o crema de cacahuete. Vila puntualiza que todavía no se puede imprimir con todo tipo de ingredientes. «Este es un reto».