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Obama se despide y dice que no se callará si Trump vulnera derechos

El presidente repasa su mandato y recuerda que el resultado electoral «no es el fin del mundo».

 

El presidente de EE UU, Barack Obama, habla durante su última conferencia de prensa. ERIK L.S. -

19/01/2017

mercedes gallego | data

En los últimos días de gobierno, los emails a la Casa Blanca se quedan sin respuesta. Al otro lado del teléfono se oyen voces desganadas. Los más de 5.000 empleados que se marcharán hoy con Barack Obama actúan como si su trabajo ya hubiera acabado. Muchos creen que cuando hoy apaguen la luz y cierren la puerta se acabará el mundo, pero Obama dijo haber enseñado a sus hijas que «el fin del mundo es el fin del mundo», y mientras no llegue «te sacudes, te levantas y te pones de nuevo a trabajar. En el fondo estoy convencido de que EE UU estará bien».

Admitió también que «queda mucho trabajo por hacer». No es que tenga planes de reciclarse políticamente, por ahora va a quedarse «callado un rato», pero en esta su última vez con el micrófono de presidente en la mano tenía algunas reflexiones personales y políticas para el hombre que viene, a quien advirtió de que tomará la palabra «si vulnera los derechos de América».

«Llegué a esta oficina decidido a facilitar las negociaciones de paz entre Israel y Palestina», recordó, «pero al final ha quedado claro que no podemos forzar a las partes para acordar la paz». Eso es lo que han descubierto todos los presidentes estadounidenses que le precedieron. Donald Trump no es una excepción, llega entusiasmado con la idea de que él pueda conseguir algo que nadie más ha logrado, pero su idea de trasladar la Embajada de EE UU de Tel Aviv a Jerusalén es cuando menos inquietante. «Si vas a hacer grandes cambios políticos, asegúrate de que lo piensas bien», le advirtió Obama. «Puede ser explosivo».

En estos días en los que asume con normalidad una transferencia de poder que muchos consideran apocalíptica se encuentra a menudo con quienes intentan que se quite la máscara y cuente «de verdad cómo se siente». La verdad, insistió, es que «creo en este país y en el pueblo americano», dijo. «Creo que hay más gente buena que mala. Creo que existe el mal en el mundo, que ocurren cosas trágicas, pero si al final del día trabajamos duro y somos fieles a lo que pensamos, las cosas buenas ocurren».

Así se despedía el candidato de la esperanza al que en esa campaña de 2008 se bautizó como ‘No drama, Obama’. Le dio la última pregunta de su presidencia a la periodista de ‘Los Angeles Times’ Christi Parsons, porque «la conozco desde que era un senador estatal en Springfield Illinois», dijo nostálgico, y ella apuntó directamente al corazón: sus hijas. Dos criaturas que han crecido en la Casa Blanca frente al ojo público y que «me sorprenden y me impresionan más a medida que crecen. Hablamos mucho estos días», concedió. «Estaban decepcionadas (con el resultado electoral) porque pusieron atención a lo que su madre decía durante la campaña y se lo creyeron, pero lo que más enorgullece es que no han caído en el cinismo, no se lo toman como que automáticamente supone un rechazo a sus valores».

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