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EL RELEVO EN LA CASA BLANCA

Obama se va, llega Trump

El 20 de enero, cuando Donald Trump jure su cargo en la escalinata del Capitolio, se coronará una de las más extraordinarias transiciones que ha vivido Estados Unidos. Más allá de los drásticos cambios que se han empezado ya a palpar en Washington, las dos familias arrancarán nuevas vidas con el intercambio de las llaves de la Casa Blanca

IDOYA NOAIN
08/01/2017

 

OBAMA DICE ADIÓS

Dormir, recuperar el sueño perdido, y llevar a mi esposa en unas bonitas vacaciones. Y me ha dejado claro que más vale que sean bonitas". Hace unos días el 44° presidente de Estados Unidos planteaba así en una entrevista sus planes inmediatos a partir del 21 de enero, el primer día completo en que ya será el expresidente y Michelle Obama, la exprimera dama. Pero ese reposo, el "estar tranquilo por un tiempo" del que el mandatario demócrata hablaba en la entrevista, el "volver a conectar con tu centro y procesar lo que ha pasado antes de tomar un puñado de decisiones buenas", se puede anticipar como el descanso del guerrero.

CASA EN KALORAMA

Los Obama van a hacer lo que ninguna otra familia presidencial desde la de Woodrow Wilson en 1921 y se quedan en Washington. Literalmente. Mientras esperan a que su hija menor,Sasha, de 15 años, termine los estudios en el instituto privado cuáquero Sidwell Friends (donde se graduó el pasado verano su hermana Malia y por el que han pasado otros adolescentes de apellidos presidenciales como Roosevelt, Nixon o Clinton) han alquilado una casa en el barrio de Kalorama, en el noroeste de la capital, 761 metros cuadrados con nueve habitaciones y ocho baños y medio a los que adaptarse tras la vida en una mansión de 132 cuartos.

No estará con ellos Malia, que disfruta de un 'año puente' antes de empezar en otoño los estudios en Harvard, la misma universidad por la que pasaron sus padres. Tampoco se mudará Marian Robinson, la abuela materna de las niñas, que ha residido los últimos ocho años con la primera familia en la Casa Blanca. Pero habrá ecos de su tiempo en el 1600 de Pensilvania Avenue, incluyendo la protección de agentes del servicio secreto de la que disfrutarán de por vida (aunque en 1994 se limitó por ley el periodo de protección a solo una década, Obama reinstauró la condición vitalicia en el 2013).

193.729 EUROS ANUALES

Los Obama se quedan en Washington también para trabajar. Aunque la sede de la Fundación Obama se mantiene en Chicago–la ciudad donde conservan la casa, en el barrio de Kenwood, en la que vivieron antes de convertirse en la primera familia de EEUU y donde se construirá el museo y biblioteca Obama Center–, el presidente ha alquilado una oficina en un edificio del World Wild Fund en la calle 24, a medio camino entre su nueva residencia y la que están a punto de abandonar.

El gasto de ese espacio correrá a cuenta del Gobierno federal, que más allá de la pensión anual de 205.000 dólares (193.729 euros) que recibirá Obama, recoge en sus presupuestos una partida para otros gastos de los expresidentes, desde oficinas hasta atención médica, viajes o teléfono. En el año fiscal 2015, por ejemplo, al predecesor de Obama, George W. Bush, las arcas públicas le costearon gastos por cerca de 800.000 dólares.

Más allá de adaptarse a sus nuevos espacios físicos, los Obama tendrán también que amoldarse a sus nuevos papeles. Y ambos han dado señales de estar dispuestos a vivir no solo de los lucrativos contratos que se les auguran (se estima que las ofertas para libros podrían moverse entre los 20 y los 45 millones de dólares, así como de cientos de miles de dólares por cada discurso), y van a continuar trabajando por un legado que el viraje político dictado por las urnas el pasado 8 de noviembre pone en peligro.

Pese al respeto formal mostrado por Donald Trump en la transición (aunque ha habido públicas tensiones y críticas vertidas por el presidente electo en Twitter), Obama ha anunciado que romperá su silencio frente al hombre que le sucederá en el cargo "si hay temas que tienen menos que ver con los asuntos específicos de una propuesta o batalla legislativa o van a cuestiones nucleares sobre nuestros valores e ideales y si creo que es necesario o ayuda que yo defienda esos ideales". Y en un paso inusual (pero no sin precedentes) entre presidentes recientes, se ha involucrado ya en un esfuerzo político organizado por los demócratas para redibujar los distritos electorales en los próximos años intentando recuperar terreno perdido ante los rediseños que han podido hacer los republicanos.

JUSTICIA RACIAL

Tanto en su agenda como en la de Michelle Obama aparecen además como prioridades empeños que han puesto en marcha en sus años en la Casa Blanca. Y en muchos de ellos palpita un compromiso con la igualdad y la justicia racial que siempre ha estado latente en sus acciones pero, para descontento de algunos activistas negros, quizá demasiado latente y no suficientemente verbalizado. El presidente, por ejemplo, va a mantener el foco en My Brother's Keeper, una iniciativa emprendida en colaboración con el sector privado para ayudar a jóvenes negros. Y la primera dama, que ha aprovechado su papel para fomentar la lucha contra la obesidad, por la comida sana o para potenciar la educación, entrando de lleno en terrenos donde los más desfavorecidos en Estados Unidos son minorías, ha anunciado su compromiso después del 20 de enero con programas como Let's girls learn, un esfuerzo internacional centrado en el acceso de niñas a la educación, o la Alianza para una América más sana.

