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Trump prepara su lista negra de ex altos cargos que le criticaron en la campaña

 

18/01/2017

m. gallego | nueva york

En agosto pasado medio centenar de ex altos cargos de gobiernos republicanos dieron el inusual paso de advertir al país que el candidato de su partido «carece del carácter, los valores y la experiencia necesarios para ser presidente» por lo que «podría poner en riesgo la seguridad nacional y el bienestar del país». De haber sabido que seis meses después Donald Trump va a ser investido presidente probablemente no lo hubieran hecho, particularmente tras comprobar que el nuevo mandatario es un personaje vengativo que encuentra tiempo en su apretada agenda para vengarse de sus enemigos.

Hace dos semanas una docena de miembros del Comité Central del Partido Republicanos en Ohio recibieron llamadas personales del nuevo presidente para convencerles de que votasen en contra del presidente del partido en el estado Matt Borges, a quien considera desleal. En su lugar proponía un nombre concreto, el de la fiscal Jane Timken, que a la tercera votación se convirtió en la nueva líder de la formación conservadora en Ohio con el argumento de que el presidente le cogerá el teléfono. Así es como Borges perdió su puesto la semana pasada, pese a presentar buenos resultados durante tres años y tener el apoyo del gobernador John Kasich, diana de los ataques de Trump. Kasick fue su rival en las primarias y se negó a acudir a la convención del partido que le coronó nominado. Trump no se lo perdona, ni a él ni a los suyos, sobre todo porque ningún republicano ha ganado nunca la Casa Blanca sin Ohio.

El magnate tiene la vista puesta en la reelección y no quiere dejar en pie a nadie que pueda ponerla en peligro. Su cálculo es estar ocho años en la Casa Blanca, el máximo permitido en la Constitución. En Washington muchos han notado ya que han sido relegados al ostracismo. Aquellos a los que les ha dejado de sonar el teléfono han podido rastrear sus lazos en común a la carta que firmaron este verano para decir públicamente que no votarían por Trump. En su contraataque rabioso, Trump les acusó de ser quienes han hecho del mundo «un lugar más peligroso».