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HORROR EN EL CONO SUR

Condenado un padre que violó a su hija durante 20 años en Argentina

Daniel Bulacio, el 'monstruo de Villa Balnearia', obligó a la joven a tener 8 hijos tras un primer parto a los 14

 

Dos policías argentinos, en una imagen de archivo. - / REUTERS / ENRIQUE MARCARIAN

EL PERIÓDICO
29/12/2017

A Daniel Bulacio se le conocía como Vernacho, pero ya nadie lo llama así. Es, para muchos, “el monstruo de Termas de Río Hondo”. A casi 1.200 kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires, Bulacio se dedicó sistemáticamente a violar a su hija. Durante 20 años la obligó a tener ocho hijos. El caso, estremecedor, tuvo, para la provincia argentina de Santiago del Estero, una resolución judicial modesta: el violador fue apenas condenado a 12 años y ocho meses de prisión.

La sentencia fue calificada incluso de escandalosa en un país donde se denuncian cuatro episodios de violación diarios, una cifra que se considera excesivamente modesta en relación a lo que realmente sucede. El caso guarda relación con otro perpetrado en Austria por el ingeniero Josef Fritzl, quien secuestró a su hija en un sótano durante casi 25 años, y la sometió a un sinfín de horrores y vejaciones sexuales. Fritzl tuvo siete hijos con ella.

Bulacio fue apresado después de que su hija Antonia lo denunciara. No lo hizo por lo que había padecido largamente. Ella tuvo la sospecha de que su padre también había abusado de uno de sus nietos, y por eso se presentó ante un grupo de médicos comunitarios de Termas de Río Hondo. Bulacio huyó y se mantuvo 45 días prófugo, hasta que lo apresaron. El “monstruo de Villa Balnearia”, como lo apodaron a su vez en la cárcel, estuvo dos años en prisión hasta recibir su condena. La escuchó con cierta indiferencia y rasgos de altivez.

El abandono de su madre
El infierno de Antonia Bulacio se remonta a 1992. Por entonces tenía 7 años. “Ese año mi madre me abandonó diciéndome ‘arréglate como puedas'”, le dijo al diario santiagueño 'El Liberal'. Dos años más tarde, su padre comenzó a vejarla sexualmente. No solo corrompió un cuerpo de niña. También la marginó de todos sus derechos: “No me mandó a la escuela, no podía tener amigos, jamás me llevaron a una plaza o me regalaron unas zapatillas nuevas”. A los 14 tuvo su primer parto. Antonia tardó muchos años en saber que algo horrible le sucedía. “Él era mi padre. No sabía qué era, pero sé que no me gustaba; igual, él me pegaba”.

Frente al tribunal, los psicólogos coincidieron en describir un panorama espeluznante: los niños también habían sido sometidos al analfabetismo, la desnutrición, el incesto, la precariedad y la sumisión absoluta. En las instancias finales del juicio, seis de esos ocho chicos estuvieron durante algunos meses alojados en el Hogar Escuela Eva Perón de esa provincia, una de las más pobres de Argentina. Ahora viven de nuevo con su madre en una chabola levantada a algunos kilómetros de Las Termas de Río Hondo. “Yo no era la única que tuvo que pasar por este infierno. Hay parientes de él que hacen lo mismo con sus hermanas e hijas”, dijo.

   
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