En la Casa Blanca que traspasan a los Trump quedarán los recuerdos de una familia que se ha esforzado por ser, pese a las circunstancias, precisamente eso, una familia, marcándose como meta cenar juntos cinco días por semana, religiosamente a las 18.30 horas, sin perderse una reunión de padres de alumnos, con el presidente dedicando tiempo a entrenar el equipo de baloncesto escolar o a leer las siete entregas de 'Harry Potter' con Malia.

Quedarán los recuerdos de un mandatario que ha apostado por la diversidad en su personal (el periodista y escritor Ta-Nehisi Coates, en una visita reciente, conoció a una recepcionista sorda, una mujer negra de la oficina de prensa, una musulmana con pañuelo en la cabeza del Consejo de Seguridad Nacional y a una iraní-estadounidense que es una de las asistentes personales del presidente). Y sus paredes guardarán los ecos de conciertos de hip hop, las sombras de los bailes...

LA LECCIÓN DEL HUERTO

También quedará la huella física de los Obama y en ningún lugar será más visible y duradera que en el jardín, donde la primera dama puso en marcha un huerto que se ha convertido ya en permanente y cuya última ampliación, financiada con 2,5 millones de dólares de fondos privados, se presentó el pasado octubre. Es, como tantas otras cosas que quedan de la primera Casa Blanca negra, algo más que un símbolo.

Y tiene el espíritu del que habló Michelle Obama cuando lo inauguró en el 2009: "Este jardín nos ha enseñado que si tenemos el coraje de plantar una semilla, simplemente de ser lo suficientemente valientes para plantarla, y luego la cuidamos, la regamos, invitamos a amigos a que nos ayuden, sorteamos las tormentas que inevitablemente llegarán, no sabemos qué puede crecer...". Para concluir: "Eso me ha enseñado este huerto: a no tener miedo en esos esfuerzos, intentar cosas nuevas, no tener miedo de fracasar".

 
DONALD TRUMP

LLEGA EL 45º PRESIDENTE DE EEUU

Cuando aún era solo un candidato, no respaldado por ni un solo voto en caucus y primarias republicanas, Donald Trump llamó a David Axelrod, que había sido uno de los principales asesores de Barack Obama, y le trasladó la oferta de construir en la Casa Blanca un gran salón "de al menos 100 milllones de dólares". Lo contó el propio Trump en su último mitin antes de que empezaran las votaciones en Iowa, y lo hizo razonándolo con la lógica y el estilo a los que, casi un año después, es forzoso estar acostumbrado. "Cada vez que viene la gente 'top' de China... colocan una carpa en la Casa Blanca. Siempre ponen carpas en los jardines. En primer lugar, no es bueno en seguridad. En segundo lugar, la persona propietaria de las carpas está haciendo una fortuna. Tendremos un gran salón en la Casa Blanca", dijo. Y añadió: "Conseguiremos a la mejor gente, lo mejor de todo, y tendremos el mejor salón. Lo pondremos en algún lugar en que funcione magníficamente, en contexto”.

 
MOVIMIENTO SÍSMICO

De aquella propuesta no ha vuelto a haber noticias. Y los cambios que pueden llegar a la Casa Blanca dentro de 12 días, cuando el magnate inmobiliario cruce las puertas del 1600 de Pensilvania Avenue ya convertido en presidente de Estados Unidos, van mucho más allá de posibles construcciones, remodelaciones o decoración. Aunque esas también sean posibles.

El giro en la mansión que orgullosamente se ofrece como "la casa del pueblo", pero que a lo largo de la historia también se ha conocido como el "palacio presidencial", se anticipa tan radical como el extremo viraje político que han decidido las urnas, un movimiento sísmico como no se veía desde que en 1981 los Reagan dieron el relevo a los Carter. Trump ha dado pistas de que podría acabar con los 'briefings' de inteligencia y la rueda de prensa de su portavoz diarios y ha sugerido que reforzará la protección del Servicio Secreto con agentes de seguridad privada. Pero, además, su Casa Blanca puede ser muy distinta a la actual no solo en el Ala Oeste, sino también en la residencia ejecutiva y en el ala Este.

AIRE A LAS VELAS

El esquema tradicional de primera familia no va a repetirse, al menos por ahora, con los Trump. La tercera esposa del septuagenario nuevo presidente, Melania Trump, ha decidido quedarse en Nueva York y no instalarse en la residencia oficial por lo menos hasta que Barron, el menor de los cinco hijos de Trump y el único que ha tenido con la exmodelo eslovena, hace 10 años, acabe el curso en su escuela privada del Upper West Side (donde la matrícula cuesta 40.000 dólares al año).

