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La crisis rescata al butanero

La demanda de bombonas aumenta más de un 13% en el último año, estimulada por su comparación con el resto de combustibles y la merma de recursos en los hogares.

 

Juan Antonio Revilla, al pie del camión con el que reparte bombonas por León y el alfoz. - ramiro

álvaro caballero | león
11/12/2013

Hay testigos casi cada dos puertas en la calle principal de Trobajo del Cerecedo. Pequeñas, rechonchas y naranjas avisan de que en esa casa hay que parar. Por si acaso, Juan Antonio Revilla pita dos veces y, cuando ya se acerca al timbre, sale de dentro Marucha, abrigada con la bata. «¿Dos, verdad?», pregunta el butanero. «Sí porque vienes cada 15 días me han dicho», le contesta la paisana. «Hasta que no me eche una novia guapa por aquí no vengo todas las semanas», vacila el repartidor.

A este ritmo, quizá no le haga falta. La crisis ha hecho que el consumo de bombonas de butano se haya disparado un 13% en el último año. Un lote de 160.754 unidades hasta noviembre, 18.461 más que en los once primeros meses del 2012. «Y serán más, llegarán a 30.000 de diferencia al final de diciembre», avisa Ignacio Vázquez Muñoz, uno de los encargados de Butano y Carbónicas S.L., una de las distribuidoras mayoritarias en la provincia, «desde Vega de Espinareda hasta Sahagún». Una empresa que desde junio, debido al cierre de una competidora y el auge de la demanda, ha sumado 9 trabajadores a su nómina y ha experimentado «una avalancha de nuevos contratos de alta». «La gente no tiene dinero para pagar facturas de 200 euros de calefacción», resume, agarrado a los 17,50 euros por unidad de las bombonas de 12,5 kilos.

La bombona que alimenta «las estufinas de las casas», al calor de la cual se ha revitalizado un negocio que antes de la crisis caía a un ritmo de más de un 6% anual acuciado por el gas natural, el gasóleo y las instalaciones eléctricas. Las catalíticas cuyas ventas abundan en pequeñas tiendas y grandes almacenes. «En León hay un salto térmico muy grande de la mañana a la tarde. Cada vez que salta la caldera se dispara el consumo, así que la gente prefiere dejarla al mínimo y, cuando llega a casa, poner la estufa en el salón y las habitaciones para que suba rápido 10 grados la temperatura», explica Vázquez.

Para la estufa, pero también «para cocinar o para calentar el agua». «Cada vez nos agarraremos más a esto, porque cada vez seremos más pobres», resume María, otra de las vecinas que sale a por la bombona en Trobajo del Cerecedo.

Pero no sólo en las pedanías se justifica el aumento del consumo. Ahora, más aun con el desplome del mercurio de las últimas semanas, se suceden los camiones de reparto por la ciudad. Donde más ha crecido la demanda de bombonas de butano. Casa a casa o en las gasolineras, donde día sí y día no «hay que reponer», como señala Juan Antonio Revilla. Un callejero de reparto con abundantes estaciones de parada en «el Crucero y San Mamés». «Casas antiguas y sin un buen aislamiento en las que se escapa el calor por todos los lados», razona Vázquez, quien no encasilla los consumidores sólo en «jubilados», sino que extiende el aumento de la demanda también entre «estudiantes e inmigrantes». «Hay de todo», subraya.

Sí. Un testigo en cada puerta. Pequeña, naranja y rechoncha. La bombona que vuelve. Cada vez con más frecuencia, sin necesidad de que Juan se eche novia.