En las últimas décadas otras primeras damas con hijos en edad escolar, incluyendo Michelle Obama, barajaron también postergar su traslado a la capital, pero acabaron inclinándose por acompañar a sus maridos. Y esa convivencia tiene según algunos expertos un peso más que simbólico. Sin su esposa y su hijo pequeño. Trump "puede acabar perdiéndose los pequeños toques y las pequeñas fuentes de buenas noticias que pueden impulsar a un presidente", según explicaba en 'The Washington Post' Gil Troy, un historiador de la Universidad McGill, que apuntando a la presidencia de EEUU como uno de los trabajos más solitarios del mundo, opinaba también que "tener a la esposa alrededor puede normalizar mucho las cosas. La primera dama puede dar un poco de aire a las velas de un presidente".

No mudarse no significa que Melania Trump no vaya a desempeñar funciones tradicionales de la primera dama, aunque ese sea un papel que no está definido en la Constitución estadounidense y que ha ido variando según quien llegara a la Casa Blanca. En su único mitin en campaña, tras el bochorno del discurso plagiado a Michelle Obama en la convención republicana, anunció que pretende luchar contra el 'bullying' (una causa que no es difícil encontrar paradójica dadas las insultantes explosiones de su marido, que promete seguir usando Twitter desde el Despacho Oval).

Y Anita McBride, que fue asesora del presidente George W. Bushy jefa de personal de Laura Bush, ha explicado también en el 'Post' que, en lo que respecta a actos ceremoniales, lo que está oyendo es que "cuando sea necesario y si lo es, la señora Trump puede trasladarse para participar en actos, pero también él tiene otros miembros de su familia que pueden apoyarla en esos deberes".

En ese apoyo hay precedentes. Jackie Kennedy solía viajar a menudo durante la presidencia de su marido, y eran la madre y las hermanas de JFK quienes asumían algunas de las funciones ceremoniales y Margaret Truman y Pat Nixon suplieron frecuentemente a sus madres. Pero son ejemplos que apunta a dejar pequeños Ivanka Trump.

VECINA DE OBAMA

Es la segunda hija del presidente, que estuvo mucho más activa y presente en la campaña que Melania y es una de las personas en quien más confía Trump, quien posiblemente desarrollará de facto el papel de primera dama. De momento, ya ha sido ella quien ha ayudado al presidente electo a gestionar encuentros con famosos defensores del medioambiente como Al Gore y Leonardo DiCaprio y quien ha estado presente en reuniones o conversaciones con líderes extranjeros como Shinzo Abe o Mauricio Macri.

Ella y su esposo, Jared Kushner, también íntimo asesor del magnate, han alquilado una casa en Washington donde se instalarán con sus tres hijos. Como los Obama, han elegido Kalorama, que se consolida como el barrio 'it' de la capital con esas llegadas y otras, como la de Wilbul Ross, el milmillonario elegido para la Secretaría de Comercio, que antes incluso de ser confirmado se ha comprado una mansión de 12 millones de dólares. Y se da por hecho que seráIvanka quien ocupe la oficina en el Ala Este reservada para la primera dama.

LA ÉTICA, A PRUEBA

Hay precedentes legales en los que el presidente electo podría escudarse para alejar los fantasmas de nepotismo, como una decisión judicial de 1993 que asegura que la ley de 1967 que trata de frenarlo solo afecta a cargos del Gabinete, no de la Casa Blanca. Pero con Ivanka y Kushner entre su 'staff', Trump pondrá de nuevo a prueba, si no la ley, la ética.

Las riendas de los negocios del magnate quedarán en manos de sus hijos Donald Jr. y Eric
Será otro reto a las costumbres de un presidente sin duda novedoso que, puesto a romper con las tradiciones, es el primero en décadas que no ha hecho públicas sus declaraciones de impuestos y que está salpicado por la sombra de serios conflictos de intereses, por más que haya asegurado, sin dar todos los detalles, que se desvinculará de su organización empresarial, que quedará en manos de sus hijos Donald Jr. y Eric.

El más que posible rol de Invanka, no obstante, puede representar un cambio bienvenido por muchos en la definición de un papel difuso. "Quizá Ivanka fuerce a una reconsideración de qué significa ser primera dama y quién debe ocupar esa posición", ha declarado, por ejemplo, Kate Andersen Brower, autora de dos libros sobre la vida en la Casa Blanca, que ha apostado porque ese papel (que no tiene salario, pero sí dispone de personal propio con financiación federal) vaya "a alguien que lo quiera y que reconozca la increíble responsabilidad y oportunidad que viene con el verdaderamente anticuado apodo, no alguien que hereda el título".

Lo que parece claro es que con la llegada de los Trump a la Casa Blanca se constata lo que ha dicho Katherine Jellison, historiadora de Ohio University y otra autoridad en primeras damas: "Estamos en un momento en que se rompen todos los moldes". Y también algo que ha señalado McBride, la exasesora de los Bush: "Como todo en estas elecciones, el manual se está reescribiendo cada día". Y si algo ha demostrado Trump es que es mejor no adelantarse a lo que se escribirá en esas páginas.

 

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